La proliferación de alimentos y bebidas baratos, ricos en calorías e hiper palatables, así como la normalización de los tamaños de porciones enormes y los refrigerios constantes han creado un ambiente y una cultura en los que se necesita un esfuerzo sobrehumano y fuerza de voluntad para no comer en exceso.

¿Es novedad para alguien que las personas, en general, aún consumimos pocos nutrientes y demasiadas calorías? Esto no siempre desencadena en trastornos alimenticios, pero sí podemos encontrarnos desnutridos con sobrepeso.

¿Cómo podemos promover hábitos más saludables?

Investigadores franceses se preguntaron cuáles eran las formas más efectivas de promover comportamientos saludables. Para averiguarlo, identificaron 96 estudios que emplearon diversas estrategias o “ayudas” para llevar a las personas hacia elecciones saludables y compararon sus resultados para determinar cuál parecía ser más efectiva (Cadario & Chandon, 2018).

En este estudio los investigadores calcularon cómo impactó cada estrategia en la ingesta diaria total de calorías. Las estrategias o “ayudas” fueron definidas como algo que alteró el comportamiento de las personas sin prohibir por completo algo o usar incentivos económicos. Por ejemplo, si un empleador quisiera alentar a sus empleados a beber menos refrescos y más agua, podrían eliminar todos los refrescos de las máquinas expendedoras o duplicar el precio del refresco para que el agua embotellada fuera mucho más barata. Pero ninguno de esos serían “ayudas”.

Una “ayuda” es algo que influye en las elecciones que hacés (o, en el lenguaje de los investigadores, altera la arquitectura de elección) sin eliminar tu capacidad de hacer una elección distinta o de permitirte una elección diferente. 

Los investigadores encontraron que las “ayudas” se dividieron en tres categorías.

Primera categoría: Lo que sabés

Se trata de estrategias cognitivas que intentan afectar las cosas que sabés. Su objetivo es llevarte a pensar un poco más antes de hacer una selección o dar un bocado. 

Dentro de este grupo encontramos el valor calórico de los alimentos en los menús de los restaurantes; carteles que muestran la cantidad de azúcar que contiene un vaso de bebida gaseosa; otra estrategia es el uso de logotipos o íconos para identificar opciones más saludables (por ejemplo, poner el ícono de un corazón en cereales con alto contenido de fibra o un ícono de brócoli junto a elementos de menú con menos calorías).

Sin embargo, de los tres tipos de “ayudas,” las estrategias cognitivas son las menos impactantes respecto de la ingesta de calorías: en promedio, redujeron la ingesta típica en aproximadamente 64 calorías.

Segunda categoría: cómo te sentís

Conformada por estrategias afectivas, las cuales buscan cambiar la forma en que te sentís respecto de un alimento o un comportamiento, sin cambiar necesariamente lo que sabés. Las “ayudas” afectivas incluyen aplicar palabras e imágenes atractivas a elecciones saludables (en un restaurante, por ejemplo, en lugar de ofrecer zanahorias ralladas como acompañamiento, podrían ofrecer guarnición de zanahorias de estación en hebras con infusión de cítricos). Los restaurantes podrían incluir hermosas fotografías de las ensaladas, pero no de las comidas fritas.

Las estrategias afectivas se centran en hacer que ciertos alimentos sean más deseables o influir en cómo te sentís respecto a una determinada elección.

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Otro tipo de “ayuda afectiva son las “llamadas de alimentación saludable:” cuando una señal o un servidor sugieren que una determinada elección es más deseable.

Las apelaciones a los sentidos y las emociones son algo más efectivas que las apelaciones a la razón. En términos de reducir la ingesta de calorías, las “ayudas” afectivas son casi el doble de impactantes que las cognitivas, reduciendo la ingesta calórica en aproximadamente 130 calorías al día, o un 7,5%.

Tercera categoría: lo que hacés

La tercera categoría son las estrategias conductuales. Estas procuran cambiar lo que hacés sin afectar necesariamente lo que sabés o sentís. De hecho, podrían funcionar sin que seamos conscientes de ellos.

Una categoría popular de estímulo conductual es hacer que la elección saludable sea la opción fácil. Por ejemplo: colocar ensaladas verdes en convenientes recipientes para llevar en el centro de la tienda, pero tener el pollo frito en la parte posterior de la tienda, donde debe esperar en la cola para que un trabajador de la tienda lo coloque en un recipiente para llevar.

Otro ejemplo de este tipo de estímulo conductual es poner las verduras y el salmón a la parrilla, y otros artículos saludables, al comienzo de una línea de buffet y los artículos menos nutritivos (como galletas o macarrones con queso) al final, cosa que llegues con menos espacio en el plato.

Otro ejemplo de “ayuda” conductual es usar platos y recipientes más pequeños para artículos densos en calorías, como pasta, papas fritas o refrescos, y platos y recipientes más grandes para platos bajos en calorías como ensaladas, verduras, agua y fruta cortada.

En general, los investigadores encontraron que las “ayudas” conductuales redujeron la ingesta de calorías en más de 200 calorías diarias o un 12%. Y en particular, cambiar el tamaño de las porciones y los platos fue la más efectiva de las estrategias de comportamiento, reduciendo la ingesta de calorías en más de 300 calorías por día.

Cuando se trata de tomar decisiones más saludables, saber más no siempre se traduce en mejorar. Pero nos sentimos impactados por la facilidad y la conveniencia. Hemos intentado muchas formas diferentes de luchar contra un entorno que parece empeñado en hacernos más pesados ​​y menos saludables de lo que queremos ser. Y las estrategias más efectivas son hasta seis veces más impactantes que las estrategias menos efectivas, que, hasta ahora, han sido donde hemos estado invirtiendo la mayoría de nuestros recursos.

Conocer las diferentes “ayudas” puede servirnos a la hora de elegir estrategias para nuestras propias vidas. Toner frutas variadas, frescas y limpias en el primer estante de la heladera o una hermosa fuente sobre la mesa (y las opciones menos saludables en lugares que requieren más esfuerzo para llegar), puede hacer una diferencia realmente.

Referencia bibliográfica:

Cadario, R., & Chandon, P. (2018). Which healthy eating nudges work best? A meta-analysis of field experiments. En Appetite (Vol. 130, pp. 300-301). https://doi.org/10.1016/j.appet.2018.05.170

Fuente: Scientific American