Imagen de Diego Lima para La Nación

Historia Argentina que demuestra que la música es un poderoso recursos que puede trasformar la vida de los chicos que viven en contexto de riesgo:

Un grupo de chicos y de mujeres camina por las calles de tierra regadas de aguas servidas en villa La Tela, al sudoeste de esta ciudad. Por las ventanas abiertas de las casillas que pueblan el asentamiento se escucha la música de reggaeton que se funde con otra de cuarteto. Salvo en un salón pintado de un celeste luminoso. Allí suenan los violines, ejecutados por chicos de entre 8 y 18 años que conforman la Orquesta Benjaminos.

Después de ensayar, los músicos adolescentes salen a vender los 40 panes caseros que, a pocos metros, elaboran algunos mayores. Usan el dinero que recaudan para pagar los sueldos de los dos profesores que le enseñan a tocar y mantener en buen estado los instrumentos. A veces reciben alguna que otra donación. Campean, como pueden, los gastos sin subsidios estatales.

La prehistoria de la orquesta se remonta a diciembre de 2003, cuando la fuerza de un tornado destruyó alrededor de 150 casas en esta villa de 4000 habitantes que se distribuyen a lo largo y a lo ancho de 13 manzanas. Por ese entonces, Walter Díaz, que era un funcionario municipal, llegó a este lugar para ayudar en la reconstrucción. En medio del trabajo se interiorizó de las necesidades de los vecinos. Y un día se preguntó qué se podía hacer para proteger a los chicos del lugar, vulnerables frente a situaciones de delincuencia. “Hoy a la esquina la tiene la droga, la delincuencia -dice-. Ya no es más el ámbito para conversar y soñar.”

Los resultados sorprendieron a los padres que no tenían mucha fe en el proyecto:

“Queríamos sacar a los chicos de la calle, del consumo, darles contención -cuenta Díaz-. Salimos a preguntar qué querían hacer y unos dijeron que [tocar el] violín.”

Les llevó tres años conseguir los primeros seis. “¡Qué va a aprender, de dónde voy a sacar plata para eso!”, se rió el padre de uno los integrantes. Ocho meses después, le mostraron que estaba equivocado: tocaron en la basílica de la Merced.

Lee la historia completa en el diario La Nación.