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Tomarte un tiempo para leer con tu hijo durante sus primeros años de infancia podría potenciar de forma significativa sus habilidades de lectura a largo plazo y ser el primer incentivo para un alto rendimiento escolar en el futuro.

Esta conclusión sugiere un estudio a ser presentado en la Pediatric Academic Societies Meeting de este año, convención que reúne las últimas investigaciones en pediatría y desarrollo.

La publicación, titulada “Early Reading Matters: Long-term Impacts of Shared Bookreading with Infants and Toddlers on Language and Literacy Outcomes”, será presentada el 8 de mayo y hará referencia a la importancia de la lectura temprana y su impacto a largo plazo en el lenguaje y la fluidez lectora en niños en etapa pre-escolar.

Un hallazgo clave para mejores métodos de crianza

El estudio, firmado por Carolyn Cates del Departamento de Pediatría de la Universidad de Nueva York (NYU), es sin duda importantísimo para abordar con propiedad la necesidad de que los padres implementen programas de aprendizaje pediátricos que promuevan la lectura temprana en sus hijos recién nacidos.

Muchos padres no hacen esto porque consideran más relevante enseñar primero a los niños una serie de vocabularios básicos y gesticulación, no obstante, los hallazgos de Cates sugieren que leer a los niños pequeños tiene un efecto perdurable y positivamente progresivo que influye en sus habilidades literarias y en la adquisición de un vocabulario más complejo.

“Lo que aprenden cuando les lees mientras son niños continúa surtiendo efecto cuatro años después cuando están a punto de comenzar la escuela primaria”, afirma Cates.

leer a los niños pequeños tiene un efecto perdurable y positivamente progresivo

Para el estudio, Cates reclutó un grupo de más de 250 pares (madres y bebés de entre 6 meses y niños de 4 años y medio) de un hospital público urbano para evaluar qué tan efectiva era su comprensión lingüística, su habilidad literaria y su habilidad de lectura.

Los resultados fueron comparados con la cantidad de libros leídos en conjunto por madres e hijos, así como el número de libros en casa y los días a la semana en que se invertía tiempo para leer juntos. La calidad de la lectura se midió conforme a si los padres detenían la lectura para conversar la historia con los niños o para hablar acerca de las imágenes y las emociones de los personajes.

Fuente: American Academy of Pediatrics

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