Cortesía de Markus Spiske / Pexels

Hace un tiempo, publicamos un artículo sobre los niños narcisistas y el vínculo entre este fenómeno y los padres que consienten demasiados a sus hijos. A menudo se habla de las consecuencias de ser demasiado duro con los niños, de practicar estilos de crianza más asertivos y educar a nuestros hijos a través del diálogo, pero muchas veces se deja de lado la importancia de aprender a ser equilibrados para no perjudicar el desarrollo de los niños y permitirles explotar al máximo su potencial.

He aquí la eterna disputa entre ser un “buen padre” y ser un “padre cool“, del que nuestros hijos presuman con sus amigos porque les damos todo lo que nos piden.

Bueno, una vez más (y siguiendo el hilo de aquel artículo): darle todo a los niños no significa necesariamente que les estemos haciendo un bien solo porque “nace del amor” consentirlos. En realidad, podríamos estar perjudicándolos.

Cuando yo era niña, mi mamá me dio los juguetes que era posible dentro de las circunstancias y también los que, a su juicio, eran más convenientes para estimular la creatividad. El resultado es que tuve pocos juguetes en comparación con los niños de ahora, y muy pocos eran capaces de hablar, caminar o volar sin mi ayuda.

Recuerdo que entonces era más común ver a los niños usar la imaginación para solventar las “carencias de fábrica” de los muñecos de acción tradicionales.

Hoy en día, tenemos juguetes de todo tipo: educativos, de acción, vehículos… La pregunta es qué tanto está beneficiando esta diversidad y bombardeo publicitario a los niños. Seamos sinceros: antes, recibir un juguete era una hermosa sorpresa; ahora, las compañías entregan catálogos a los niños para que elijan sus juguetes navideños como si fuera una red de mercadeo.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Toledo (Estados Unidos) se preguntó lo mismo que muchos padres están preguntándose en este momento: ¿acaso nos equivocamos al darle tantos juguetes a los niños?

El equipo condujo un estudio que contó con 36 niños de entre 18 y 30 meses. Los investigadores seleccionaron un grupo de 32 juguetes de cuatro tipos: juguetes educativos (que enseñan colores, por ejemplo), juguetes “simulados” (que sugieren escenarios temáticos, como interpretar a un médico), juguetes de acción (que requieren efectuar actividades específicas como apilar o construir, por ejemplo) y vehículos.

Artículo recomendado:  Los beneficios psicológicos del sarcasmo

Los investigadores grabaron en vídeo a los niños en dos sesiones de juego supervisadas de 15 minutos: en una, estaban en una habitación con un juguete de cada categoría (cuatro juguetes en total) y en la otra, cuatro de cada categoría (16 en total).

Los resultados indicaron que, cuando los niños pequeños tenían una mayor cantidad de juguetes (16), jugaban en promedio con la mitad de ellos. Por el contrario, cuando tenían una cantidad menor (4), jugaban en promedio con tres.

En pocas palabras, dieciséis juguetes distraen más que cuatro

La cantidad de juguetes disponibles pareció afectar la forma en que jugaban los niños pequeños. Cuando solo se ofrecían cuatro juguetes, cada uno de los 10 “incidentes” de juego duraba más, unos dos minutos (en promedio) en comparación con un minuto cada uno, de los 20 incidentes de juego en la condición de 16 juguetes. Además, con menos juguetes los niños descubrieron un 60% más de formas diferentes de interactuar con cada uno (como “simular”, “insertar”, “apilar”, etc.).

Menos juguetes disponibles le permiten a un niño enfocarse más en un juguete, explorarlo y descubrir diferentes maneras de usarlo. Tomando en cuenta la evidencia que sugiere que los niños pequeños pueden beneficiarse del entrenamiento de atención, los investigadores opinan que “un ambiente que presenta menos distracciones puede proporcionar a los niños pequeños la oportunidad de ejercer sus capacidades de atención intrínseca”. 

Desde luego, un detalle importante a considerar es que los juguetes utilizados en el estudio no pertenecían a los niños involucrados. Es normal que un niño con un juguete nuevo, o prestado, experiemente cierto frenesí por lo desconocido, justamente la emoción que suelen perder con el tiempo hacia los juguetes usados.

Una forma de manejar esto es restringir el acceso a los juguetes salvo cuando los niños van a utilizarlos, y seleccionar entonces sólo un grupo pequeño de ellos, de modo que se incentive a los pequeoñs a explorar a fondo un juguete a la vez.

Fuente: Research Digest; Science Direct

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.