técnica de la silla vacía

Desafortunadamente, son muchos quienes conocen la Terapia Gestalt sólo por la manida expresión del “aquí y ahora” y por la “técnica de la silla vacía”, una visión reduccionista que infravalora a una seria y trascendente corriente de la psicoterapia que algunos creen estar en condiciones de aplicar tras acudir a un par de seminarios informativos de apenas un fin de semana.

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Otro de los errores frecuentes (y también un nuevo cliché reduccionista) es relacionar automáticamente a la Terapia Gestalt con la conocida “oración gestalt” formulada por Fritz Perls en un contexto sociocultural muy concreto, como era el de la sociedad americana de los años sesenta, y que poco o nada tiene que ver con la evolución que ha experimentado la psicoterapia humanista que se practica bien entrado el siglo XXI.

Surge así, como introducción a este artículo, la cuestión de si la técnica de la “silla vacía” tiene —o sólo tuvo— su contexto sociocultural, y si es razonable considerarla como un elemento identificativo, paradigmático e incluso homologable a una corriente humanista tan amplia como es la Terapia Gestalt.

Vayamos pues paso a paso y comencemos por donde se suele empezar cuando se quiere dejar algo claro, en este caso, adentrándonos en los orígenes de la técnica de la silla vacía y en cómo como la incorporó Perls a la Gestalt.

Orígenes de la técnica de la silla vacía

El origen de la técnica de la silla vacía proviene del psicodrama del Jacob Levy Moreno, nacido en Bucarest en el seno de una familia judía sefardí que posteriormente emigró a Viena donde el joven Levy cursó los estudios de Medicina (especializándose en Psiquiatría) junto con los de Matemáticas y Filosofía.

Moreno es sobre todo conocido por ser el creador del psicodrama, una forma de psicoterapia inicialmente concebida como terapia grupal (fue también él quien acuñó el término de “terapia de grupo”) inspirada en el teatro de la improvisación.

Como método terapéutico, el psicodrama consiste en la representación o dramatización por parte del paciente de acontecimientos pasados o futuros, reales o imaginarios, externos o internos, experimentándolos al máximo, como si estuvieran sucediendo en el presente. En estas representaciones se utilizan diversas técnicas dramáticas —guiadas por ciertos principios y reglas— con unos determinados objetivos: darse cuenta de los propios pensamientos, sentimientos, motivaciones, conductas y relaciones, mejorar la comprensión de las situaciones, etc.

Históricamente el psicodrama representa el punto decisivo en el apartamiento del tratamiento del individuo aislado hacia el tratamiento del individuo en grupos, del tratamiento del individuo con métodos verbales hacia el tratamiento con métodos de acción.

El psicodrama pone al paciente sobre un escenario, donde puede resolver sus problemas con la ayuda de unos pocos actores terapéuticos.

J.L. Moreno

Varios modelos terapéuticos han adoptado esta metodología por ser una técnica muy proyectiva e impactante a nivel simbólico.

Introducción a la técnica de la silla vacía

Además de las habituales sillas destinadas al terapeuta y al paciente, en esta técnica entra en escena una tercera silla que nadie ocupa (la silla vacía), y en el transcurso de la sesión se exhorta al paciente a imaginar que está ocupada por “alguien” a quien deberá dirigirse como sí realmente estuviera allí. Podrá sentar en la silla tanto a personas vivas como muertas, del presente o del pasado, e incluso a personajes que sólo existan en sus sueños.

El participante proyecta imaginariamente en la silla vacía a una parte de su personalidad, una persona ausente, un sentimiento o una situación determinada con la que tiene un conflicto, comenzando así un dialogo. A continuación, el paciente, siguiendo la consigna del terapeuta, pasará a ocupar la silla vacía cambiando así de rol. Es decir, se establece un dialogo a expensas de cambiar de sillas y cambiar de roles.

Según los partidarios de esta técnica, esta confrontación permite al paciente enfrentarse a conflictos tanto actuales como del pasado. La intención puede ser, por ejemplo, verbalizar ante la silla vacía algo que no pudo decir en la infancia (por represión, por miedo o por cualquier otro motivo), surgiendo así un “efecto catártico” resolutivo.

Consideremos que también es posible ubicar en la silla no sólo a personas sino también a ciertos rasgos de la personalidad no reconocidos como propios por el paciente, con la finalidad de hacerlos conscientes y poder enfrentarse a ellos. E igualmente sentar en la silla a situaciones que supongan un conflicto, con la intención de teatralizar una escena que se dé con frecuencia en lo cotidiano, y poder contemplarla desde “afuera” con una objetividad que ayude a solventar el problema.

es posible ubicar en la silla no sólo a personas sino también a ciertos rasgos de la personalidad no reconocidos como propios por el paciente, con la finalidad de hacerlos conscientes y poder enfrentarse a ellos

Ya por último, en ocasiones, el terapeuta instará al paciente a que, con un esfuerzo de imaginación, transforme una situación que ha vivido y valore como habrían podido ser las cosas si hubiera reaccionado de un modo distinto.

Para resumir: la silla vacía pretende ser un instrumento a través del cual el paciente pueda escenificar una serie de roles para proyectarse y conseguir efectos catárticos.

Orígenes de la técnica de la silla vacía en la Gestalt

A fin de no mostrarme reiterativa con la historia de la Terapia Gestalt (ya tratada en muchos trabajos anteriores), haré directamente un escueto recorrido a través de las obras de Fritz Perls a fin de ubicar en el tiempo tanto el cuando como el cómo y el por qué de su decisión de incorporar la técnica de la silla vacía.

La intencionalidad de este recorrido bibliográfico es meramente orientativa para entender la metamorfosis experimentada en la mente, los criterios, la ideología, y en suma en la compleja personalidad de una figura como Fritz Perls que, al igual que Sigmund Freud y tantos otros tienen sus luces y sus sombras.

Yo, hambre y agresión (1947)

En esta obra, Perls establece las ideas originales que conformaron las bases de la teoría y la práctica de la Terapia Gestalt.

Se trata de una obra a caballo entre el psicoanálisis ortodoxo imperante en la época y el nacimiento de la Terapia Gestalt en 1951.

Perls planteó unas ideas como un revisionismo al psicoanálisis, ideas que conformarían los cimientos de la Terapia Gestalt: las resistencias orales, el valor positivo de las resistencias, el continuo de la consciencia, el holismo, y la regulación auto-organísmica.

Aunque quien fuera su esposa en esos momentos, Laura Perls, no firmó como coautora, sí que participó activamente en la redacción del texto apoyando profesionalmente a su marido.

Terapia Gestalt: excitación y crecimiento de la personalidad humana (1951)

Con la publicación de Terapia Gestalt: Excitación y crecimiento de la personalidad humana, escrito por Paul Goodman sobre notas manuscritas de Perls, se sientan las bases teóricas de la Terapia Gestalt.

La principal revolución de la Terapia Gestalt fue la transición de un modelo de pensamiento individualista proveniente del psicoanálisis, a un paradigma de campo, en el que ya no era la unidad cuerpo-mente quien sentaba las bases del concepto de holismo al incluirse también el entorno. Con ello, el objeto de la psicología y de la psicoterapia dejaban de ser la psique o el sujeto y pasaba a ser “la experiencia” de la persona que tiene lugar en el campo que constituye un organismo y su entorno.

En 1964, Fritz Perls dejó el Instituto de Nueva York y se trasladó a California. Con la moda del desarrollo personal que se concentraba en la Costa Oeste norteamericana, Perls comenzó a contemplar la Terapia Gestalt como una forma de vida más que como un modelo de terapia. Su primer paso fue incorporarse al Instituto Esalen donde impartió cursos de formación acordes con su nuevo modo de concebir la vida.

Es así como comienza la época californiana de Perls, un referente biográfico a partir del cual abandonó la terapia individual y se mostró partidario de la terapia de grupo.

Perls dio un paso atrás renunciando a sus postulados y retrocediendo de nuevo al individualismo intrapsíquico, algo que no compartieron sus más íntimos colaboradores y cofundadores de la Terapia Gestalt

En esta época Perls, llevó a cabo su actividad profesional a través de unos llamativos y pintorescos talleres públicos en Esalen en los cuales renunció a los conceptos de campo y de contacto (introducida en Terapia Gestalt: Excitación y crecimiento de la personalidad humana) y experimentó una regresión (en su forma de trabajar) al evolucionar hacia la esfera de lo intrapsíquico. Es decir, del mismo modo que en su momento la innovación que aportó Perls fue pasar del paradigma individualista del psicoanálisis a un paradigma de campo, Perls dio un paso atrás renunciando a sus postulados y retrocediendo de nuevo al individualismo intrapsíquico, algo que no compartieron sus más íntimos colaboradores y cofundadores de la Terapia Gestalt.

A título anecdótico, circula el comentario que al igual que para Freud, situarse de espaldas al paciente le ayudaba a compensar alguno de sus miedos a enfrentarse a él, también se especuló con que Perls tenía tanto miedo a la relación, y sentía tanta angustia frente el nosotros, que éste tal vez fuera el motivo que le impulsó a escribir su famosa oración gestalt.

Isadore From se refirió a algunos de estos breves talleres de Fritz como terapias “hit-and-run” (relámpago):

Es lo que hizo Perls los últimos años de su vida: daba demostraciones, pequeñas instantáneas de la Terapia Gestalt. No hacía Terapia Gestalt: ¡no se puede hacer terapia en 15 o 20 minutos!.

Fueron este tipo de demostraciones que Perls hacía en Esalen —efectistas y hasta circenses— las que aun hoy contribuyen a la confusión de identificar la Terapia Gestalt con unas técnicas y experimentaciones catárticas y espectaculares. Craso error que es mi intención desmentir al matizar que, en todo caso, a partir de la metamorfosis involutiva experimentada por Fritz Perls en su etapa californiana, la Terapia Gestalt se escindió en dos corrientes. Una de ellas siguió fiel a sus orígenes y la constituyeron tanto su esposa Laura (de quien se acabó separando), Paul Goodman así como el resto de miembros pertenecientes al llamado grupo de los siete. La otra corriente, fue la que emprendió Perls en la California hippy de los sesenta tras renunciar ya no sólo al paradigma de Campo, sino a la Teoría del Self y al sustrato teórico plasmado en la obra de referencia “Terapia Gestalt: excitación y crecimiento de la personalidad humana” (1951), coloquialmente conocida como el PHG por las iniciales de sus creadores: Perls, Hefferline y Goodman.

Este punto de inflexión en la vida profesional de Fritz Perls, marca la escisión de lo que, a partir de entonces, serían las dos corrientes de la Terapia Gestalt que aun hoy dividen a esta disciplina: la Gestalt Ateórica de Costa Oeste y la Gestalt Teórica de Costa Este. Esta última corriente es fiel a los orígenes plasmados en el PHG publicado en 1951, y es la que suscribo y aplico en mi práctica profesional.

Dentro y fuera del tarro de la basura (1969)

Obra autobiográfica de Perls en la que en un lenguaje multifacético, a veces poético, y otras rigurosamente científico, va jugando con sus recuerdos y reflexiones que conforman la experiencia de su vida, a la luz de los orígenes y constante desarrollo de la Terapia Gestalt. Así mismo se encuentran pasajes en los que trata los orígenes y el desarrollo de la Terapia Gestalt.

En este libro, y en palabras del propio Perls, aparece el término de la “silla vacía”, así como los términos con los que él mismo denomina a sus demostraciones públicas: “funciones” y “circo”.

Mis seminarios los hago abajo en la posada, las sesiones de grupo las hago en esta sala. Mi único contacto con gente no profesional es en los seminarios de fin de semana y, al igual que las demás “funciones” donde aparezco, están muy de moda. A pesar de todo acepto entre 70 y 80 personas. A esto le llamo mi Circo. Uno esperaría que con tanta gente y en tan corto tiempo bien poco se pueda lograr. Por el contrario, hago experiencias colectivas que todos en puede participan, pero fundamentalmente me dedico a trabajar con una sola persona a la vez. Para esto necesito: 1) Mi destreza 2) Un pañuelo 3) La silla caliente (hot seat) 4) La silla vacía 5) Mis cigarrillos 6) Un cenicero

Fritz Perls

Asimismo Perls, personaje complejo donde los haya, nos ofrece pinceladas de su personalidad. Una identidad en cierto modo “egotista” y narcisista.

La mayor situación inconclusa de mi vida, es no haber tenido un encuentro hombre a hombre con Freud y no haber podido mostrarle sus equivocaciones. Había intentado hacer del psicoanálisis mi hogar espiritual, mi religión.

En realidad esto de recolectar recuerdos para dar luz a los años de mi niñez es una confabulación. No hago esto sólo para mí, sino más bien lo hago para un auditorio “como si” alguien me hubiera pedido que escribiera mi autobiografía, “como si” debiera buscar, al igual que Freud, las explicaciones a todo.

Fritz Perls

Sueños y existencia (1969)

En este texto se encuentran una serie de transcripciones textuales de sesiones y de seminarios de grupo (realizadas en el Instituto de Esalen —California—, entre los años 1966 y 1968).

Consta de dos partes:

  • En la primera parte se encuentran las transcripciones de los seminarios en los cuales Perls explica lo que constituye las bases de su terapia y los principios organísmicos que la inspiran.
  • En la segunda parte, el tema central son los sueños. Más que mensajes existenciales que nos suceden cada noche a todos no, Perls muestra mediante casos individuales, su modo original de trabajar los sueños. Lejos de interpretarlos y de elaborar teorías sobre ellos (como en el psicoanálisis), simplemente ayuda al sujeto a descubrir el mensaje que para él encierran.

El enfoque guestáltico. Testimonios de terapia (1976)

Último libro de Perls en el que su objetivo fundamental es dejar bien asegurada su teoría sobre la neurosis y sobre el proceso terapéutico.

Consta también de dos partes, y en la segunda parte se encuentran algunas transcripciones de sus propias sesiones terapéuticas, donde se refleja su enfoque.

Todo enfoque razonable de la psicología que no esté escondido tras la jerga profesional debe ser comprensible al lego inteligente y basarse en los hechos de la conducta humana.

Fritz Perls

Incorporación de la técnica de la silla vacía por Perls

Como hemos visto a través del recorrido por la bibliografía de Perls, éste incorpora la técnica de la silla vacía, en la última etapa de su vida y fundamentalmente en los talleres públicos que realiza.

Los trabajos de Perls en esta época se encuentran recogidos tanto en sus obras mencionadas anteriormente Sueños y existencia y El enfoque guestáltico. Testimonios de terapia, como en películas y videos.

La mayor parte de los trabajos de Perls que se encuentran en estas obras, son sesiones en las que utiliza la técnica de la “silla vacía”.

Cuando Perls realizaba sus demostraciones públicas, tenía frente a sí dos sillas:

  • “Hot Seat” o “Silla Caliente”, era la silla en la que se sentaba la persona que salía a trabajar.
  • “Empty Chair” o “Silla Vacía”, era la silla donde a lo largo del trabajo se sentaban las personas imaginarias con quienes se establecía un diálogo o los aspectos de uno mismo proyectados en dicha silla.

Laura Perls, sobre la silla vacía:

Eso es un óptimo método para los talleres demostrativos, pero no se puede conducir de ese modo una terapia entera; y sin embargo, hay gente que lo hace. Pienso que es muy limitador, además de ser perjudicial.

Fritz estaba orientado, mucho más analíticamente de lo que él se daba cuenta. Pienso que la ‘silla caliente’, la ‘silla vacía’ y la dirección del paciente hacia su propia interpretación es una especie de libre asociación dramatizada […] así él podía no entrometerse y dar solamente ciertas direcciones o consignas. Eso provenía parcialmente de su experiencia pre psiquiátrica en el teatro, durante varios años en la Escuela de Reinhardt.

Argumentos a favor de la utilización de la técnica silla vacía

Los argumentos que aducen quienes utilizan la técnica de la silla vacía son la posibilidad de que la persona pueda proyectar en ella aquellos aspectos de su personalidad no aceptados como propios, una persona ausente, un sentimiento o una situación determinada con la que se tiene un conflicto, todo ello con la finalidad de integrarlos.

aunque las experimentaciones en general funcionen bien en los grupos, en terapia individual pueden resultar perturbadoras, avergonzantes e invasivas

Existe la creencia de que hay que aceptar las emociones para ser una persona más completa y feliz, pero ¿qué sucede cuando la persona no puede —¡ojo! no digo “no quiere”— hacerlo?

Quizás aquí se encuentre el “quid” de la cuestión.

Cada uno de nosotros tenemos una manera personal y peculiar de ser y de estar en el mundo. Es a lo que llamamos “nuestra experiencia”.

Frente a esto formulo dos hipótesis:

  1. Puede que la experiencia de la persona en un momento determinado de su vida se encuentre conformada por un síntoma —por ejemplo por un trastorno obsesivo compulsivo— que le impida relacionarse con su entorno de un modo saludable. En estos casos habrá que tener en cuenta este síntoma como un ajuste creador. Entiendo que el síntoma como ajuste creador, es la única posibilidad que ha tenido el individuo para sobrevivir a su entorno, y con toda seguridad, este síntoma cumple una función única y exclusivamente para él.
  2. Puede que la experiencia de la persona sea la de no aceptar aspectos de su personalidad como propios. Podemos entender que quizás esos aspectos puedan tener como contenido un introyecto y que sean proyectados fuera de sí mismo por la imposibilidad de aceptarlos.

Teniendo en cuenta estas dos hipótesis, si sentamos a una persona a entablar un dialogo con un aspecto suyo no reconocido, proyectado a través de un síntoma:

  • ¿Estaremos invalidando la experiencia del paciente?
  • ¿Fenomenológicamente, estaremos interfiriendo en su experiencia?
  • ¿Qué nos puede estar diciendo el paciente a través de ese síntoma?
  • ¿Qué ha contribuido en la experiencia del paciente con su entorno para que surja ese síntoma?

En base a lo argumentado, y sin ánimo alguno de estar en posesión de la verdad absoluta, considero personalmente innecesario en mi práctica clínica utilizar la técnica de la silla vacía, algo que además dudo que muchos de mis pacientes aceptaran sin reticencias, por las dificultades inherentes que les pudiera representar realizar un esfuerzo para que el que crean carecer de habilidades o incluso les predisponga a sentirse avergonzados.

Por mi formación en el marco teórico de la Terapia Gestalt, mi vinculación a la fenomenología me ha enseñado a respetar la experiencia del otro y a no hacer intrusiones en la misma. Determinadas prácticas, técnicas o experimentaciones son muy intrusivas, y aunque las experimentaciones en general funcionen bien en los grupos, en terapia individual pueden resultar perturbadoras, avergonzantes e invasivas.

Como terapeuta, considero prioritario en el tiempo que dedico a escuchar al paciente, descubrir cuáles son sus fronteras, y paulatinamente ir introduciendo la novedad, siempre sin prisas. Procuro que lo que suceda en cada sesión se adapte a un límite soportable para el paciente. En ocasiones, podrá darse el caso de que lo que yo considere una pequeña novedad resulte insoportable para la persona tengo sentada delante de mí, o que por el contrario, su actitud me indique que no hay problema en que sigamos avanzando. En cualquier caso, y ante cualquier duda, la dirección a seguir siempre nos la ofrecerá el paciente.

De una manera muy escueta, podemos considerar que en la Terapia Gestalt, mediante un aprendizaje progresivo de la novedad, el paciente descubre otra forma de funcionar de la que él utilizaba antes de iniciar la terapia. Es decir, el terapeuta que permanece atento en la relación terapéutica a lo que ocurre en el momento presente, le es más fácil contribuir a la construcción de las figuras a partir del material que el paciente trae o vive en su experiencia en el aquí y ahora.

Es un objetivo primordial del terapeuta Gestalt actuar a nivel de las perturbaciones de la frontera de contacto, de forma que el proceso de ajuste creativo del paciente reemplace a las relaciones neuróticas establecidas en sus interacciones entre él y su entorno.

Para ello adoptamos una posición dialógica, intermedia entre la neutralidad del analista en el psicoanálisis y del directivismo de las terapias conductuales.

El terapeuta Gestalt necesita identificar si las funciones temporales del self (función ello, función yo y función personalidad) se encuentran en alianza unas con otras y fundamentalmente cómo las funciones ello y personalidad puedan estar al servicio de la función yo.

Frente a la situación de urgencia crónica y de baja intensidad que constituye la experiencia neurótica, la experiencia terapéutica propone una situación de urgencia experimental, segura y de fuerte intensidad. Es, además, esta dialéctica la que justifica el empleo de lo que designamos en Terapia Gestalt con el término de experimentación y que constituye una de las características importantes de nuestro método: la experimentación no es otra cosa que la réplica experimental de la experiencia del sujeto en un campo diferente, ya que el terapeuta sabe variar los parámetros con un objetivo de toma de consciencia.

Jean-Marie Robine

Bibliografía:

  • Perls F. S. (2007) Yo, hambre y agresión. Los libros del C.T.P
  • Perls F., Hefferline R. ,Goodman P. (1951) Terapia Gestalt: Excitación y crecimiento de la personalidad humana. Los libros del C.T.
  • Perls F. S. (1969) Dentro y fuera del tarro de la basura. Santiago de Chile. Ed. Cuatro Vientos.
  • Perls F. S. (1974) Sueños y Existencia. Santiago de Chile. Ed. Cuatro Vientos.
  • Perls F. S. (1976) El enfoque guestáltico y Testimonios de terapia. Santiago de Chile. Ed. Cuatro Vientos.
  • Perls, L. (1994) Viviendo en los límites. Valencia. Ed. Promolibro.
  • Robine, J-M. (1997) Contacto y relación en Psicoterapia. Santiago de Chile. Ed. Cuatro Vientos.
  • Stoehr, Taylor. (1999) Aquí, ahora y lo siguiente: la terapia gestalt en tiempos de crisis mundial. Santiago de Chile. Ed. Cuatro Vientos
  • Wheeler, Gordon. (2002) La Gestalt reconsiderada. Un nuevo enfoque del contacto y de las resistencias. Madrid. Ed. Soc. de Cultura Valle-Inclán. Los Libros del CTP.

Imagen: Pexels

 

5 Comentarios

  1. Muy bueno el artículo. Excelente revisión de la terapia gestáltica y las dos “ramas” en la que se dividen. Estoy de acuerdo en que, en cualquier enfoque terapéutico, pero sobre todo en Gestalt hay que ser muy respetuoso. Frente a esto me surge una duda, ¿qué opina del boom que ha tenido la gestalt en España en los últimos años, a través de “escuelas” que supuestamente “forman terapeutas” sin que los participantes tengan siquiera formaciones afines a la psicología, y menos, que sean psicólogos?

  2. Excelente recordatorio de los orígenes de la terapia Gestalt! En Yucatán es urgente la cultura de atención a la salud mental ante el embate de “terapeutas” que echan mano de pseudociencias y procesos casi mágicos… Saludos desde Mérida!

  3. Gracias Carolina. Personalmente considero que las escuelas deberían tener y exigir los requisitos necesarios para la formación en Terapia Gestalt.

  4. Interesante artículo. Me agrada leer la historia de fritz y sus colaboradores. No obstante, discrepo con la mirada que tienes acerca del uso de la silla vacía. La terapia Gestalt es una terapia basada en el aquí y ahora, es una terapia de experiencia, a diferencia de otras corrientes que se caracteriza por analizar y teorizar. En ese sentido no la veo invasiva y menos anti fenomenológica, por el contrario, es en esa experiencia donde el paciente o usuario se da permiso para un ajuste creativo en su vida y es el terapeuta el que debe tener una actitud fenomenológica.

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