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Distintas investigaciones que compartimos con ustedes nos han enseñado que estar en contacto con la naturaleza puede mejorar la memoria y atención de los niños, reducir la agresividad en adolescentesy la conducta violenta en cárceles. Además, las personas que visitan parques por 30 minutos o más cada semana, son menos propensas a tener presión sanguínea alta o pobre salud mental, comparados con aquellos que no lo hacen.

Algo muy interesante que viene sucediendo en los últimos tiempos es que los investigadores han tomado la evidencia arrojada por muchos estudios sobre la relación entre la naturaleza y el bienestar, para proponer un modelo que mejore los ambientes comunitarios con el objetivo de favorecer a la salud mental.

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Un nuevo estudio interdisciplinario, publicado en Science Advances, examina cómo las características de los planes de diseño comunitario (espacio verde, espacio azul, árboles callejeros, etc.) impactan el bienestar psicológico de los residentes. El equipo internacional de investigadores, que representa una variedad de disciplinas, sugiere que las innovaciones en la planificación urbana pueden contrarrestar algunos de los riesgos de los diseños urbanos que representan verdaderos peligros para la salud humana (Bratman et al., 2019).

Ellos describen su modelo holístico enfatizando la sinergia entre el diseño del ecosistema y la salud general de la persona. “Muchas de las contribuciones de la naturaleza viva (diversidad de organismos, ecosistemas y sus procesos) a la calidad de vida de las personas pueden denominarse ‘servicios ecosistémicos’. Incluyen la purificación del agua, el suministro de alimentos, la estabilización del clima, la protección contra las inundaciones, y muchos otros. En todo el mundo, se están realizando grandes esfuerzos para incorporar los servicios de los ecosistemas y sus valores en las políticas, las finanzas y la gestión. […] Sin embargo, se ha prestado relativamente poca atención en el campo de los servicios de los ecosistemas a las formas en que la experiencia de la naturaleza afecta directamente la salud mental humana […], con algunas excepciones importantes.”

Los resultados de un estudio longitudinal reciente indicaron que la proximidad al espacio verde en la infancia podría proteger contra el desarrollo posterior de trastornos psiquiátricos en la edad adulta (Engemann et al., 2019). El espacio verde en el vecindario también se ha relacionado con la cohesión de la comunidad y la reducción de la delincuencia, la reducción de la respuesta al estrés, la disminución de la rumiación, funcionamiento cognitivo más avanzado, entre otros hallazgos (Weinstein et al., 2015), (Böbel et al., 2018), (MacKerron & Mourato, 2013).

“En algunas sociedades, los residentes urbanos tienen casi un 50% más de riesgo de desarrollar trastornos psiquiátricos, como ansiedad y trastornos del estado de ánimo en comparación con sus contrapartes rurales, y el riesgo de esquizofrenia es 200% más alto para los niños que crecen en los entornos más urbanos”, señalaron los investigadores dirigidos por Kristin Engemann de la Universidad de Aarhus en Dinamarca.

La mecánica de este “gradiente urbano-rural” aún no es muy comprendida. Sin embargo, las hipótesis de los científicos incluyen una mayor exposición a la contaminación y las infecciones, una exposición reducida a los espacios verdes y la migración selectiva.

Los trastornos del estado de ánimo, el trastorno depresivo único y recurrente y los trastornos neuróticos y relacionados con el estrés se asociaron más con la proximidad al espacio verde. Mientras que los trastornos por abuso de sustancias, los trastornos de personalidad específicos, el trastorno límite de la personalidad y las discapacidades intelectuales se asociaron principalmente con el estado socioeconómico de los padres. Los trastornos somáticos fueron influenciados igualmente por la proximidad de los espacios verdes y el estado socioeconómico de los padres.

De hecho, a pesar de la expansión global de la ciudad, muchos de los rasgos que caracterizan a las ciudades (densas concentraciones de personas, industria pesada, muchos automóviles, etc.) son perjudiciales para los aspectos centrales de la salud mental y fisiológica. La educación, la atención médica y muchas otras agencias diseñadas para apoyar el crecimiento humano a menudo se concentran en entornos con mala calidad del aire, mayor estrés entre los residentes y menor acceso a espacios verdes entre los residentes.

“La investigación transversal y longitudinal ha encontrado que el bienestar psicológico de una población puede asociarse, en parte, con su proximidad al espacio verde, el espacio azul (es decir, los ambientes acuáticos y marinos) y los árboles de la calle o jardines privados tanto en entornos urbanos como rurales,” señalan los investigadores.

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Hallazgos de las investigaciones

Si bien el tamaño y el alcance del impacto de la experiencia en la naturaleza sobre la salud mental requieren una exploración continua, Bratman y sus colegas describen tres declaraciones de consenso que caracterizan la investigación hasta el momento:

1) “la evidencia respalda una asociación entre tipos comunes de experiencia en la naturaleza y un mayor bienestar psicológico”,

2) “la evidencia respalda una asociación entre tipos comunes de experiencia en la naturaleza y una reducción de los factores de riesgo y de la carga de algunos tipos de enfermedades mentales” y

3) “la evidencia sugiere que las oportunidades para algunos tipos de experiencias en la naturaleza están disminuyendo en cantidad y calidad para muchas personas en todo el mundo.”

Estas áreas de consenso ilustran la necesidad de desarrollar formas creativas para hacer que las ciudades, en particular, sean más propicias para la salud humana. Para garantizar la compatibilidad entre las decisiones tomadas en la planificación urbana y la salud mental de los residentes, y a medida que las ciudades continúan desarrollándose, se necesitan herramientas para permitir a los planificadores (en una variedad de disciplinas) anticipar el impacto.

Propuesta de un modelo de evaluación

Con este fin, Bratman y sus colegas proponen un modelo de evaluación de cuatro pasos que incluye:

1) el desarrollo de un esquema de características naturales planificadas,

2) la estimación del nivel de exposición a las características ambientales que pueden experimentar aquellos que se espera que interactúen con el espacio,

3) la proyección de cómo se experimentará el área diseñada de acuerdo con la naturaleza de la interacción y la dosis del visitante, y

4) la consideración de los posibles efectos en la salud mental a corto y largo plazo asociados con los aspectos del diseño.

Aunque este modelo es uno de los primeros de su tipo, los autores pretenden que sea flexible y esperan que sirva para informar una conceptualización más sólida de la relación entre el espacio y la salud humana en general en las evaluaciones de servicios ecosistémicos.

“En última instancia, nuestro modelo conceptual en evolución puede ampliar los modelos actuales de servicios ecosistémicos al tener en cuenta los efectos de la exposición a la naturaleza en la salud mental e identificar dónde pueden mejorarla los espacios verdes adicionales o un mejor acceso a la naturaleza, o dónde cierta infraestructura, ubicación del edificio y otras decisiones de uso de la tierra pueden afectarla negativamente,” concluyen los investigadores.

Referencias de los estudios:

Böbel, T. S., Hackl, S. B., Langgartner, D., Jarczok, M. N., Rohleder, N., Rook, G. A., … Reber, S. O. (2018). Less immune activation following social stress in rural vs. urban participants raised with regular or no animal contact, respectively. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 115(20), 5259-5264. https://doi.org/10.1073/pnas.1719866115

Bratman, G. N., Anderson, C. B., Berman, M. G., Cochran, B., de Vries, S., Flanders, J., … Daily, G. C. (2019). Nature and mental health: An ecosystem service perspective. Science Advances, 5(7), eaax0903. https://doi.org/10.1126/sciadv.aax0903

Engemann, K., Pedersen, C. B., Arge, L., Tsirogiannis, C., Mortensen, P. B., & Svenning, J.-C. (2019). Residential green space in childhood is associated with lower risk of psychiatric disorders from adolescence into adulthood. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 116(11), 5188-5193. https://doi.org/10.1073/pnas.1807504116

MacKerron, G., & Mourato, S. (2013). Happiness is greater in natural environments. Global environmental change: human and policy dimensions, 23(5), 992-1000. https://doi.org/10.1016/j.gloenvcha.2013.03.010

Weinstein, N., Balmford, A., DeHaan, C. R., Gladwell, V., Bradbury, R. B., & Amano, T. (2015). Seeing Community for the Trees: The Links among Contact with Natural Environments, Community Cohesion, and Crime. Bioscience, 65(12), 1141-1153. https://doi.org/10.1093/biosci/biv151

Fuente: Mad in America

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