Según la OMS, el 30% de las mujeres ha experimentado violencia física o sexual al menos una vez en su vida por parte de su pareja. La violencia doméstica tiene serias consecuencias para la salud mental, física y reproductiva de las mujeres, pero también para el bienestar de sus hijos y familiares y el desarrollo socio-económico de la sociedad.

El machismo y el patriarcado han calado tanto en nuestra sociedad que la mayoría de los países acepta y justifica algún tipo de violencia contra las mujeres.

Así lo demuestra un mega-estudio en el que participaron más de 1 millón de personas de 49 países durante los años 2005 y 2007. Allí se preguntó si creían que estaba justificado que los hombres golpearan a sus esposas en caso de que ellas salgan de la casa sin avisarles, discutan con ellos, descuiden a los niños, les sean infieles o quemen la comida.

Un aterrador 36% de los encuestados sostuvo que los maridos tenían derecho de golpear a sus esposas cuando ellas cometían por lo menos algunas de las conductas mencionadas. El país que mostró más aceptación a la violencia doméstica fue Timor-Oriental, un país al sur de Asia, con el 83% de aceptación; mientras que el país que menor aceptación reportó fue República Dominicana con el 3%.

En general, los países asiáticos fueron los que mayor aceptación mostraron ante la violencia doméstica (47%), les siguieron los países africanos subsharianos con el 38% de aceptación, Europa y Asia Central con el 29% y por último Latinoamérica y el Caribe con el 12% de aceptación.

Aterradoramente el 36% de los encuestados sostuvo que los maridos tenían derecho de golpear a sus esposas

La aceptación generalizada por parte de las mujeres hacia la violencia doméstica en sociedades patriarcales sugiere que ellas han internalizado la idea de que la violencia física y verbal que les infligen sus maridos son formas legítimas de disciplina. No lo conciben como una forma de maltrato, lo que a su vez sigue perpetuando la violencia contra las mujeres.

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Al analizar los factores ambientales y socioeconómicos que se relacionaban con la justificación de la violencia doméstica, los autores encontraron que el ambiente político jugaba un rol fundamental: los países con mayor aceptación eran aquellos que habían atravesado por frecuentes y severos conflictos políticos durante los últimos cinco años.

Por otro lado, los países que menos justificaron la violencia doméstica fueron aquellos que proveían más derechos e igualdad económica para las mujeres. Según los autores esto demuestra que el empoderamiento económico femenino puede ser un poderoso recurso – aunque no el único – para desafiar y eliminar las normas y expectativas sociales que favorecen la violencia doméstica.

Referencia del estudio original: LynnMarie Sardinha, Héctor E. Nájera Catalán. Attitudes towards domestic violence in 49 low- and middle-income countries: A gendered analysis of prevalence and country-level correlates. PLOS ONE, 2018; 13 (10): e0206101 DOI: 10.1371/journal.pone.0206101

Fuente: ScienceDaily

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