Muchos estudios han demostrado lo que se conoce como el “sesgo numérico” en la compasión: los sentimientos de compasión de las personas no tienden a aumentar en respuesta a un mayor número de personas en peligro. Esto “lleva a las personas a experimentar con frecuencia una cantidad desproporcionada de compasión hacia un solo individuo que sufre en relación con decenas de víctimas que son parte de una tragedia más grande”, escriben Daniel Lim y David DeSteno, autores de un nuevo estudio. Sin embargo, ahora han descubierto que las personas que han experimentado adversidades en sus propias vidas son resistentes a este sesgo (Lim & DeSteno, 2019).

A través de una serie de cuatro experimentos, los investigadores reclutaron a casi 700 participantes, quienes informaron sus propios niveles de adversidades pasadas (enfermedades y lesiones, duelo, exposición a desastres, etc.). Para cada estudio, los investigadores descartaron el tercero de rango medio, dejando grupos de “alta adversidad” y “baja adversidad”, que continuaron con los experimentos propiamente dichos.

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En el primer estudio, los participantes leyeron un párrafo sobre el sufrimiento de los niños en Darfur y miraron fotos de un niño azotado por la guerra u ocho. Luego se les hicieron varias preguntas sobre sus sentimientos de compasión (por ejemplo, “¿qué tan comprensivo te sientes con los niños?”). El grupo de baja adversidad mostró consistentemente el sesgo numérico, pero el grupo de alta adversidad no: informaron significativamente más compasión por las víctimas múltiples que por una sola. Además, cuanto mayor era su propio nivel de sufrimiento pasado, mayor compasión en general informaron respecto de los niños y, como se reveló en un nuevo estudio, más estaban dispuestos a donar a UNICEF, lo que en teoría podría ayudar a esos niños.

Otros experimentos revelaron que los participantes de alta adversidad tenían una creencia más fuerte en su capacidad de realmente hacer una diferencia en otras personas que están sufriendo. Sospechando que esto apuntalaba el perfil de compasión de este grupo, Lim y DeStono intentaron una intervención simple diseñada para mejorar las creencias de los participantes de baja adversidad en su propia eficacia. Cuando se informó a un nuevo grupo de participantes de baja adversidad, en base a una prueba falsa, que habían puntuado alto en empatía y que las personas con alta empatía son buenas para cuidar a los demás y son más exitosas para aliviar su dolor, sus subsecuentes sentimientos de compasión hacia víctimas múltiples coincidió con los de los participantes de alta adversidad. El sesgo numérico había desaparecido.

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“Sobrevivir a las adversidades pasadas hace que las personas crean que serán eficaces para ayudar a los demás, lo que les permite regular sus sentimientos de compasión frente a los eventos más exigentes”, concluyen los investigadores.

Lim y DeSteno enfatizan que no están argumentando que la adversidad es algo bueno. Dicen que hay otras formas de enseñar a las personas que realmente pueden ayudar a otros que lo necesitan. “Por ejemplo, se puede esperar que las personas que se ofrecen como voluntarios para ayudar en el alivio de desastres o para trabajar con los enfermos terminales desarrollen la sensación de que sus esfuerzos hacen una diferencia para muchos otros,” concluyen los autores.

Referencia:

Lim, D., & DeSteno, D. (2019). Past adversity protects against the numeracy bias in compassion. Emotion . https://doi.org/10.1037/emo0000655

Fuente: British Psychological Society

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