Para muchos, la lectura es tanto una actividad cotidiana como una herramienta educacional y comunicacional. Al leer, el cerebro conecta zonas distantes entre sí, como las que involucran la visión, la audición y el lenguaje.

Por lo general, en las instituciones destinadas a la educación básica, los niños dan sus primeros pasos por el mundo literario; y ya desde ese momento es posible notar diferencias en las habilidades de unos y otros para realizar esta actividad.

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Una nueva investigación de la Universidad de Stanford en California muestra que los escáneres cerebrales pueden identificar las diferencias neuronales entre los niños que son fuertes lectores y los que son pobres lectores, y algún día podría conducir a un sistema de alerta temprana para los estudiantes con dificultades.

[quote_center]Las diferencias en el crecimiento de estos tractos predijo variaciones en la capacidad de lectura[/quote_center]

Neurocientíficos de dicha institución, estudiaron las habilidades de lectura de 55 niños, con edades de entre 7 y 15 años, en un período de 3 años. También tomaron imágenes por resonancia magnética de los cerebros de los niños por lo menos 3 veces durante ese período para visualizar el crecimiento de dos grandes tractos de materia blanca – haces de fibras nerviosas que conectan las regiones del cerebro. Ellos encontraron que las diferencias en el crecimiento de estos tractos predijo variaciones en la capacidad de lectura.

Los hallazgos del estudio podrían eventualmente influir en las clases de lectura para niños de preescolar, adaptando la planificación de lecciones a las necesidades individuales.

El desarrollo de la materia blanca y las habilidades de lectura

El crecimiento de la materia blanca se rige por dos procesos: la poda, en el que las fibras nerviosas extrañas y las conexiones neuronales son eliminadas, y la mielinización, donde los tractos de las fibras nerviosas son rodeados por tejido graso que aumenta la velocidad con que se transmiten las señales eléctricas. Ambos están en parte determinados por la experiencia, por lo que suceden en diferentes momentos en las diferentes personas.

“Creemos que el tiempo relativo de la poda y la mielinización difiere entre los lectores fuertes y débiles”, dijo Yeatman. “En los buenos lectores, ambos procesos se están desarrollando juntos a una velocidad constante. En los lectores pobres, los dos procesos no están sincronizados. Tienen un crecimiento rápido, temprano, y las vías se desarrollan incluso antes de que [los niños] comiencen a aprender a leer.”

[quote_right]”Creemos que el tiempo relativo de la poda y la mielinización difiere entre los lectores fuertes y débiles”[/quote_right]

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Los investigadores escanearon la anatomía del cerebro de los 39 niños una vez al año durante tres años consecutivos. Luego, los niños fueron examinados mediante pruebas estandarizadas para medir sus habilidades cognitivas, de lenguaje y lectura. En cada caso, la tasa de desarrollo (medida por la anisotropía fraccional, o AF) en las regiones de materia blanca del cerebro, que están asociadas con la lectura, predijeron con precisión sus resultados de las pruebas.

En concreto, los niños con habilidades de lectura por encima de la media presentan un valor de AF en dos tipos de grupos de nervios – el fascículo arqueado del hemisferio izquierdo y el fascículo longitudinal inferior del hemisferio izquierdo – que es inicialmente bajo, pero aumenta con el tiempo. Los niños con inferiores destrezas de lectura tienen inicialmente un AF alto, pero disminuye con el tiempo.

Los hallazgos podrían eventualmente influir en las lecciones de lectura para niños en edad preescolar. Estudios anteriores han demostrado que las habilidades de lectura de un niño de 7 años de edad pueden predecir con precisión las habilidades de lectura 10 años después. Un niño que tiene dificultades a los 7 años tiene más probabilidades de ser un lector pobre a los 17 años.

[quote_left]Una detección temprana podría revelar qué estudiantes están en riesgo[/quote_left]

“Para el momento en que los niños llegan a la escuela primaria, no somos muy buenos en encontrar maneras de ayudarlos a ponerse al día”, dijo Jason D. Yeatman, candidato doctoral en psicología en Stanford y autor principal del estudio.

La buena noticia: una detección temprana podría revelar qué estudiantes están en riesgo; a una edad temprana, el cerebro es plástico, y los genes, el medio ambiente y las experiencias pueden afectar los valores de AF.

“Una vez que tengamos un modelo preciso sobre la maduración de los circuitos de lectura del cerebro a la adquisición de habilidades de lectura de los niños, y una vez que entendamos qué factores son beneficiosos, realmente creo que será posible desarrollar protocolos de intervención temprana para los niños que son lectores pobres, y adaptar planes de lecciones individualizadas para enfatizar un buen desarrollo”, dijo Yeatman. “En los próximos cinco a 10 años, eso es lo que realmente estamos esperando hacer”.

La investigación fue publicada en la última edición de Proceedings of the National Academy of Science.
Fuentes: Science Daily; Proceedings of the National Academy of Science; Nature; The Scientist.

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