Imagen cerebral / Shutterstock

Encontrar el antidepresivo adecuado para las personas que sufren de depresión no es tarea fácil. Básicamente el proceso consiste en el rudimentario método de prueba y error hasta que se encuentre el antidepresivo adecuado para cada paciente. El problema con este método es que toma mucho tiempo valioso donde la persona sigue sufriendo sin obtener la ayuda que busca.

Para mejorar las probabilidades del éxito de tratamiento antidepresivo, la Universidad de Stanford desarrolló una investigación que logró predecir con un 80% de precisión si la medicación antidepresiva funcionará o no en cada paciente.

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En dicha investigación los autores combinaron los datos provenientes de las Imágenes de Resonancia Magnética (IRM), los datos biográficos de los sujetos y si tenían antecedentes de trauma infantil, abuso o negligencia parental.

Los autores prestaron especial atención a los traumas vividos por los participantes porque estos sucesos pueden tener repercusiones permanentes en la estructura cerebral de las personas. Por ejemplo, si un niño sufre de abusos por parte de sus cuidadores, entonces aprenderá a ser hipervigilante de las emociones positivas y negativas de sus cuidadores para poder ser capaz de evitar cualquier represaría que tengan sobre él. Esto dará como resultado que su amígdala sea hipersensible y tenga mayor activación ante cualquier respuesta emocional.

los sujetos que habían sufrido de altos niveles de trauma durante la infancia y que tenían mayor activación de su amígdala al ver rostros felices, tenían mayores probabilidades de beneficiarse de la medicación antidepresiva

El 80% de los participantes (n=102) de este estudio estaban diagnósticados con depresión. A todos se les aplicó un test con 19 items para conocer si habían sufrido de abusos, conflictos familiares, muerte de sus cuidadores, o habían sufrido las consecuencias de un desaire natural. Después de esta etapa se les pidió que ingresaran a la maquina de Resonancia Magnética para tomarles imágenes cerebrales mientras veían en una pantalla imágenes de rostros sonrientes y rostros enojados. Las imágenes permitirían activar los circuitos neuronales de la amígdala, que como dijimos, se relacionan con la experiencia de las emociones. Este proceso se realizó dos veces. Una al comienzo de la investigación y otra al final de las 8 semanas que duró todo el proceso de evaluación. Durante ese lapso los participantes consumieron tres de los antidepresivos más recetadados: sertralina, escitolapram y venlafaxina.

Al finalizar la etapa de evaluación los investigadores descubrieron que los sujetos que habían sufrido de altos niveles de trauma durante la infancia y que tenían mayor activación de su amígdala al ver rostros felices, tenían mayores probabilidades de beneficiarse de la medicación antidepresiva. Por otro lado, los sujetos que también habían sufrido de altos niveles de trauma infantil pero con baja reactividad en la amígdala eran los que menos probabilidades tenían de beneficiarse de los antidepresivos.

Lo más importante de este estudio, según sus autores, es que se demostró que con la información personal, sus experiencias y las imágenes cerebrales se podrían diseñar tratamientos personalizados para los pacientes con depresión.

Las muestras de sangre es una de los exámenes más importantes en la evaluación médica. Quizás en un futuro lo sean también los escáneres cerebrales.

La investigación completa está disponible en la revista Proceedings of the National Academy of the United States of America.

Fuente: Stanford News Center