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El Ritalin es el nombre comercial del metilfenidato, un psicoestimulante utilizado en el tratamiento del trastorno por déficit de atención con hiperactividad. A grandes rasgos su funcionamiento se explica a partir de la regulación de los neurotransmisores en el lóbulo frontal del cerebro, zona que controla la atención e impulsividad.

Con el incremento de la prevalencia del TDAH, también creció el consumo de la Ritalin en pacientes cada vez más jóvenes. Lo que genera preocupación porque todavía no se sabe con exactitud qué efectos puede tener en el cerebro en desarrollo de los niños.

Podría producir cambios duraderos en el sistema GABA cuando el tratamiento inicia en la infancia

Con en el fin de dar respuesta a esta interrogante, un equipo de científicos holandeses encontró que el consumo de Ritalina antes de los 23 años podría generar alteraciones en el sistema de neurotrasmisores GABA (ácido gamma-aminobutírico), en los sujetos que lo utilizaron antes de los 23 años de edad, cuando el cerebro todavía está en desarrollo.

En la investigación participaron 44 sujetos que fueron divididos en tres grupos. 1) sujetos que recibieron como primera linea de tratamiento la Ritalin antes de los 16 años de edad; 2) sujetos que recibieron Ritalin después de los 23 años y 3) un grupo que nunca recibió  Ritalina u otro psicoestimulante.

Al comparar las imágenes por Espectroscopia por resonancia magnética, encontraron que el grupo que recibió Ritalin tempranamente (antes de los 23 años) tenía niveles más bajos de GABA en el corteza prefrontal medial, en comparación con aquellos que empezaron la medicación después de los 23 años. Lo que significaría que el tratamiento con Ritalin en adultos con estimulantes no produciría cambios significativos en el sistema GABA, pero si podría producir cambios duraderos cuando el tratamiento inicia en la infancia.

Este efecto podría tener repercusiones a nivel conductual y cognitivo. Pero todavía se necesitan pruebas psicológicas que permitan conocer como se traduce a nivel conductual y cognitivo la reducción de los niveles de GABA. Otra limitación importante fue que el estudio solo se enfocó en el sistema de neurotrasmisores de un voxel de la corteza prefrontal (de 2.5×3.5×2.5cm), lo que no representa el efecto que puede tener en todo el cerebro.

Es cierto que estos estudios todavía empiezan. Pero no deja de sorprender que nuestro cerebro termina de desarrollarse después de la adolescencia y que tenemos que seguir evaluando que efectos pueden tener los psicofármacos en nuestro cuerpo. Lamentablemente para esto se necesita tiempo y el trabajo recién empieza.

Nota del editor: Como siempre vale la pena recordar que estos estudios son de información académica. Por lo tanto, no se debe retirar ni modificar la medicación sin antes consultarlo con su médico psiquiatra.

El estudio completo está disponible en la revista NeuroImage: Clinical.

Fuente: Psypost

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