Imagen: Libre albeldrio en Shutterstock

“En modo alguno creo en el libre albedrío en sentido filosófico. Todo el mundo actúa no solo bajo compulsión externa sino también de acuerdo a una necesidad interna. Lo que Schopenhauer decía “un hombre puede hacer lo que desee pero no puede desear lo que quiera” ha sido para mí una verdadera inspiración desde mi juventud, un consuelo constante frente a las dificultades de mi vida tanto como la de los otros, ha sido una fuente incalculable de tolerancia.”

-Albert Einstein

Antes de entrar en materia creo que conviene hacer una mínima justificación de por qué este milenario problema filosófico tiene interés para la Psiquiatria. Existe un discurso ampliamente aceptado, tanto en Psiquiatría como en el Derecho, la que podemos considerar la hipótesis por defecto, que plantea que los seres humanos somos libres pero que en determinadas circunstancias perdemos esa libertad1. Los trastornos mentales, desde este enfoque, son reconocidas como enfermedades de la libertad, especialmente las psicosis porque ocurre en ellas una distorsión de la realidad. Sin embargo, este discurso ha sido fuertemente cuestionado por los descubrimientos de la neurociencia en los últimos años2,3 y también por poderosos planteamientos filosóficos4,5.

En este artículo yo voy a defender que ni los pacientes ni los terapeutas (psiquiatras o psicólogos) somos libres y que nuestra creencia en el libre albedrío influye en la forma en que entendemos y tratamos los trastornos mentales. Mi postura es que creer en el libre albedrío es erróneo y tiene inconvenientes sociales e individuales y que no creer en el libre albedrío tendría ventajas a nivel social y también en la concepción y tratamiento de los trastornos mentales.

La definición de libre albedrío que voy a usar es la capacidad de poder hacer otra cosa (dado un estado del mundo determinado). Se le llama en filosofía la definición contrafactual. Para la mayoría de autores, una voluntad libre implica también:

  1. que hablamos de un poder racional, es decir que el sujeto usa la razón para valorar un curso de acción y decide racionalmente. Si alguien decide sin razones se supone que no es una elección libre. Habitualmente, se acepta que los animales no tienen libre albedrío porque no son racionales;
  2. una voluntad libre implica control, si las cosas ocurren por razones sobre las que yo no tengo control, no son mis actos y no se me pude pedir responsabilidad.

El libre albedrío está muy unido a la responsabilidad moral. De hecho existe otra definición de libre albedrío que dice que el libre albedrío es el poder que tiene un agente moral por el que se le puede considerar digno de alabanza o castigo, es decir, responsable moral. Los sistemas judiciales de todos los países del mundo se basan en la creencia en el libre albedrío, se considera que la persona que ha actuado mal o ha cometido un delito podía haber hecho otra cosa, y por lo tanto es responsable de sus acciones.

Antes de seguir, una matización porque toda definición es imperfecta. Se ha discutido en filosofía si realmente la posibilidad de poder hacer otra cosa es necesaria para la existencia del libre albedrío. En concreto, el filósofo Harry Frankfurt6 ha presentado unos casos hipotéticos a modo de experimento mental en los que defiende que disponer de alternativas no es necesario para considerar que una persona tiene libre albedrío y que es responsable.

Estos casos siguen el siguiente esquema: Un científico malo, Jack, le ha puesto a una persona, Jones, un chip en el cerebro de manera que cuando Jones va a tomar una decisión, pongamos votar demócrata o republicano, el chip puede detectar lo que va a hacer. Entonces, si Jones quiere votar demócrata le deja continuar pero si quiere votar republicano el chip cambia la acción de Jones y le haría votar demócrata. En este escenario, supongamos que Jones quiere realmente votar demócrata. Aunque no puede hacer otra cosa porque el chip no le permitiría la otra alternativa, Frankfurt plantea que Jones es responsable de su acto.

Estos ejemplos de Frankfurt son en realidad variaciones de un ejemplo anterior de John Locke, que es el caso del hombre en la habitación. Locke pone el ejemplo de un hombre que es sedado y llevado a una habitación. El hombre se despierta y no sabe que la puerta de la habitación está cerrada. A pesar de ello, el hombre desea continuar en la habitación por sus propias razones. Para Locke el hombre sería responsable de su decisión, aunque en realidad no podría haber hecho otra cosa. Lo que hace Frankfurt en sus ejemplos es pasar la limitación o coerción situada en el mundo exterior (la puerta cerrada) al mundo interior (un chip en el cerebro).

Creo que las personas escépticas del libre albedrío podemos rebatir de una manera bastante contundente estos ejemplos porque el problema de la libertad es anterior a que la puerta esté abierta o cerrada o el chip entre en acción o no. Lo que tenemos que preguntarnos es por el origen de la decisión inicial del hombre de quedarse en la habitación o de votar demócrata. La intuición de los escépticos del libre albedrío es que si seguimos la historia causal de esa decisión de estar en la habitación siempre nos va a remitir a causas de esa acción que no están bajo el control de la persona y por lo tanto esa decisión (independientemente de chips y puertas) no es libre. Veremos esto a continuación.

A pesar de que no voy a tratar el tema de una manera filosófica, sino más bien desde la fenomenología psicológica y psiquiátrica creo que conviene resumir brevemente las principales posiciones filosóficas ante el problema del libre albedrío. El tema es muy complejo y hay casi tantas posturas como filósofos, los tres grandes grupos serían:

  1. Libertarios: creen que las leyes del Universo no son deterministas (no reconocen el determinismo causal que implica que toda causa tiene una causa previa y así hasta el origen del Universo) y que tenemos libre albedrío.
  2. Compatibilistas: reconocen que el determinismo causal es cierto (o puede serlo) pero creen que el libre albedrío es compatible con un Universo donde las leyes son deterministas.
  3. Escépticos del libre albedrío o incompatibilistas duros (Pereboom): son los que creen que no existe el libre albedrío. Consideran que las leyes del universo son deterministas y que el determinismo es incompatible con el libre albedrío. Tanto los libertarios como los escépticos del libre albedríos son incompatibilistas, es decir creen que determinismo y libre albedrío no pueden existir a la vez. La diferencia es que los libertarios creen que lo que no existe es el determinismo mientras que los escépticos del libre albedrío creen que lo que no existe es el libre albedrío.

Según encuestas, la mayoría de la gente de la calle en todo el mundo piensa a) que nuestro universo es indeterminista y b) que la responsabilidad moral no es compatible con el determinismo7. Por el contrario, la postura mayoritaria entre los filósofos es el compatibilismo8. Según el estudio de Bourget y Chambers el 59,1% son compatibilistas, 13,7% libertarios, 12,2% no creen en el libre albedrío y 14,9% quedarían en la categoría “otros”.

Decía Borges que el futuro es un jardín de caminos que se bifurcan. Esa es la intuición que todos tenemos, que en muchos puntos de nuestra vida llegamos a bifurcaciones donde podemos elegir un camino u otro, que reflexionamos y, tras esa reflexión, de una manera racional optamos.

A partir de este punto voy a intentar convencer al lector de que esas bifurcaciones que vemos tan claras son en realidad ilusorias, que no existen más que en nuestra imaginación, y que el hecho de que podamos imaginar opciones no quiere decir que realmente las tengamos a nuestro alcance.

Sé que dicho así el lector va a pensar que mi objetivo es imposible y que estoy fuera de la realidad pero espero que, si tiene la paciencia de seguir conmigo, no llegue al final con la misma certeza de que estoy equivocado de la que tiene ahora. Por todas las razones que ahora voy a analizar creo que no es posible sostener la idea de que la voluntad es libre. Al final plantearé los inconvenientes de la creencia en el libre albedrío para la sociedad y para la Psiquiatría.

Origen y control de nuestras acciones

“Las decisiones de la mente no son nada salvo deseos, que varían según varias disposiciones puntuales”. “No hay en la mente un absoluto libre albedrío, pero la mente es determinada por el desear esto o aquello, por una causa determinada a su vez por otra causa, y ésta a su vez por otra causa, y así hasta el infinito.”

-Baruch Spinoza

Los seres humanos no elegimos cosas tan importantes como nuestra inteligencia, nuestra orientación sexual, nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestras creencias, nuestra personalidad, nuestra emociones (de quién nos enamoramos, p.ej.),etc. Dado que a la hora de elegir elegimos en base a nuestras creencias, deseos, preferencias, carácter, etc., es evidente que no se nos puede pedir responsabilidad por actuar con facultades que no hemos elegido nosotros y de las que no hemos tenido el control. Esto en terminología del filósofo Bernard Williams se llama constitutive luck9. Básicamente que no somos responsables de ser lo que somos.

Los seres humanos no elegimos cosas tan importantes como nuestra inteligencia, nuestra orientación sexual, nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestras creencias, nuestra personalidad, nuestra emociones

Quiero hacer hincapié en dos de las cosas que he dicho que no elegimos porque son bastante contrarias al sentido común. Una de ellas es que no elegimos nuestros deseos, nuestras preferencias, las cosas que nos gustan. Cuando yo como cerezas porque me gustan más que las naranjas yo no he decidido racionalmente que me gustaran las cerezas y no las naranjas. Recordad que en la definición de libre albedrío he dicho que era un poder racional. Yo no me encuentro en ningún momento en una bifurcación en la que racionalmente elijo entre que me guste Honky Tonk Women o me guste La Macarena. Hay una música o una fruta que me gusta y eso no es en ningún momento una elección racional. De igual manera, yo no decido de quién me enamoro. Para verlo más claro fijaos en que los niños pequeños, de meses incluso, tienen preferencias y les gusta más una comida que otra y no son todavía capaces de elegir racionalmente. Lo mismo ocurre con los animales. Si le doy a elegir a mi perra entre un trozo de carne o una manzana es claro que tiene preferencias.

Vamos ahora con algo mucho más interesante: no elegimos nuestras creencias. Imaginemos que yo me enfrento por primera vez a la homeopatía, no sé nada de ella y quiero saber qué es, en qué consiste, es decir, conocerla y por lo tanto forjarme una creencia acerca de ella.

Entonces me pongo a leer y me voy enterando de que dice que si diluimos un supuesto medicamento va ganando en potencia, que en cierto momento no queda ni una molécula del producto original pero que el agua tiene el recuerdo de la sustancia que estuvo en contacto con ella, etc.

Dada mi naturaleza escéptica y mis conocimientos de medicina y de física (tampoco muchos), automáticamente se va formando en mí la idea de que eso no tiene ni pies de cabeza y que no hay un mecanismo científico conocido que pueda sustentar las afirmaciones de la homeopatía. Si lo que dice la homeopatía es cierto se merecen varios premisos Nobel, los de Medicina, Física y Química, por lo menos.

Entonces, si analizamos fenomenológicamente lo que ocurre en mi mente cuando estoy formando una creencia acerca de la homeopatía es que en ningún momento se produce una bifurcación en la que tengo dos opciones: 1) creer que la homeopatía es un tratamiento con base científica 2) creer que la homeopatía no es un tratamiento con base científica, y que entonces con mi voluntad libre elijo una u otra. En mi mente sólo hay una posibilidad, yo sólo puedo pensar que la homeopatía no tiene base científica.

Cuando formo una creencia yo trato de encontrar la verdad sobre el estado del mundo en ese momento. Lo que hago se parece más a una percepción que a otra cosa. Es como si veo que el cielo es azul, yo no puedo elegir entre verlo azul o verlo verde. Con la homeopatía me ocurre lo mismo: yo no elijo entre creer que tiene base científica y creer que no. Para mí el cielo es azul y la homeopatía no es más que efecto placebo.

Presumir de nuestras creencias es como presumir de nuestra altura o del color de nuestros ojos

Pero esto que estoy comentando vale para todas las creencias. Si intento saber la verdad acerca de la existencia de Dios vuelve a ocurrir lo mismo. No tengo la opción de creer en Dios o no creer y entonces decido, con mi voluntad libre, que voy a creer. Y si hablamos de ser de derechas o de izquierdas, o nacionalista o no-nacionalista, etc., ocurre exactamente lo mismo. Si el lector cree que no tengo razón y cree que él sí puede elegir sus creencias, le desafío a que cambie sus creencias con su voluntad, a que elija otra cosa. Si por ejemplo es creyente, le desafío a que cambie sus creencias y se convierta en ateo; o si es de izquierdas le desafío a que cambie sus creencias y pase a tener las creencias de la derecha… Sencillamente no se puede. Bifurcaciones ilusorias.

Así que estamos muy orgullosos de nuestra ideas y vamos por ahí presumiendo de nuestras creencias pero presumir de nuestras creencias es como presumir de nuestra altura o del color de nuestros ojos y discriminar a los demás por sus ideas tiene la misma lógica que hacerlo por el color de su piel o por su sexo, es decir, por algo que no está bajo su control.

Así que resumo el punto principal de este apartado: si mis acciones se deben a mi carácter, motivaciones, deseos, preferencias y creencias y yo no he elegido nada de todo ello, ¿cómo puedo decir que soy libre y responsable de mis actos? Imaginaos que en vez de ser la naturaleza la que me ha otorgado mi carácter, mi inteligencia, mis creencias, etc., hubiera sido un científico loco quien hubiera programado todas esas cosas, como ocurre con los replicantes en la película Blade Runner. Programa todas esas facultades en mi mente y me suelta en el mundo. Si yo actúo según una programación sea artificial o natural que yo no he elegido ¿se puede decir que soy libre? A mi modo de ver, no. En cualquier caso, creo que la respuesta que demos para esos androides replicantes vale para nosotros.

La existencia del inconsciente

“Los Hombres se creen libres porque ellos son conscientes de sus voluntades y deseos, pero son ignorantes de las causas por las cuales ellos son llevados al deseo y a la esperanza.”

-Baruch Spinoza

Si nuestros actos se deben en una medida mayor de la que creemos a razones que no conocemos, a factores inconscientes que no controlamos, esto mina las condiciones de racionalidad y de control que forman parte del concepto de libre albedrío. Sólo voy a dar un dato: se calcula que el cerebro humano maneja 11 millones de bits de información por segundo y que de esos 11 millones sólo 16-50 bits de información son conscientes. Creo que el dato es lo suficientemente elocuente. Hay toda una literatura en psicología sobre el implicit bias y la que se llama situacional10 en la que se ve que por ejemplo los jueces dictan condenas más leves a personas guapas y a mujeres o que no dan libertad condicional antes de la comida y la dan en un 60 por ciento después de comer con el estómago lleno11. Los jueces creen que están decidiendo en base a los datos del expediente pero está influyendo un factor, que ellos desconocen y no controlan, y están decidiendo influidos por esos factores inconscientes. Hay miles de ejemplos  de estos sesgos y no abundaré en ellos, creo que mi punto está suficientemente argumentado.12

La suerte. La hipótesis del mundo justo

La suerte es un factor del que nuestra cultura no quiere hablar. Existe la llamada “hipótesis del mundo justo”13 que plantea que el mundo es justo y que a la gente buena le pasan cosas buenas y a la gente mala le pasan cosas malas. Y que si te pasa algo malo pues será porque algo malo habrás hecho. Es la filosofía del “si quieres puedes”, de que todo el mundo puede llegar a presidente de Estados Unidos y de que si te esfuerzas triunfas, y si eres pobre es porque eres un vago. Evidentemente esto es absolutamente falso. Es verdad que la gente que triunfa se ha esforzado pero también lo es que la mayoría de los que se esfuerzan no triunfan. Pero no podemos dar ese mensaje a la gente porque cundiría el pánico. No podemos decir a la gente que la pobreza se hereda, que tus ingresos y riqueza dependerán del país del mundo en el que hayas nacido y de la clase social en la que hayas nacido.

Hay estudios que demuestran que existe una relación entre ambientes pobres e inestables y la delincuencia14. La precariedad da lugar a estrategias vitales cortoplacistas: conductas antisociales, experiencias sexuales tempranas, consumo de drogas, más promiscuidad sexual y menos inversión parental, y mortalidad temprana. La pobreza da lugar a impulsividad, falta de autocontrol y delincuencia pero también a una alteración del desarrollo del cerebro y de sus funciones cognitivas que algunos han estimado equivalente a una pérdida de 13 puntos en el Cociente Intelectual15.

Auto-control

“Puedo hacer lo que deseo: Si puedo, si lo deseo, dar todo lo que tengo a los pobres y por lo tanto hacerme pobre yo mismo -si lo deseo. Pero yo no puedo desear esto, porque los motivos opuestos tienen demasiado poder sobre mí para poder hacerlo. Por otro lado, si tuviera un carácter distinto, al extremo de que yo fuera un santo, podría desearlo. Pero entonces no podría dejar de desearlo por lo que tendría que hacerlo… tampoco como una bola en una mesa de billar no se puede mover antes de recibir un impacto, tampoco puede un hombre levantarse de su silla antes de ser jalado o impulsado por un motivo. Pero el pararse es tan necesario e inevitable como el rodar de una bola después del golpe. Y esperar que alguien haga algo a lo que absolutamente ningún interés lo impulsa… Es lo mismo que esperar que un trozo de madera se mueva hacia mí sin ser jalado por una cuerda…”

-Schopenhauer

Quiero tocar este punto porque para muchos autores (el eminente psicólogo Roy Baumeister, por ejemplo) libre albedrío es equivalente a autocontrol o “fuerza de voluntad”. Los animales actúan por instinto, hacen sus necesidades sin ninguna reflexión, o sin tener en cuenta otras consideraciones, pero nosotros no, nosotros controlamos nuestros instintos.

En mi opinión, lo que llamamos auto-control es en realidad hetero-control y es muy dudoso que implique libertad. Cuando yo no hago algo que quiero hacer y aplico un veto (algunos llaman free won´t a esta capacidad de veto que supuestamente implica libertad) nunca lo hago desde una voluntad libre sino que lo hago por fuerzas y razones que actúan sobre esa libertad como contrapeso , inclinándola a frenar una acción que quería realizar en primera instancia. Por ejemplo, si no me como un trozo de tarta de chocolate porque tengo miedo a engordar y a que mi novia me deje o a que la gente se ría de mí y me llame gordo, no creo que a eso se le pueda llamar libertad. Si no robo un reloj por miedo a ir a la cárcel o si no le robo 50 euros a mi abuela por miedo a lo mal que me voy a sentir luego y a los dolorosos sentimientos de culpa que me asaltarán, tampoco creo que eso sea la actuación de una voluntad no determinada por nada.

La neurociencia no ha encontrado ningún homúnculo en el cerebro, ningún núcleo que no este conectado con todos los demás y que por lo tanto no se vea influido por todas las causas previas

En estos casos la voluntad no es libre sino que actúa por unas razones que muchas veces son los intereses de los demás más que los míos. Sin embargo, consideramos habitualmente que mi verdadero yo es el que se pliega ante lo aceptado como “bueno o moral”. Un ejemplo: hace calor y me gustaría ir al trabajo en pantalón corto y chanclas. Pero como eso no está aceptado voy con traje y corbata. En teoría, estoy ejerciendo mi autocontrol y mi voluntad libre. Según mi visión estoy siendo hetero-controlado por los intereses del grupo y es muy dudoso llamar a eso libertad.

En moral siempre lo bueno es lo que beneficia al grupo. Si existe la moral es porque somos criaturas sociales, no existe ninguna necesidad de moral en seres no sociales porque no existe el daño al otro. La moral son, simplificando mucho, las normas de tráfico para vivir en sociedad. Podríamos decir que la moral es una aplicación que el grupo instala en nuestro polo prefrontal para que nos sujetemos a los intereses del grupo y no trastornemos la convivencia social. Los psicópatas serían, según esta visión, personas que no tienen esta aplicación instalada en su polo frontal. Voy a poner para cerrar este apartado lo que le dice un psicópata a Kevin Dutton , autor del libro The Wisdom of Psycopaths. Dutton se dedicó a entrevistar a psicópatas encarcelados y uno de ellos le hace esta inquietante pregunta:

“No dejes que te engañe tu cerebro, Kev, con todos esos exámenes que no te dejan ver la realidad. Solo hay una diferencia entre tú y yo: Yo lo quiero y voy a por ello, tú lo quieres y no vas a por ello. Estás asustado Kev, tienes miedo. Tienes miedo de todo, lo veo en tus ojos. Miedo de las consecuencias. Miedo de que te cojan. Miedo de lo que pensarán. Miedo de lo que te harán cuando vengan a llamar a tu puerta. Tienes miedo de mí. Mírate. Tienes razón, tú estás fuera y yo estoy aquí dentro. Pero…¿quién es libre, Kev? Libre de verdad, quiero decir. ¿Tú o yo? Piensa en ello esta noche. ¿Dónde están los barrotes de verdad Kev? ¿Ahí afuera ?(señala la ventana). ¿O aquí dentro?” (y se toca la sien)”

Dualismo

“El cuadro que emerge del análisis científico no es el de un cuerpo con una persona dentro, sino el de un cuerpo que es una persona.”

-BF Skinner

Creer en el libre albedrío implica seguir manteniendo un dualismo, es seguir creyendo que hay algo “espiritual” “mental”, etc., que está al margen del cuerpo. Todo tiene causas previas pero si creemos en el libre albedrío pensamos que hay algo que no es afectado por genes, ambiente y azar; algo que está ahí “flotando” valorando todo fría y racionalmente y decidiendo al margen de la historia causal previa que tienen los actos. Esto es científicamente imposible, la neurociencia no ha encontrado ningún homúnculo en el cerebro, ningún núcleo que no este conectado con todos los demás y que por lo tanto no se vea influido por todas las causas previas.

Meseta Moral, diferencias y limitaciones psicológicas

Creer que tenemos free will es juzgar a todas las personas por igual. Es creer que a partir de cierta edad todos alcanzamos un grado de desarrollo moral en el que somos iguales, es decir, subimos a una meseta moral (es un concepto de Bruce Waller, ver16) donde todos tenemos las misma capacidades de hacer lo moralmente correcto. La realidad es que no todos tenemos las mismas capacidades y condiciones que sabemos que influyen en la conducta moral como el autocontrol o “fuerza de voluntad”, control de impulsos, intensidad del deseo sexual, etc. Esto no se hace en otras esferas de la vida. Si Ronaldo mete 50 goles o Usain Bolt corre los 100m en menos de 10´ no pensamos que todos lo podemos hacer. Pero si yo no robo me creo que alguien nacido en Vallecas o en las favelas de Río de Janeiro, hijo de unos padres traficantes y drogadictos, también puede no robar.

Existen datos para pensar que existe un cerebro moral o, por lo menos, que muchas cualidades que tienen que ver con nuestra capacidad moral (control de impulsos, disposición al riesgo, gusto por la novedad, fuerza de voluntad o capacidad de esfuerzo, etc.) pueden variar de forma natural y por lo tanto dar lugar a capacidades morales que no son iguales en todas las personas.

El cerebro no es libre, no es una tabla rasa y nacemos con una serie de reglas, programas, y algoritmos implementados

Esto lo podemos demostrar en casos extremos. Es un clásico el caso de Phineas Gage que tras sufrir un accidente que afectó a su polo prefrontal cambió de ser una persona formal y cumplidora a ser un informal incapaz de mantener un trabajo. Antonio Damasio ha estudiado casos de personas con tumores o accidentes cerebrovasculares en la región ventromedial del polo prefrontal y se puede apreciar en ellos que aunque la inteligencia es normal y no se ve afectada, su conducta se psicopatiza: juego patológico, inconstancia en el trabajo, violaciones de normas, incapacidad de asumir sus responsabilidades como padres o maridos, la mayoría se divorcian, pierden el trabajo, etc. Si esto ocurre por alteraciones posteriores al nacimiento es lógico pensar que esas mismas variaciones pueden venir implementadas de “fábrica” y que lo mismo que hay una variación en la altura también la hay en la capacidad de cumplir las normas sociales.

La evolución

Aunque nos resulta profundamente antipático, la teoría de la evolución nos dice que somos vehículos diseñados por nuestros genes para hacer copias de sí mismos. El cerebro lo crean los genes para hacer copias de sí mismos. El cerebro no es libre, no es una tabla rasa y nacemos con una serie de reglas, programas, y algoritmos implementados. No voy a extenderme porque el tema es vastísimo pero voy a poner un ejemplo simple: nosotros no elegimos querer vivir, la decisión de querer vivir no es fruto de una decisión razonada y libre.

Somos marionetas manejadas por los genes y por el ambiente, somos gentes y ambiente pero no elegimos ninguno de los dos

Existe el llamado sesgo optimista17, como todo ser vivo queremos vivir y eso no es una decisión racional. Otro ejemplo: las chicas quieren estar delgadas, aparentar juventud, una cintura estrecha… Todo ello son signos de fertilidad y es precisamente lo que atrae a los hombres. Ellas dirán que quieren estar delgadas porque se les ha ocurrido a ellas pero qué casualidad que sea lo que los genes de una mujer necesitan que haga esa mujer para hacer más copias de sí mismos. Y a las chicas les gustan los chicos fuertes, listos y guapos. Y esto también indica buenos genes y un individuo del otro sexo con el que es buena idea intercambiar genes porque tiene las condiciones necesarias para que sus hijos sobrevivan mejor y se reproduzcan… De nuevo qué casualidad que les guste lo que sus genes precisan… En todas las culturas el grupo más violento de la población son los hombres jóvenes, nunca las mujeres postmenopáusicas… es decir, hay leyes biológicas que determinan nuestros deseos y las cosas que podemos incluso pensar o no pensar. Somos marionetas manejadas por los genes (y por el ambiente, somos gentes y ambiente pero no elegimos ninguno de los dos)

Lo Posible Adyacente

Tú puedes hacer lo que siempre haces, pero en algún momento de tu vida sólo podrás hacer una actividad definida, y no podrás hacer absolutamente nada que no sea esta actividad.

-Schopenhauer

A mi modo de ver, si existiera el libre albedrío la sociedad sería muy diferente. Por ejemplo, no habría obesidad, no habría drogadictos, no habría jugadores patológicos, ni personas que no pueden dejar de fumar, ni habría depresiones. La persona obesa usaría su libre albedrío para hacer ejercicio y cuidar la dieta y así quedaría solucionado el problema de su obesidad. Y lo mismo en muchos otros casos y situaciones. Pero no es esto lo que vemos, lo que vemos es que en cada momento la gente no puede querer otra cosa que lo que quiere y que, como dice Schopenhauer, sólo hay una posibilidad a su alcance.

El físico Stuart Kauffman ha puesto en circulación la idea de lo Posible Adyacente. En cada momento, la biosfera, el Universo y cada uno de nosotros, se expande hacia lo posible adyacente. Un reptil no puede desarrollar alas de golpe o en la Edad Media no era posible inventar un iPhone. Todo debe seguir una evolución: primero se descubre la electricidad, luego los transistores, luego los ordenadores y luego el iPhone. Esto explica el hecho de que muchos descubrimientos se han realizado a la vez por diferentes personas, los ejemplos son miles. La explicación sería que ese descubrimiento ya estaba en el posible adyacente. La propia selección natural es un ejemplo. Tanto Darwin como Wallace la descubrieron casi a la vez y podemos estar seguros de que si no hubieran sido ellos algún otro científico la habría descubierto, pero el mundo no se habría quedado sin conocer la teoría de la selección natural.

Los cambios en la vida de las personas siguen también esta regla. Ocurren cuando son posibles, no cuando quiere la voluntad. Voy a poner un ejemplo. El psicólogo Walter Mischel, autor del famoso experimento del test de la golosina, era un empedernido fumador que no conseguía dejar de fumar. En los años 50 se publicó el informe del Cirujano General de USA confirmando la relación entre el tabaco y el cáncer de pulmón, pero Mischel no dejó de fumar.

Empeñarnos en conseguir algo que no está al alcance de los pacientes sólo va a provocar frustración y desesperanza.

Sin embargo, un día que estaba de visita en un hospital vio a un enfermo pintado de verde al que iban a radiar por un cáncer de pulmón y el impacto de esta visión hizo que dejara de fumar. ¿Dejó Mischel de fumar por un acto libre de su voluntad? A mi modo de ver, desde luego que no. Dejó de fumar por una razón que antes no se había presentado en su vida. Si todo dependiera de una voluntad libre su voluntad podría haber conseguido dejar de fumar 5 o 10 años antes pero, según el concepto de Kauffman, en aquel entonces dejar de fumar no se  encontraba en el posible adyacente de Mischel.

Creo que este es un concepto que psicólogos y psiquiatras deberían entender y aplicar en su práctica. Sería muy importante conocer si los cambios que queremos conseguir en los pacientes están o no en su posible adyacente (desgraciadamente, no existe un método científico para hacerlo). Empeñarnos en conseguir algo que no está al alcance de los pacientes sólo va a provocar frustración y desesperanza.

A  un nivel filosófico el concepto de Posible Adyacente nos transmite una idea del Universo como un todo, como un único suceso. Creo que cuestiona el concepto de causalidad como tal, la propia existencia de causas y efectos. Entendido de esta manera, sólo existe un único suceso en el Universo, el propio Universo que se va “desplegando” y va cambiando y evolucionando. Nada es causa de nada.

Consecuencias negativas de la creencia en el libre albedrío

Los del norte no debemos sentirnos demasiado moralmente superiores a los esclavistas del sur porque si estuviéramos situados donde ellos están actuaríamos y sentiríamos como ellos; y si ellos estuvieran situados como estamos nosotros actuarían y sentirían como nosotros; y no debemos perder de vista este hecho al tratar este asunto.

-Abraham Lincoln

Una vez expuestas todas estas razones, creo que la creencia en el libre albedrío es no sólo errónea sino perjudicial para la sociedad por su asociación con la hipótesis del mundo justo, entre otras razones. Creer en el libre albedrío ayuda a mantener el statu quo y a que las élites sigan disfrutando de su privilegios. Según esta visión, la causa de los problemas y desigualdades son individuales, no sociales. Ayuda a que las mayorías sean dominadas por las minorías, encima con su beneplácito haciendo creer a los más desfavorecidos que ellos tienen la culpa de su situación. Una sociedad sin la creencia en el libre albedrío sería más solidaria y se esforzaría más en repartir la mala suerte y en no abandonar a su suerte a los más pobres y desfavorecidos, tanto económica como psicológicamente.

La creencia en el libre albedrío es no sólo errónea sino perjudicial para la sociedad

No creer en el libre albedrío promovería un sentido mayor de solidaridad, igualdad y empatía con los menos favorecidos así como un sentido de gratitud por la posición de uno en la vida. A la hora de resolver los problemas y las diferencias partiríamos de una posición totalmente diferente, mucho más tolerante y abierta de la que partimos ahora, como vemos en la cita de Lincoln, conocido por su determinismo. Los problemas derivados de un choque de ideologías seguirían siendo muy difíciles de resolver, pero sería un avance partir desde otra visión del mundo totalmente diferente.

Consecuencias negativas de la creencia en el libre albedrío en Psiquiatría

Algunas consecuencias derivadas de la creencia en el libre albedrío que afectan al campo de la Psiquiatría y Psicología serían las siguientes:

  1. Impide que se reconozcan las trastornos mentales como enfermedades. Si yo soy libre puedo cambiar mi conducta, esforzarme, poner de mi parte y salir de la depresión o de la adicción. Desde la visión de la creencia en el libre albedrío estas situaciones no son enfermedades sino debilidades morales. Los enfermos y familias no buscarán ayuda si no creen que esto es una enfermedad.
  2. Aumenta el estigma de la trastorno mental, o de otras enfermedades en general. Ahora estamos viendo el estigma de la obesidad: son unos vagos y perezosos que no se esfuerzan y se ponen morados a chocolate. Se lo merecen y les vamos a cobrar más en los aviones y van a pagar una parte de la atención sanitaria porque ese gasto es evitable si cambian su conducta y es evidente que pueden cambiarla.
  3. Aumenta la culpa y la vergüenza de las personas con trastornos mentales. Les hace sufrir doblemente: por su enfermedad y por ser los causantes de su enfermedad. Esto puede dificultar su atención y su búsqueda de ayuda también.
  4. Entorpece la relación médico-paciente: Si creemos en el libre albedrío es más fácil que juzguemos a los pacientes, y que les juzguemos negativamente por sus conductas inadecuadas y por no corregirlas. No creer en el libre albedrío ayudaría a aceptar al paciente, a darnos cuenta de que está haciendo todo lo que puede hacer. Se sentiría más escuchado y atendido. Veríamos sus limitaciones psicológicas, que normalmente no se ven y esto disminuiría el sufrimiento de los pacientes.

Conclusiones

“Toda la teoría está en contra del libre albedrío; toda la experiencia a favor.”

-Samuel Johnson

Creo que el debate acerca de la existencia o no del libre albedrío sigue sin resolverse porque diferentes sistemas psicológicos dan diferentes respuestas al mismo problema; chocan dos intuiciones profundas e incompatibles de la mente humana.

Escojamos la respuesta que escojamos una mitad de nosotros no queda satisfecha, por lo que básicamente el dilema no tiene solución. Una parte lógica, abstracta o “fría” nos dice que todo efecto tiene causas previas y que el universo es determinista, pero cuando hay un daño y alguien comete un asesinato, por ejemplo, el sistema “caliente” se dispara y nos dice que el sujeto es responsable y se merece el castigo.

Estos sistemas psicológicos tienen su origen en la selección natural y es lógico pensar que la creencia en el libre albedrío es adaptativa para el ser humano y está cableada por tanto en nuestra mente. Tenemos unos instintos retributivos que nos llevan a castigar las acciones que causan un daño; estas acciones despiertan en nosotros unas “emociones reactivas”, como las llamaba el filósofo P. F. Strawson padre de Galen Strawson, como la ira y el deseo de castigo y de reparación, y en estas emociones podemos trazar el origen de nuestra creencia en el libre albedrío. En este sentido es significativo que atribuyamos más libre albedrío a las acciones malas que a las buenas18, algo que demuestra también el llamado efecto Knobe19.

A pesar de ello, creo que la pérdida de la creencia en el libre albedrío es la próxima frontera en la evolución moral humana. Las neurociencias la están poniendo en cuestión y este cambio en la forma de pensar ya está empezando a tener repercusiones en el sistema legal y en la aplicación de la justicia. Cambiar la creencia en el libre albedrío supone una reestructuración de la sociedad en muchos sentidos y es de esperar que las resistencias van a a ser muy fuertes. También se decía que si dejábamos de creer en Dios no existiría la moral y nos comeríamos los unos a los otros. Vemos que esta profecía no se ha cumplido. Podemos construir un mundo sin la creencia en el libre albedrío, un mundo mejor y más habitable para todos, y en especial para las personas con trastornos mentales.

Sigue a Pablo Malo Ocejo en Twitter como @pitiklinov.

Referencias

  1. Gerben Meynen. Free Will and mental disorder: Exploring the relationship. Theor Med Bioeth (2010) 31: 429-443
  2. David Eagleman. Incógnito. Las vidas secretas del cerebro. Editorial Anagrama. 2013
  3. David Eagleman. The Brain on Trial. The Atlantic July/August 2011 Issue. http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2011/07/the-brain-on-trial/308520/
  4. Galen Strawson. Freedom and Belief Oxford University Press. 2010
  5. Derk Pereboom. Living without free will. Cambridge UNiversity Press 2010
  6. Frankfurt Harry (1969)Alternate posibilities and moral responsability. Journal of Philosophy 66 829-839
  7. Hagop Sarkissian y cols. Is belief in free will a cultural universal? Mind & Language, vol 25 nº 3 June 2010 pp 346-358.
  8. David Bourget y David Chalmers. What do philosophes believe? Philosophical studies. September 2014 Volume 170 Issue 3 pp 465-500
  9. Sergi Rossell Nagel y Williams acerca de la suerte moral. Revista de Filosofía Vol 31 nº 1 (2006): 143-165
  10. Implicit Bias. Kirwan Institute for the study of race and ethnicity. State of the sciencie:implicit bias review 2014 . http://kirwaninstitute.osu.edu/wp-content/uploads/2014/03/2014-implicit-bias.pdf
  11. Danziger Shay, Levav J y Avnaim-Pesso L. Extraneous factors in judicial decisions. PNAS 2011 vol 108 nº 17 6889-6892
  12. El autor habla de factores inconscientes que afectan la conducta. Sin embargo hay que aclarar que el autor no se está refiriendo a las causas inconscientes del psicoanálisis.
  13. Dalbert, C. (2009). Belief in a just world. In M. R. Leary & R. H. Hoyle (Eds.), Handbook of Individual Differences in Social Behavior (pp. 288-297). New York: Guilford Publications
  14. Minkow M y Beaver K.  A test of life history strategy theory  as a predictor of criminal violence across 51 nations. Personality and individual differences July 2016 Volume 97: 186-192
  15. Mani A y cols. Poverfty impedes cognitive function Science 2013 Vol 341 Issue 6149: 976-980
  16. Bruce Waller. The Stubborn system of moral responsability. Massachusetts Institute of Technology 2015.
  17. Tali Sharot. The Optimism Bias. Why we are wired to look on the bright side. Robinson 2012
  18. Feldman G y cols. Bad is freer than good: positive-negative asymmetry in attributions of free will. Consciousness and cognition 2016 Volume 42:26-40
  19. Knobe, J. “Intentional action and side effects in ordinary language”. Analysis 63 (3) pp. 190–194, 2003.  

15 Comentarios

  1. Hola Pablo, me gustó mucho tu artículo y me parece sumamente reflexivo. Al final, me ha dejado con algunas dudas. Dices que el libre albedrío no existe en tanto una serie de bifurcaciones en la toma de decisiones, que las decisiones son más contextuales y causales y que biológicamente y socialemente estaríamos predispuestos a ciertas acciones o posturas. Mi posición respecto a lo que afirmas es muy parecida a la tuya, pero ¿es posible minimizar la responsabilidad del individuo en sus acciones? pareciera que estarías dispuesto a justificar el comportamiento de una persona, en cualquier caso, con base en su entorno, su fisiología, sus relaciones, etc. Si bien considero que el libre albedrío pudiera no existir y que la moralidad guía nuestros actos (en el mejor de los casos), aún tengo ciertas reservas a contemplar una falta en la toma de decisiones. Estas pueden, o no, ser racionales, pero el indivuo que las toma, ¿debería estár libre de toda responsabilidad sobre ellas? ¿bajo qué circunstancias es posible afirmar esto? y ¿será posible extirpar esta idea de un colectivo?
    Respecto a lo del mundo feliz con base en la negación del libre albedrío, quedé encantado. Es cierto que el albedrío individualiza a la sociedad, y que su negación haría más factible una convivencia sana y empática pero ¿podría esto, estar en el posible adyacente de la sociedad humana? o ¿simplemente actuamos como nos lo exige el momento socio-histórico que vivimos? En este sentido, quizá la posibilidad del libre albedrío sólo funciona como un aliciente a las necesidades morales y sociales de los humanos de hoy. Me preguntó ¿qué pasará mañana?

    Saludos

  2. Hola Alejandro,

    La cuestión que planteas va siempre de la mano la del libre albedrío: la de la responsabilidad moral (y legal). Aceptar el libre albedrío sería un reto para nuestro sistema judicial que no sabemos cómo enfrentar, pondría todo patas arriba. Como ejemplo de la relación entre ambas cosas este estudio que encuentra relación entre creer en el libre albedrío y apoyar sistemas de castigo más duros y una mayor intolerancia hacia las conductas poco éticas: http://www.pnas.org/content/114/28/7325.abstract
    No está resuelta la cuestión pero te puedo dar algunas línea de pensamiento sobre por dónde podrían ir las cosas en el futuro.

    Primero quería señalar que creer en el libre albedrío probablemente es adaptativo desde el punto de vista de la evolución. En tiempos ancestrales no habría sido eficaz pensar que la voluntad de las personas no es libre. Para poder castigar a las personas era mucho más fácil atribuirles una voluntad libre. Pero hace milenios no teníamos la ciencia que tenemos ahora y esa ciencia hace difícil la existencia del libre albedrío.

    Una posibilidad es actuar como se actuaría en una infección por ébola, imagínate. El filósofo Greg Carusso habla de ello: http://nebula.wsimg.com/6397241f2c023fab89889057fc21b735?AccessKeyId=57C0F200619988621A8D&disposition=0&alloworigin=1
    Básicamente la cuestión es actuar en base a las consecuencias y no a las intenciones de un acto. A la persona infectada de ébola la aislamos y ponemos en cuarentena y no tenemos en cuenta si cogió la infección de forma voluntaria o no, eso es secundario. Sólo nos fijamos en que la persona es un peligro y la aislamos. Esto mismo lo podríamos hacer con un psicópata o delincuente. Yo, por ejemplo, estoy muy convencido de que los psicópatas son enfermos mentales y que tienen una alteración de las estructuras cerebrales que tienen que ver con la moralidad y con el auto control. Pero soy partidario de su ingreso en prisión para proteger a la sociedad. Creo que se puede separar ambos aspectos y que se puede castigar sin hacer a la persona responsable de sus actos.

    Entiendo que el tema es muy complejo pero si los hallazgos de la ciencia siguen yendo en la dirección actual creo que habrá que hacer una reflexión y organizar nuestro sistema judicial de otra manera. Te recomiendo este libro de Greg Carusso: https://www.amazon.co.uk/Exploring-Illusion-Free-Moral-Responsibility/dp/1498516211/ref=sr_1_22?ie=UTF8&qid=1500995240&sr=8-22&keywords=moral+responsibility y en general sus artículos: http://www.greggcaruso.com/practice-areas.html

    y también este libro de Bruce Waller, que sí cree en el libre albedrío pero piensa que no existe la responsabilidad moral y te da muchos argumentos de por qué está mal y es perjudicial creer en la responsabilidad moral: https://www.amazon.co.uk/Stubborn-System-Moral-Responsibility/dp/0262028166/ref=sr_1_23?ie=UTF8&qid=1500995240&sr=8-23&keywords=moral+responsibility

  3. Ética y moral no es lo mismo. Y por más que existan condicionantes a una desición en particular (o a todas ellas, toda nuestra conducta o vida) existe y sin la menor duda, un punto, un “núcleo”, un instante o hasta un “insight” en donde cada humano tiene total dominio y control en conocimiento real e intuitivo de lo que decide hacer. No somos robotitos, ni rebaño, ni masa, ni estúpidos inocentes…. eso se lo dejamos a los buenistas de sofá, a los buenudos ideológizados hasta el fanatismo, a los totalitarios esclavistas que usan al montón pretendiendo ser sus “benefactores”…ah y también a los cultores del hipócrita “pensamiento políticamente correcto” y los anti-sistema.
    Que hasta el más bruto y el peor de los peores…o hasta un “tarzán” recién salido de la jungla, sabe que es bueno y que es malo. Y que salvo secuestro o amenaza de torturas o muerte inmediata o tener que escuchar a Arjona o a los discursos politiqueros de los medradores de los parlamentos del mundo, sabe y sabrá hacerlo o negarse (lo que sea).
    En Argentina una parte de la justicia, los llamados “zaffaronianos garanto-abolicionistas” en base a una de las ideas desprendidas y algún aporte (o desaporte) sociológico, se protege y promueve y cuida al “malo” y se castiga a las victimas. Claro que en Argentina casi no existe la justicia y solo el 1% de los delitos lleva alguna tibia condena. Es el reino del revés de la cambalachera peronia.

  4. Muy interesante y bien explicado! gran aporte, deja pensando (aunque ya he leído algo -poco- sobre los distintos tipos de determinismo). Saludos.

  5. Le felicito por su artículo porque está muy bien explicado. Se entiende todo a la perfección.
    Entiendo que no se pueda extender indefinidamente en su explicación, pero hay cosas que creo que se ha dejado en el tintero, como el espinoso tema del suicidio. En su artículo escribe textualmente “nosotros no elegimos querer vivir, la decisión de querer vivir no es fruto de una decisión razonada y libre”. Diría que esta frase choca con el suicidio de una cantidad bastante elevada de personas que no tienen ninguna “patología”, sino que toman la decisión de dejar de vivir por motivos como el orgullo, la venganza, el desamor, el honor, etc. Si la decisión de querer vivir no es fruto de una decisión razonada y libre, aquellos casos en los que el novio/a se suicida por venganza después de descubrir que su pareja le era infiel (por poner uno de los mil ejemplos posibles) tampoco serían fruto de una decisión razonada y libre no? en cambio bien que la razonan en sus escritos antes de darse muerte, dejando en algunos casos largas notas o cartas explicando el motivo por el que se suicidan de manera razonada.
    En definitiva, es un tema muy interesante al que le podemos dar vueltas hasta el resto de nuestras predeterminadas vidas. 😛

  6. Hablando del suicido mirad lo que se dice en el libro La Pérdida Inesperada, de Dulce Camacho Regalado
    “Algunas personas se plantean si el suicidio es realmente una elección, una opción libre.Como afirma Adina Wrobleswki, en su libro Suicide, Why? (Afterwords 1989): “¿El suicido es una elección? Elección implica que una persona suicida puede contemplar razonablemente varias alternativas y optar por una de ellas. Pero si pudiera racionalmente elegir, no llegaría al suicidio. El suicidio ocurre cuando…no existe la capacidad de ver otras opciones.”

    Creo que va en la línea de lo que yo planteo en la entrada, para que sea una elección libre el sujeto tiene que poder hacer las dos cosas: suicidarse y no suicidarse, y entonces con su voluntad libre va y decide suicidarse. Lo que yo veo en la clínica es que el que se suicida es porque no puede hacer otra cosa.

    Es difícil entender este punto de vista que intento transmitir porque requiere fijarse en lo que no se ve, en lo que no hacemos o no podemos. Para verlo le voy a dar la vuelta: yo no puedo suicidarme ahora mismo, soy razonablemente feliz, no tengo problemas de salud, ni una depresión y el suicidio no es una opción para mí. Yo no estoy ahora mismo eligiendo libremente entre vivir y no vivir, sencillamente no vivir no es una opción para mí. Pero si tuviera una depresión grave con un sufrimiento terrible y pensara que la única salida a ese sufrimiento es la muerte entonces lo que no sería una opción para mí sería seguir viviendo…

    No sé, espero haberme explicado…
    Gracias por comentar. Entiendo que el tema está abierto y ni la filosofía ni la ciencia ha dicho la última palabra sobre ello. Les recomiendo el libro Homo Deus de Yuval Harari donde creo que es en el capítulo 8 habla de este tema y es de mi misma opinión

  7. Creo que siempre queda un margen para el libre albedrío. Siempre podemos elegir algo entre lo que se nos presenta. Nuestras elecciones a su vez harán que se nos presenten diferentes escenarios que no podemos elegir. El margen es bajo pero existe y siempre dependerá de cosas que no hemos podido elegir.
    He descubierto ultiamente que hay psicólogos y psiquiatras que hablan de la pedofilia como una orientación sexual más, que no se elige, que no se cura, solo se puede reprimir el pasar a la acción y por supuesto debe ser perseguida pues es una orientación que puede causar daño a niños que nunca van a poder consentir. Pero a nivel cerebral es equiparable a la homosexualidad.

  8. Si eliminas los términos triunfar y fracasar, y substituyes moral por ética y raciocinio por instinto, sería otra película muy diferente.

  9. Creo que ya es hora de derrumbar la CREENCIA en el libre albedrío y que la sociedad acepte de modo general que estamos sometidos por fuerza ya sea consciente o inconsciente a toda suerte de causas ajenas a nuestras decisiones.

    Los que piensan que tienen libertad para obrar que tengan en cuenta que hasta esa sensación de libertad que sienten les viene impuesta por procesos inconscientes que en modo alguno controlan, es decir son esclavos incluso de la sensación de libertad.

  10. Explicarse se explica usted perfectamente. Es un tema elemental al que el ser humano se tendrá que enfrentar en algún momento, aunque aun hay mucho que explicar al respecto. Gracias por dedicar su tiempo a responder a los que comentamos.

  11. Muchas gracias Pablo por este atractivo encadenamiento de pensamientos y la variopinta recopilación de los aportes teóricos sobre los que tu artículo transita. Me ha resultado muy formativa y -en todo momento- un desafío a enfrentarnos con supuestos y creencias que como bien se fundamenta en el escrito, por su sola condición, devienen incontrastables.

    Me pregunto a la vez si una postura definitiva -será que eso existe para algo?- está actualmente en zona del posible adyacente o aún muy lejos de acercarse a esa frontera. En cualquier caso, con materiales como el tuyo creo que más allá de lo que el estado del arte sugiera o explique, la zona de desarrollo próxima -en términos de Vygotsky- se ve sustancialmente enriquecida.

    El psicópata del ejemplo que señala la libertad llevando la mano a si sien sólo muda el domicilio de la prisión. De lo contrario, al menos en los psicópatas el libre albedrío estaría garantizado. Como psicólogo, lo que me quedó claro es que lo estaba psicopateando. Adhiero a tu creencia respecto del que el psicópata bien puede ser la consecuencia de una disfunción en el lóbulo prefrontal -como la que descubre el Dr. Damasio en el famoso caso Gage- y más coincido que pese a eso deben estar aislados por el riesgo que suponen para el resto de la Sociedad.

    Estoy terminando de leer de Animales a Dioses y ya me imagino lo que disfrutaré de Homo Deus que será mi próxima lectura.

    Muchos saludos,

  12. Como siempre Pablo, brillante, te sigo en twitter y puedo decirlo con bases. El problema del libre albedrío es interesante y complejo como bien apuntas. Creo que una de las caras del problema es la forma en cómo conceptualizamos el libre albedrío, o mejor dicho, la libertad. El núcleo del problema son los absolutos, no creo que sea posible la existencia del libre albedrío como instancia “neutra” y “libre de determinaciones” en la que se puede deliberar un nuevo curso de acción; de igual manera , un enfoque determinista, absoluto, haría imposible la responsabilidad y la creación de nuevos espacios humanos, y lo digo aceptando lo que señalas como “Posible adyacente” de Kauffman, que puede estar condicionado por lo ya producido pero que hay un salto de novedad que no viene directamente de esas condiciones anteriores, también el sujeto creador cumple un papel aún no inscrito en esas posibilidades aunque viene de ellas.
    Si bien el azar y la necesidad forman una unidad como sostenía Jacques Monod, podríamos decir que el azar “es la libertad de la naturaleza”, salvo que me digas que no existe el azar, Monod dice que ha habido algún momento inicial en la estructura de un ser viviente que posteriormente fue recogido por las leyes de la selección natural y que dió lugar al encadenamiento de progresos evolutivos, de lo contrario ¿sobre qué actuó la selección natural?. En el caso del ser humano , podemos ver que quienes tienen el poder “domestican” a quienes son sometidos y la causa de su pasividad puede estar o podemos encontrarla en ese condicionamiento ¿pero qué ha hecho posible las revoluciones humanas sino las posibilidades de reacción de la gente? ¿Por qué las personas pueden reaccionar de diferente manera frente a los mismos estímulos? Sé que se podría decir que se debe a diferentes condicionamientos o trayectorias de condicionamiento , pero ¿sabes qué posibilita en alguna medida esa posibilidad de respuesta, que podríamos considerarla un resquicio de relativa libertad? El desarrollo de la conciencia.
    Estimado Pablo, si eres conciente de cómo la realidad nos influye , y si sabemos que existe la determinación, la influencia, la interacción, entonces ese conocimiento genera algún margen relativo de libertad, esa es la gran enseñanza de Hegel y los materialistas posteriores a él. Entonces la libertad no sería la ausencia de determinación ni la anulación de influencias, eso no es posible, sino lo que corresponde a una determinada actividad que tenga en cuenta las leyes de la naturaleza ( y de la sociedad si es que éstas existen), así se reduce la contingencia o el azar ¿no es , acaso, menos probable que se deteriore la salud si se conoce el daño del consumo excesivo de grasas y que por tanto, se evite ese exceso a través de la prevención? El conocimiento del papel de las grasas excesivas nos coloca en una posición distinta respecto a nuestro estado de salud previo a ese conocimiento y aumenta la responsabilidad del sujeto, más aún si me dices que esa persona podría tener un problema médico que hace incontrolable la ingesta de alimentos y que por eso “no puede evitar” consumir muchas grasas ¿esto hace inevitable la libertad de dicha persona? No, si es que conoce ese problema, porque podría hacer algo al respecto a través de la práctica médica. Obviamente su libertad puede estar restringida, eso es cierto.
    En otras partes dices una gran verdad, que hay muchas condiciones físicas, intelectuales o de interés que simplemente los tenemos y que no podemos elegir, pero el hecho que no podamos hacerlo no significa que no tengamos la posibilidad de evaluar esa característica ajena a nuestra voluntad, nadie elige ser varón o ser mujer, por ejemplo, pero ser varón no te impone una serie de conductas sobre las que no puedas hacer nada, puedes reaccionar frente a esa realidad no cambiante, si bien el cerebro no es una “tabla rasa” porque nacemos con predisposiciones, tampoco nos impone una única forma de conducta, ni siquiera dos personas calificadas de impulsivas son iguales ¿o sí?
    Con respecto a tu último punto “Consecuencias negativas de la creencia en el libre albedrío en Psiquiatría”, te puedo mencionar que tratas el tema de una forma excesivamente dicotómica : dices que o crees en el libre albedrío y el sujeto se culpa de no superar un problema; o aceptas que no hay libertad ¡¡¿Por qué?!! Igual con la enfermedad mental: o aceptas el libre albedrío y se refuerza el estigma de ser un enfermo; o aceptas que no hay libertad para buscar ayuda, igual con los demás puntos, pero ¿cómo hacer de un sujeto una agencia de responsabilidad si condenas a las personas a no ser instancias de auto administración de competencias y dosificación de impulsos? Lo que pasa es que los aprendizajes son progresivos y si, por ejemplo, un farmacodependiente en las fases iniciales de su tratamiento se le solicita que “se controle”, obviamente no lo hará, sería muy torpe pedirle eso, sabemos que con ”fuerza de voluntad” no es suficiente, pero ese es un aprendizaje paulatino , más adelante podrá seleccionar un entorno sano y amigos pro sociales.
    Parafraseo una frase final tuya pero le daré otro contenido:
    La última frontera de la evolución moral del ser humano es construir una sociedad en la que pueda ser libre, verdaderamente libre, en el sentido en que lo hemos descrito, es decir, que ponga al servicio de su desarrollo a las fuerzas de la naturaleza, a diferencia de lo que sucede ahora , que somos nosotros los que estamos al servicio de la acumulación económica.

  13. Encuentro interesantisimo el articulo y hace mucho que pensar.
    En cuanto a los estudios que demuestran que existe una relación entre ambientes pobres e inestables y la delincuencia, en mi opinion podria decirse que es inevitable (no habria libre albedrio… sin embargo habria que investigar màs sobre el consumo de drogas, la promiscuidad sexual y la inversion parental. En mi opinion, posiblemente sesgada, habria que especificar claramente las causas para evitar hacer la relacion “facil” entre pobreza y psicopatologia…

  14. Libre albedrio: (en lo referente al proceso de toma de decisión (consciente))
    Aun si restringiéramos el determinismo procedimental al ámbito físico (excluyendo al metafísico – por ej.: mental), ¿no deberíamos argumentar (razonamiento – arbitraria estructura de transporte de la confianza – mediante) como elegimos (incondicionada y conscientemente) de entre las opciones ponderadas de un proceso de toma de decisión (consciente)?
    – ¿Incondicionada intencionalidad? (oxímoron)
    Espero se entienda ésta pregunta retórica en la figura de un oxímoron. Misma, que pretende hacer explícito en el lector, la que considero deviene siendo una devastadora consecuencia – por ser ésta auto-contradictoria – del oxímoron – libre albedrio –.

    Consecuencias de un proceso de toma de decisión (consciente):
    Si aceptamos que un proceso de toma de decisión, básicamente consta de: la elección (consciente) de opciones ponderadas y posterior elección (consciente) de entre ellas. Entonces:
    1) Esas opciones ponderadas: ¿son condicionadas o incondicionadas?
    2) De ser incondicionadas: entonces me son involuntarios e inconscientes.
    3) De ser condicionadas: ¿son ajenas o propias?
    4) De ser ajenas, entonces me son involuntarios e inconscientes.
    5) De ser propias: ¿son producto de un previo proceso de toma de decisión (consciente)?
    6) De no serlo, entonces me son involuntarios e inconscientes.
    7) De serlo: ir a (1).
    ¿Qué número de iteraciones dieron cuenta de su última decisión (consciente)?
    Nota: fundamentalmente, intento plasmar las consecuencias de aplicar el argumento de la regresión al infinito a un proceso de toma de decisión (consciente).

    Opciones ponderadas de un proceso de toma de decisión:
    Las opciones ponderadas, constituyen los elementos del proceso de toma de decisión (procedimentalmente podría cuantificarse así: puntuación de cada factor ponderado multiplicada por el peso de cada factor ponderado, de cada opción ponderada).

    El problema, no es si el libre albedrío es o no es, sino: ¿que hacer con el dilema de la confianza?

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