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Contrario a la noción general, el estrés no siempre aumenta nuestra capacidad para predecir nuevos peligros y adaptarnos a fuentes de amenaza. Esto ha descubierto un grupo de investigadores de la Universidad de Nueva York encabezado por Candace Raio.

De hecho, de acuerdo con los hallazgos publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, el estrés disminuye nuestra habilidad para advertir peligros ya que “prestamos menos atención a los cambios en el medio ambiente, poniéndonos en mayor riesgo potencial de ignorar nuevas fuentes de amenaza”.

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Recordemos que, si bien el aprendizaje para predecir las amenazas en nuestro entorno es fundamental para la supervivencia, es igualmente importante ser flexible para controlar nuestras respuestas ante dichas amenazas cuando nuevas fuentes de cambio surgen en el entorno. Esta capacidad la necesitaríamos si vamos conduciendo y un coche se pasa la señal de alto en dirección nuestra, por ejemplo.

el estrés puede reducir la flexibilidad de nuestras respuestas a situaciones de peligro al afectar la forma en que rastreamos y actualizamos predicciones

Para probar este hallazgo, los investigadores realizaron una serie de experimentos centrados en el “condicionamiento amenazador de Pavlov”. Aquí, los sujetos visualizaron imágenes en una pantalla, algunas se combinaron con un leve choque eléctrico en la muñeca que sirvió de “señal de amenaza” mientras que otras imágenes se quedaron sin ser emparejadas, una “señal segura”.

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Al día siguiente, la mitad de los participantes se sometieron a un procedimiento de laboratorio diseñado para inducir el estrés sumergieno el brazo en un baño de hielo-agua durante unos minutos, lo que elevó dos conocidas hormonas del estrés: alfa-amilasa y cortisol. Más tarde, todos los sujetos del estudio repitieron el procedimiento; sin embargo, esta vez los resultados de la señal cambiaron: la señal de amenaza inicial ya no predijo el choque, sino la señal segura.

Mientras los sujetos veían las imágenes, los científicos recolectaron respuestas de excitación fisiológica para medir cómo los individuos anticipaban el resultado de cada señal.

En el segundo día del experimento, resultó ser menos probable que el grupo de estrés cambiara sus respuestas a las amenazas (las visuales anteriormente seguras que ahora estaban emparejadas con los choques), una indicación de que el estrés perjudicó su capacidad para ser flexible en la detección de nuevas amenazas.

Grosso modo, los participantes mostraron una respuesta fisiológica reducida a la nueva señal de amenaza, lo que sugiere que no cambiaron completamente su asociación con la señal segura o la señal de amenaza inicial.

De acuerdo con los investigadores, todo esto revela un déficit de aprendizaje para los sujetos sometidos a la condición de estrés, lo cual les impidió actualizar las asociaciones de cada señal efectivamente.

Fuente: PsypostProceedings of the National Academy of Sciences

Rita Arosemena P.
Graduada en Comunicación y especialista en Educación Superior. Amante de la literatura, el arte y las ciencias (y del café. El café no se lo toquen). Le interesan especialmente la neuropsicología, la psicología evolutiva y la psicopatología. Le apasiona la música francesa y no tiene nada contra Freud.

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