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La cinesis, que es la rama del conocimiento que estudia el movimiento del cuerpo humano, es una metadisciplina en la que fundamentalmente cinco ramas aportan su conocimiento: Psicología, Psiquiatría, Antropología, Sociología y Etología. Probablemente sean los psicólogos los que han realizado más experimentos de forma sistemática y con rigor científico, teniendo auténticos referentes en esta área.

Básicamente, lo que ha demostrado esta disciplina, es que los gestos de los individuos son siempre un acto de comunicación (como dirían los sistémicos es imposible no comunicar), que suministran tanta o más información que aquello que se dice de forma verbal.

Aunque se trata de un área extremadamente compleja, y que a veces se ha cuestionado su utilidad fuera de laboratorio, ya que la mayor parte de estas comunicaciones se realiza en forma de “microgestos” sólo perceptibles después de gran entrenamiento, expondré en esta entrada, los que a mi parecer, son los cuatro actos de comunicación no verbal más útiles y fáciles de percibir sin gran entrenamiento para la psicoterapia.

Misma postura

Imagen: In treatment (HBO)

Cuando dos personas tienen la misma postura, reflejan que están empatizando de manera activa la una con la otra o una alta congruencia en sus opiniones respecto a ese tema. Este fenómeno, investigado por Frieda Fromm-Reichmann, tiene su base neurológica en las neuronas espejo, que se activan al reconocer procesos en otros y nos permiten “desarrollarlos” en nuestro propio cerebro, pudiendo vivenciarlos como propios.

En psicoterapia, podemos utilizar este principio esencial de la comunicación no verbal imitando la postura del otro para fomentar la conexión empática y el establecimiento del rapport o para inferir nuestro grado de empatía en cada momento con el otro.  También puede ser muy útil en psicoterapia familiar, grupal o de pareja para darnos cuenta sobre qué miembros están conectados empáticamente o comparten una visión o argumentos similares respecto a un tema.

Aquí señalar que, en la figura del psicólogo, lo ideal es más bien que esto ocurra de manera natural como consecuencia de tu empatía y manejo de la relación con el paciente que como algo forzado, pero sí que es cierto que imitar la postura del otro puede ayudarte a fomentar esa sensación de conexión y empatizar con tu paciente.

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Asentir con la cabeza y mover los ojos

Imagen: In treatment (HBO)

Scheflen investigó que cuando un individuo expresa lo que quiere realmente, realiza un patrón de movimientos con la cabeza, como asintiendo aquello que va verbalizando, quizás en una forma de indiciar su aprobación sobre aquello que dice o para darle más énfasis a lo expresado. Este asentir, va acompañado de movimientos oculares.

Este indicador de lenguaje no verbal puede ser particularmente útil en situaciones en las que a un paciente le cuesta verbalizar de forma abierta lo que desea realmente: ya sea por presión de otros (terapia de grupo o familiar) o por deseabilidad social o incluso su propia sensación de pudor, vergüenza o culpa. Es importante captar este gesto, que es muy sutil, para poder percibir cuando el paciente realmente dice aquello que opina o que es importante para él, a fin de poder recogerlo o tenerlo en cuenta de cara a marcar objetivos terapéuticos, legitimizar al paciente, emponderarlo o realizar reflejos.

El psicólogo también puede utilizar este gesto para apoyar aquello que está diciendo el paciente de forma sutil y sin tener que interrumpirlo.

Apertura corporal

Imagen: Group Therapy

Quizás sea uno de los aspectos más conocidos de la comunicación no verbal. Los pacientes expresan a través de su cuerpo su grado de apertura o defensividad a aquello que se está diciendo. Cuando los mensajes son amenazantes para el paciente, suelen cruzar brazos o piernas, en un gesto “de protección”, esto ocurre especialmente con el torax y el abdomen, que son las partes que más tienden a cubrirse con los brazos, mientras que el gesto de piernas cruzadas, suele ser de menor peso o muchas veces tiene un componente cultural. Cuando un paciente en cambio, se muestra abierto a aquello que está escuchando, suele tener su cuerpo en un estado de apertura.

Tal como señala Flora Davis, es frecuente que en terapias de grupo se les pida a los participantes que asuman una postura abierta y no cubriéndose ninguna parte con sus extremidades para tratar de fomentar la actitud de apertura en los pacientes del grupo a aquello que comparten los iguales o señala el psicólogo que lleva el grupo. Este principio, también puede ser utilizado en terapia individual, aunque a veces, puede ser muy rígido para el paciente el ser obligado a asumir una postura determinada. También puede servir no para “guiar” la postura del paciente, sino para inferir defensividad sobre el contenido de lo que se está tratando en sesión y poder hacer un buen manejo de sus resistencias, plateándolo de otra forma menos amenazante o que le encaje más al paciente o no insistiendo en esa sesión con el tema hasta más adelante.

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También puede ser útil para tomar conciencia y señalarle al paciente como invitación a un darse cuenta o awerness sobre en qué temas se protege más activamente y que pueda descubrir su propio por qué.

Acercamiento hacia delante

Imagen: In treatment

Cuando una persona, adapta una postura de acercamiento hacia otro, encorvando la espalda pero de forma relajada y natural, está mostrando simpatía hacia aquél al que orienta su figura. Esta simpatía suele estar acompañada de un interés genuino en el contenido de lo que la otra persona está narrando o en la propia interacción que se establece entre los dos.

En la situación terapéutica esto puede ser de gran utilidad, ya que podemos utilizarlo para mostrar nuestro interés en aquello que dice el paciente, algo que podemos emplear para reforzar positivamente los momentos en los que la persona expresa aspectos que sean relevantes para la terapia o actitudes favorables a fin de fomentarlas en su vida. También lo podemos utilizar para mostrar cercanía e interés por aspectos de los que el paciente vive como dolorosos, especialmente aquellos con un claro componente emocional de soledad o sensación de no ser importante para nadie, de forma que el psicoterapeuta, con su postura, ya está dotando al paciente de aquello que necesita.

Sobre el autor: Buenaventura del Charco Olea, es psicoterapeuta especializado en Terapia Gestalt y es fundador de Aprende Viendo Terapia, el centro especializado en entrenamiento presencial y online de psicoterapia.

Bibliografía

Davis, F. (1976) “La comunicación no verbal”. Madrid. Alianza Editorial.

Scheflen, A. E. (1964) “The significance of posture in comunication systems” Psychiatry, vol. 27, nº 4, pp 316-331

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