Ilustración por Zehsar

Hubo un momento en que nos dimos cuenta de que nuestra querida lengua castellana nos decía algo así: todes somos hombres salvo que haya información que lo contradiga. No se trató del mismo momento para todes. Pero hace muy poco tiempo en Argentina al menos, el lenguaje inclusivo se volvió protagonista.

Y fue el momento para muches.

El lenguaje inclusivo es una forma de visibilizar los privilegios y eso puede resultar sumamente incómodo. Sí, es incómodo.

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Si están del lado de bancar esa incomodidad y quieren aprender cómo usarlo, les recomiendo este artículo. Sí, como se acaban de dar cuenta, no vamos a guiarles con eso.

El debate acerca del lenguaje sexista y no sexista asociado al uso del masculino genérico en el lenguaje comenzó en los 70´s (Braun, Sczesny, & Stahlberg, 2005). Sí, leíste bien. No es algo nuevo. No es una moda. Es todo un conjunto de investigaciones y debates teóricos que tiene protagonistas en todo el mundo.

En 1972 Morgan escribía:

“Si comienzas a escribir un libro sobre el hombre o a concebir una teoría sobre el hombre no puedes evitar usar esa palabra (hombre). No puedes evitar usar el pronombre que sustituye a esa palabra y usarás el pronombre “el” como un simple hecho de conveniencia lingüística. Pero antes de que llegues a la mitad de ese primer capítulo, una imagen mental de esta criatura en desarrollo comenzará a formarse en tu mente. Será la imagen de un hombre y él será el héroe de la historia: todos y todo en la historia estará relacionado con él.” (Morgan, 1972, pp. 8-9)

¿Qué es el masculino genérico? En la lengua castellana — pero no sólo esto vale para el castellano — el masculino es el género llamado no marcado. Esto quiere decir que sirve para designar a las personas de sexo masculino y a todas las demás personas que no son hombres. El femenino es, por otra parte, el género marcado. Esto quiere decir que sirve para designar a las mujeres solamente. De modo que las mujeres tuvimos que aprender a discriminar, desde pequeñas, cuando nos hablaban a nosotras (“todos los hombres son mortales”) y cuando no (“no es bueno que el hombre esté solo”).

No es algo nuevo. No es una moda. Es todo un conjunto de investigaciones y debates teóricos que tiene protagonistas en todo el mundo

El debate sobre la influencia de los diferentes lenguajes sobre el proceso del pensar, es, como sospecharán, más antiguo todavía. Sólo por mencionar algo de lado, una de las hipótesis más influyentes en este sentido fue la de Whorf (1956) quien postuló que era posible hallar diferencias cognitivas entre personas que hablaban lenguajes con distintas estructuras gramaticales. Esta hipótesis se inserta dentro de la teoría llamada determinismo lingüístico. Si bien hay relativamente poca evidencia en favor del determinismo lingüístico, la hay bastante en favor de la relatividad lingüística: esto es, la idea de que el lenguaje puede reflejar y preservar las estructuras sociales e influenciar el modo en que se percibe la realidad (Parks & Roberton, 1998).

El lenguaje no es inocuo.

Argumentos más usuales en contra del uso del lenguaje inclusivo

1) Suena raro: Algunas personas refieren que les suena tan raro que les da cierta vergüenza usarlo. Están a favor, e incluso pueden elogiar a quién lo usa pero refieren que no se pueden acostumbrar.

2) Suena mal: Este es el argumento de aquelles que se esgrimen en les defensores de la lengua castellana. “No puedo hablar así, suena horrible”, “la lengua castellana es preciosa, la estamos arruinando usando la e”. Hay que hablar un “correcto” castellano, es el argumento. Lo que quizá no se cuestionan es al servicio de qué está lo correcto. Es decir: ¿Cuáles son sus efectos?

3) Es muy difícil: Otres de la banda de “me encanta que lo uses pero me confundo demasiado”. Refieren dudas sobre dónde poner o no poner la e y rechazo al mal uso del inclusivo en sustantivos sobre los cuales no es correcta su aplicación. No, no es necesario que coman en le mese ni que duerman en le came. Estas personas llaman la atención sobre el esfuerzo cognitivo extra que implica cambiar la forma de escribir y de hablar y refieren que incluso podría ser una interferencia para el entendimiento.

4) El masculino genérico incluye tanto a hombres como a mujeres: Este es el argumento que usó, hace muy poco tiempo atrás, nuestra Real Academia Española (RAE) justificando el rechazo del uso del inclusivo en todas sus formas (la x, el @, la e). La RAE manifestó que “el masculino puede abarcar al femenino en ciertos contextos (…) y que no hay razón para pensar que el género masculino excluya a las mujeres en tales situaciones” (La Nación Diario, 2018).

5) La forma en la que hablamos no es tan importante: El lenguaje no tiene ninguna influencia sobre los estereotipos de género ni va a cambiar las cosas. La invisibilización de la mujer no pasa por el lenguaje. No va a cambiar el problema de fondo, para qué molestarse.

Si estás dentro del grupo de personas que esgrime alguno de estos argumentos, mejor. Me alegra que estés leyendo. Mi intención no es lograr que lo uses — aunque sería fantástico. No es obligatorio. Mi intención es que puedas respetar a quienes lo usan, como quien usa una herramienta útil para la cual aún no estás preparade, por las razones que sean.

Algunas cosas que tendrían que saber antes de continuar

Para entender y analizar cómo los lenguajes contribuyen a perpetuar el sesgo de género, ha sido propuesta una distinción de los lenguajes según tres categorías: (a) lenguajes sin género (genderless languages, en inglés), (b) lenguajes con género natural (natural gender languages) y (c) lenguajes con género gramatical (gramatical gender language) (Stahlberg, Braun, Irmen, & Sczesny, 2007). Los lenguajes sin género, como el finlandés y el turco, no asignan género ni a los sustantivos ni a los pronombres personales. Difícil de imaginar, ¿cierto? Los lenguajes de género natural, como el inglés, no tienen marcas gramaticales de género de manera que la mayoría de los sustantivos y las formas lingüísticas asociadas a ellos (artículos, adjetivos, pronombres) pueden usarse para referirse tanto a hombres como a mujeres. En estos lenguajes los pronombres personales son casi la única fuente de expresión de género. Finalmente, en los lenguajes con género gramatical (como el español, el francés, el alemán y el italiano), todos los sustantivos presentan género (el mar, la casa) y todo el enunciado que los incluya carga con el género de ese sustantivo. En estos idiomas el pronombre masculino es usado usualmente con función genérica, es decir, para referirse a hombres y mujeres. Si quieren leer más sobre esto pueden revisar el paper de Sczesny y colaboradores (2016), que tiene un análisis detallado de estas características y un cuadro de resumen que está para aplaudirles. Importa esta distinción porque muchas investigaciones que compartiremos aquí consistieron en analizar las diferencias de impacto de uno u otro tipo de lenguaje sobre la invisibilización de las mujeres en las representaciones sociales.

Cuando les hablantes refieren a una persona de manera genérica, se asume que es hombre salvo que haya una señal explícita de lo contrario

Sí están experimentando molestia por el uso casi indiscriminado entre sexo y género, estoy de su lado: El género binario invade los artículos de la literatura científica. Sex y gender son usados de manera intercambiable en la mayoría de los artículos. Aun cuando son usados con un sentido específico, cada grupo de investigadores los define de manera particular y aun no hay acuerdo al respecto. Usualmente encontramos sexo asociado a las características biológicas. Pero no siempre. De modo que les pido que tengan paciencia. Cuando lean género o sexo en este artículo, sepan que estoy siguiendo la terminología que les autores eligieron. No encontré una mejor solución frente a esta problemática. Si les interesa este tema pueden leer un poco más en el manual de Saltzman (2006). El artículo de Hird (2000) también puede ser útil.

Efectos del uso del masculino genérico en el lenguaje: Es importante aclarar que las investigaciones toman como formas inclusivas del lenguaje (gender-fair linguistic forms, en inglés) a lo que llaman la neutralización o la feminización (Braun et al., 2005). Neutralización involucra utilizar formas gramaticales neutras que no señalan género (policeman vs police officer). Esto en castellano se vuelve extremadamente difícil ya que por una cuestión de construcción de las palabras estas formas son improbables. Además el castellano es un lenguaje con género gramatical y los sustantivos llevan género. Es por esto que la neutralización ha sido especialmente recomendada para lenguajes de género natural (Hellinger & Bußmann, 2001). La feminización, por otra parte, involucra incluir explícitamente el femenino, y el masculino genérico es reemplazado por pares de palabras femenino-masculinas (médico y médica, viajero y viajera, estimado y estimada). La feminización también involucra incluir ambos pronombres (el/la, ellos/ellas). Esto significa que las investigaciones no se basan en usos de lenguaje inclusivo más recientes, como el uso del @, la x o la e. Sin embargo son sumamente orientadoras. Lo que nos dicen es: el masculino genérico necesita ser reemplazado de alguna manera. En esta dirección, investigaciones orientadas a evaluar las consecuencias del uso del pronombre indefinido «hen» en Suecia muestran que este tipo de modificaciones, más cercanas al uso de la e y a la modificación de los pronombres personales, podrían gradualmente ser aceptadas (Gustafsson Sendén, Bäck, & Lindqvist, 2015).

Si tan sólo la ciencia lograra ponernos de acuerdo…

Cuando opinamos diferente une tiene la ilusión de que la investigación rigurosa pueda orientarnos un poco. Y seguimos caminando este camino a pesar de que las cosas no siempre resulten de esa manera. Terquedad? Esperanza? Locura? Por cierto, la RAE sí permite que se omitan los signos gramaticales de apertura. Curioso, verdad?.

Lo que sigue es una lista de resumen de investigaciones sobre el tema. Algunas refieren a los efectos de usar el masculino genérico, otras a los efectos de usar alguna forma de lenguaje inclusivo.

Hay un acuerdo implícito — realizado a través del lenguaje — de que le ser humane prototípique es hombre. Hamilton (1991) postuló la hipótesis de que en las representaciones mentales promovidas por el lenguaje se da la siguiente ecuación: “gente= hombres” y demostró que les hablantes eligen la palabra individuo o persona por sobre la palabra hombre cuando se refieren a un hombre y que eligen la palabra mujer cuando se refieren a una mujer.

Cuando en los medios de comunicación se utiliza lenguaje inclusivo resulta en representaciones mentales más balanceadas respecto al género

La inversa también parece ser cierta. Cuando les hablantes refieren a una persona de manera genérica, se asume que es hombre salvo que haya una señal explícita de lo contrario (Silveira, 1980).

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Dentro de la misma línea, otra investigación: el masculino genérico evoca mayoritariamente representaciones mentales de hombres y hace que les lectores u oyentes piensen más en hombres que en mujeres como ejemplares de la categoría personas (Stahlberg et al., 2007).

El masculino genérico no representa a hombres y mujeres por igual. Más bien hace desaparecer a las mujeres del imaginario convirtiéndose en un “falso genérico” (Ng, 2007). Cuando imágenes de rostros humanos (de ambos sexos por igual) son presentadas con un taquistoscopio a alta velocidad y son acompañadas con frases que utilizan el masculino genérico (por ejemplo: “todos los hombres son creados iguales” o “en la universidad un estudiante puede estudiar lo que quiera”) los rostros masculinos son sobre-reportados. Esto significa: les participantes vieron rostros de hombres aun cuando se trataba de rostros de mujeres. Otra forma de decirlo: bajo la influencia de una frase en masculino genérico los rostros de mujer fueron sub-reportados (Wilson & Ng, 1988). El masculino genérico evoca predominantemente imágenes de hombres.

Pequeña digresión. Un taquistoscopio es un aparato que sirve para presentar imágenes luminosas durante un tiempo muy breve — por si se habían quedado con la duda.

Frente a preguntas realizadas en masculino genérico (“¿Quién es tu músico favorito?” o “nombre dos o tres deportistas”) la gente responde predominantemente con nombres y figuras de hombres. Esto se vuelve más interesante aun cuando nos referimos a campos en los cuales la mayoría son mujeres. Aún en estos campos profesionales, el masculino genérico evoca figuras de hombres, desafiando así de curiosa manera los estereotipos de género. A la vez, más mujeres son nombradas cuando se utiliza lenguaje inclusivo (“tu artista musical favorito o favorita” o “tu investigadora o investigador favorito”) (Braun, Sczesny, & Stahlberg, 2005).

Cuando en los medios de comunicación se utiliza lenguaje inclusivo resulta en representaciones mentales más balanceadas respecto al género. Leer noticias sobre héroes y heroínas hace que les lectores asuman más participación de mujeres en estos eventos. El porcentaje de mujeres evocadas como protagonistas de estos actos de heroísmo aumenta en comparación con el porcentaje de mujeres evocadas cuando la referencia es a héroes solamente. Más importante aún, el porcentaje de mujeres evocadas bajo la influencia de una narración con lenguaje inclusivo está mediado por el uso que la persona hace del lenguaje inclusivo. En términos simples: si usás lenguaje inclusivo, tenés más chances de evocar mujeres cuando en los medios la información se presenta con lenguaje inclusivo (Hansen, Littwitz, & Sczesny, 2016).

Estos mismos autores sugieren que la gente que se ve expuesta a formas inclusivas de género en el lenguaje lo utilizan más y que esto genera representaciones mentales de roles sociales más balanceadas en lo que al género se refiere.

Las formas inclusivas del lenguaje, que incluyen de manera explícita referencia a las mujeres, activan más asociaciones con mujeres que las formas masculinas genéricas, especialmente en los campos dominados por hombres de acuerdo a los estereotipos de género (Braun, Sczesny, & Stahlberg, 2005). Les recomiendo enfáticamente leer el artículo completo.

Controlando varios factores como la ubicación geográfica, la religión, el sistema de gobierno y el nivel de desarrollo, la igualdad de género, especialmente en términos de participación económica y acceso al poder político, es mayor en países que tienen lenguaje sin género o de género natural que en los países que tiene lenguaje con género gramatical (Prewitt-Freilino, Caswell, & Laakso, 2012).

Las personas puntuaron más alto en sexismo — al completar los 10 items de la Social Attitudes Scale (SAS) basada en la Neosexism Scale (Tougas et al. 1995)- cuando la completaron en español y en francés (lenguajes con género gramatical) que cuando la completaron en inglés (lenguaje con género natural) (Wasserman & Weseley, 2009). Sí, las mismas personas.

Personas leyendo avisos de empleo visualizaron más hombres que mujeres en esos puestos cuando el anuncio estaba redactado en masculino genérico (Gaucher et al., 2011).

El desafío es entonces aún mayor: encontrar formas de comunicarnos que logren visibilizar las diferentes identidades de género sin menoscabar ni privilegiar ninguna

Personas con alto puntaje en actitudes sexistas contra las mujeres utilizaron pronombres inclusivos de género en mucha menor frecuencia que personas con bajo puntaje en actitudes sexistas. (Jacobson & Insko, 1985).

La introducción del lenguaje inclusivo podría representar un mayor desafío para los hombres que para las mujeres. En un estudio hombres y mujeres leyeron un texto cuyo título contenía o bien masculino genérico o bien el mismo título incluyendo lenguaje inclusivo de género. Les pidieron que evoquen el texto dos días más tarde. Los resultados mostraron que los hombres recordaban mejor el texto que estaba en masculino genérico y las mujeres el que incluía lenguaje inclusivo (Crawford & English, 1984).

¿Cuál es el problema con todos y todas?

Las formas inclusivas de feminización del lenguaje, hacen aparecer a las mujeres en el universo de las representaciones sociales (una a favor) pero contribuyen al sostenimiento y naturalización de una bicategorización de género (una en contra).

Algunas personas se identifican con un género que no es ni masculino ni femenino: podrían identificarse como hombres y mujeres al mismo tiempo, o con distinto género a través del tiempo o con ningún género en absoluto y desafiar la idea de que sólo hay dos géneros (Richards et al., 2016). Estas identidades no binarias quedan marginadas con el binarismo de género del lenguaje.

El desafío es entonces aún mayor: encontrar formas de comunicarnos que logren visibilizar las diferentes identidades de género sin menoscabar ni privilegiar ninguna. Todavía no sabemos cuál es la mejor manera. Pero que estemos en la búsqueda intentando nuevas formas es, cuanto menos, esperanzador.

Cierre

De la mano de Sofía (13 años):

Mi experiencia con este lenguaje al principio fue difícil ya que estaba acostumbrada desde chiquita a decirles a los chicos y a las chicas “chicos” en vez de “chiques”, pero ahora gracias al apoyo de mi mamá, me fui acostumbrando a este nuevo lenguaje. Como ya dije antes, al principio me costó adaptarme pero después me fui acostumbrando poco a poco, aunque todavía me falta un poco más de práctica ya que a veces lo uso mal, por ejemplo: estoy indecise o algo parecido a eso. Lo uso principalmente para incluir a los hombres y mujeres en el lenguaje, para mi todes les humanes son iguales. Lo que tiene de bueno usarlo es que te hace reflexionar principalmente sobre el gran machismo que hay en la Argentina y en todo el mundo. Todas las personas se pueden beneficiar por este lenguaje porque no privilegia a nadie. Hay personas que les parece “ridículo” el lenguaje inclusivo, yo respeto la opinión de cada uno pero para mí eso es un poco machista (PARA MI) ya que deja afuera a muchas personas. También hay chiques que no se sienten ni chicas ni chicos y para eso el lenguaje inclusivo sirve mucho, para que todes se sientan incluides.

Agradecimiento especial a Angel Tabullo por haber compartido bibliografía muy relevante sobre este tema.

Referencias bibliográficas:

Braun, F., Sczesny, S., & Stahlberg, D. (2005). Cognitive effects of masculine generics in German: An overview of empirical findings. Communications, 30, 1–21.

Crawford, M., & English, L. (1984). Generic versus specific inclusión of Women in language: effects on recall. J. Psycholinguist. Res. 13, 373–381. doi: 10.1007/BF01068152

Hellinger, M., & Bußmann, H. (2001, 2002, 2003). Gender Across Languages: The Linguistic Representation of Women and Men, Vol. 1, 2, 3. Amsterdam: Benjamins.

Hird, M. J. (2000). Gender’s nature: Intersexuality, transsexualism and the ‘sex’/’gender’ binary. Feminist Theory, 1(3), 347–364. https://doi.org/10.1177/146470010000100305

Gaucher, D., Friesen, J., & Kay, A.C. (2011).Evidence that gendered wording In job advertisement exists and sustains gender inequality. J. Pers.Soc.Psychol. 101, 109–128.doi:10.1037/a0022530

Gustafsson Sendén, M., Bäck, E. A., & Lindqvist, A. (2015). Introducing a gender-neutral pronoun in a natural gender language: The influence of time on attitudes and behavior. Frontiers in Psychology, 6, 893.

Hamilton, M. C. (1991). Masculine bias in the attribution of personhood. People = Male, Male = People. Psychology of Women Quarterly, 15, 393–402.

Hansen, K., Littwitz, C., & Sczesny, S. (2016). The social perception of heroes and murderers: Effects of gender-inclusive language in media reports. Frontiers in Psychology, 7, 1–7.

Jacobson, M. B., & Insko, W. R. Jr.(1985). Use of non-sexist pronouns as a function of one’s feminist orientation. Sex Roles 13, 1–7. doi:10.1007/BF00287456

Menegatti, M., & Rubini, M. (2017). Gender bias and sexism in language. http://oxfordre.com/communication/view/10.1093/acrefore/9780190228613.001.0001/acrefore-9780190228613-e-470#acrefore-9780190228613-e-470-bibItem-0073

Morgan, E. (1972) The ascent of women. London: Corgi.

Ng, S. H. (2007). Language-based discrimination: Blatant and subtle forms. Journal of Language and Social Psychology, 26, 106–122.

Parks, J. B., & Roberton, M. A. (1998). Contemporary arguments against nonsexist language: Blaubergs (1980) revisited. Sex Roles, 39, 445–461.

Prewitt-Freilino, J. L., Caswell, T. A., & Laakso, E. K. (2012). The gendering of language: A comparison of gender equality in countries with gendered, natural gender, and genderless languages. Sex Roles, 66, 268–281.

Richards, C., Bouman, W. P., Seal, L., Barker, M. J., Nieder, T. & T’Sjoen, G. (2016) Non-binary or genderqueer genders, International Review of Psychiatry, 28:1, 95-102, DOI: 10.3109/09540261.2015.1106446

Saltzman Chafetz, J. S., (2006) Handbook of the Sociology of Gender. New York: Springer

Sczesny, S., Formanowicz, M., & Moser, M. (2016). Can gender-fair language reduce gender stereotyping and discrimination? Frontiers in Psychology, 7(25).

Silveira, J. (1980). Generic masculine words and thinking. In C. Kramarae (Ed.), The voices and words of women and men (pp. 165–178). Oxford: Pergamon.

Stahlberg, D., Braun, F., Irmen, L., & Sczesny, S. (2007).“Representation of the sexes in language”, in Social Communication. A Volume in the Series Frontiers of Social Psychology, ed. K. Fiedler (New York, NY: Psychology Press), 163–187.

Tougas, F., Brown, R., Beaton, A. M., & Joly, S. (1995). Neosexism: plus ca change, plus c’est pareil. Personality and Social Psychology Bulletin, 21, 842–849.

Wasserman, B. D., & Weseley, A. J. (2009). Qué? Quoi? Do languages with gramatical gender promote sexist attitudes? Sex Roles 61, 634–643. doi: 10.1007/s11199-009-9696-3

Wilson, E., & Ng, S. H. (1988). Sex bias in visual images evoked by generics: A New Zealand study. Sex Roles, 18, 159–168.

Whorf, B. (1956). Language, thought, reality. Cambridge: Technology Press of Massachusetts Institute of Technology.

9 COMENTARIOS

  1. Me ha gustado mucho tu artículo. Gracias. Me parece que has señalado de forma agradable y precisa la importancia de reflexionar sobre el lenguaje. Me dejaste pensando un poco más sobre las cosas y sobre nosotres, las personas. Saludos :)

  2. Es valorable la buena intención de estos artículos, lamentablemente la mayoría de los análisis suelen omitir toda la evidencia que no encaja con la idea que intentan defender, haciendo de cuenta que no existiera.
    Por un lado está el hecho de que si esto funciona sería sólo temporalmente, porque el lenguaje inclusivo es algo que sólo sirve mientras sea disruptivo, algo a lo que no estemos acostumbrados y explícitamente nos saque del patrón de pensamiento habitual. ¿Qué pasa cuando hablamos con género neutro sin romper lo habitual? El sesgo machista sigue su camino como si nada. Por ejemplo, si hablar con género neutro ayudara por si sólo, este excelente video de hace unos años no hubiese tenido el éxito que tuvo hablando de una «eminencia médica» https://youtu.be/AYRg2DPj-FM El video demuestra 2 cosas, la primera que el sesgo machista es algo real que muchos tenemos sin darnos cuenta, la segunda que no sirve para nada hablar con género neutro si no es disruptivo. (Todo esto además de la tremenda evidencia de idiomas que usan género neutro en las culturas más machistas del mundo, por ejemplo todos los idiomas de medio oriente, donde no puedo decir que la situación de la mujer sea muy buena que digamos… más bien todo lo contrario, la peor del mundo). Así que el lenguaje inclusivo es sería un parche que no arregla el problema real de fondo, y que va a tener efecto cero si alguna vez termina por ser aceptado por todos.
    Por otro lado, y capaz todavía más importante, tampoco se suele tener en cuenta las consecuencias reales que provoca al ser disruptivo. En el feminismo ganamos cuando la sociedad entera cambie su forma de pensar y de actuar con respecto a la mujer. Pero el lenguaje inclusivo, lejos de cambiar posturas, sólo genera rechazo en la gente que más se necesita que entiendan sobre igualdad (y también de rechazo de muchos otros), y eso va totalmente en contra de lo que buscamos. Las únicas personas que apoyan al lenguaje inclusivo son gente que ya es feminista y lamentablemente también es gente que no se da cuenta de que es muy contraproducente por las consecuencias que tiene en realidad.
    Saludos

  3. Hola:

    Muy interesante el artículo, inclusive, el comentario realizado por Francisco Gómez. Quisiera tener un poco de claridad en una afirmación, que para mí, es absolutamente errónea ¿Por qué aseguras que la RAE acepta la omisión de los signos gramaticales de apertura? Los signos de apertura de interrogación y exclamación, como erróneamente lo expusiste al escribir «Terquedad? Esperanza? Locura?», solo tienden a confundir a los lectores. De lo contrario, te pido que me compartas en dónde la RAE acepta dicha omisión. Por mi parte, comparto un post de la RAE que expone lo contrario.
    Saludos.
    http://www.rae.es/consultas/ortografia-de-los-signos-de-interrogacion-y-exclamacion

  4. Hola:

    Al parecer un comentario realizado hace una hora, desapareció. Quería resaltar lo valioso del presente artículo para una mejor reflexión del asunto, inclusive, el comentario realizado por Francisco Gómez.
    Noté que el artículo contiene una afirmación errónea al asegurar que los signos gramaticales de apertura, pueden ser omitido de acuerdo con la RAE:

    «(…) Terquedad? Esperanza? Locura? Por cierto, la RAE sí permite que se omitan los signos gramaticales de apertura. Curioso, verdad?.»

    Quisiera que compartieran la fuente de dicha afirmación, pues, a mí parecer, tiende a confundir a los lectores. Por mi parte, dejó la fuente que describe lo contrario.

    Gracias por la atención.

    http://www.rae.es/consultas/ortografia-de-los-signos-de-interrogacion-y-exclamacion

  5. Hola Santiago,gracias por tomarte el tiempo de buscar información y comentar. Es un buen Punto el tuyo y yo estaba extremando un argumento: lo cierto es que la Rae permite la omisión de ambos signos bajo un gran número de circunstancias, por ejemplo:
    Hernández, Gregorio (1576?- 1636)
    También permite iniciar una oración con un signo de exclamación y finalizarlo otro.
    El argumento base (por ejemplo que «guasapear» haya sido oficializado) es que la Rae debe acompasar los cambios.

  6. ¿Hay algún ejemplo de un lenguaje hablado por millones de personas que haya sido modificado de modo deliberado por un pequeño grupo de gente, y donde esta modificación se haya impuesto con el tiempo y haya sido aceptada? (No es una pregunta retórica.)

    Tengo la impresión de que el lenguaje lo hacemos, sin darnos cuenta, entre todos. Los cambios en el lenguaje vienen de abajo y no de arriba. Personalmente, no uso el lenguaje inclusivo porque aún no estoy rodeado de gente que lo use. Si estuviera en ciertos ámbitos académicos, probablemente lo usaría, por consecuencia de la afectividad. Ese sería un cambio que viene de abajo. Si debo concientizarme objetivamente para cambiar mi lenguaje, voy a tener que construir mi afectividad en torno a estos cambios, para poder naturalizarlos, y voy a tener que hacer esto de modo deliberado y consciente. La incorporación de nuevas formas de hablar pasa por lo social y por lo afectivo, no por lo académico ni por la lingüística, que es una disciplina que estudia, no que crea, el lenguaje.

    Entonces, ¿cómo puede un pequeño grupo de gente arrogarse la facultad de cambiar el lenguaje de millones de personas? Esto al margen de la justicia del reclamo que busca visibilizar el lenguaje inclusivo, que a mi entender es un reclamo justificado y urgente –y, de hecho, demasiado importante para entorpecer con este intento de cambiar el lenguaje.

    En mi descalificada opinión (descalificada por no ser académico) el intento de difundir el lenguaje inclusivo tendrá por efecto trazar líneas divisorias, que incluso en algunos casos pueden llegar a ser discriminatorias, entre quienes pertenecemos al pequeño núcleo privilegiado capaz de pensar en metainformación como el lenguaje que usamos y quienes no pertenecen a este grupo. El factor determinante para trazar estas líneas será, como siempre en una sociedad construida sobre el racismo de explotación, el poder ecónomico, ligado al color de la piel. Quienes tienen suficiente poder económico podrán acceder o crearse las condiciones afectivas para usar el lenguaje inclusivo; quienes no lo tienen, se quedan afuera, en los naturales campos de rechazo defensivo y resentimiento en los que entra alguien que percibe que le intentan cambiar la forma de hablar. Esta sería una nueva división social, probablemente pequeña (al menos a comparación de las ya existentes) creada por el típico esnobismo progre, ese mismo de la pequeña intelligentzia kirchnerista en C.A.B.A. que por no ver las inmensas falencias del gobierno de CFK no supo anticiparse a la derrota en 2015 que permitió el ascenso al poder del criminal internacional MM, de un modo sorprendentemente parecido a lo que pasó con los Demócratas en EE.UU. que permitió el ascenso del desaforado monstruo DT.

    El tiempo dirá si tengo o no razón –si en diez años estamos todas [1] usando «lenguaje inclusivo» con la «e», o no. El lenguaje se construye por necesidad y por relación inmediata con personas y objetos, y no por una intervención académica por más justificada y bien pensada que sea. No digo esto como una sentencia moral, sino como una constatación de hecho.

    Evidencia de esto es, en mi opinión, la extrema torpeza del modo elegido para convertir el lenguaje en inclusivo. La «e» en reemplazo de la «o»… Para mí es un horror. En el lenguaje escrito perfiero la @ o la x. Decir «chiques» en vez de «chicos» me parece de una pobreza estética espantosa. Mil veces preferible decir «las chicas» en detrimento de los varones, que nos lo merecemos; o decir «[email protected] [email protected]» o incluso «lxs chicxs». Pero «les chiques», metiendo «q» y «u» en vez de «c»… Qué horror. «Un perfecto escándalo», habría exclamado mi tía Clotilde de Recoleta, agitando los brazos en convulsiones [2]. Otra solución audaz hubiera sido, por ejemplo, traerse importada una letra de otro idioma, y decir chicæs o chicœs, y dejar que cada persona lo pronuncie según su género. (Mucho más difícil de lograr también, sin duda, pero quizá hubiera valido la pena: al menos hubiera sido un bello, audaz fracaso, y no el fracaso que finalmente será, feo y tibio.)

    La solución actual introduce complejidad e incluso ambigüedad en el lenguaje, dándole a la palabra «les» un segundo significado, sólo discernible por contexto… Esto en el castellano, que es, creo, uno de los lenguajes más precisos en occidente (ciertamente mucho más preciso que el inglés y el francés, los únicos con que lo puedo comparar). Decir «médiques», «chiques», «enemigue» me parece estéticamente catastrófico. Reitero que si todas [3] comenzaran a hablar de ese modo a mi alrededor, seguramente me acostumbraría sin darme cuenta, que es como se aprenden de verdad los idiomas. Pero sospecho que eso no va a suceder. ¿Y qué sucede con palabras como «enemigue»? El tradicional «enemigo» puede también incluir mujeres. ¿Se diría «le enemigue»? ¿O con palabras como «al», que es contracción de «a el»? En vez de «al enemigo» sería «a le enemigue» o «ale enemigue»…

    En mi opinión, la manifestación más lograda de esta torpeza de es que contradice una intervención anterior en el lenguaje que tiene el mismo objetivo inclusivo: La intervención de reemplazar el sufijo -e en ciertos sustantivos por el sufijo -a, cuando se habla de una mujer. El caso más conocido es el de «presidenta» en vez de «presidente» (cambio por lo demás estúpido, ya que «presidente» es «quien preside», sin género; decir «presidenta» es igual que decir «Asamblea Constituyenta»). ¿El uso del sufijo -e vendría a reinstaurar la palabra «presidente»…?

    Este punto de la torpeza en la implementación elegida tiene su importancia, porque si el cambio hacia el lenguaje inclusivo hubiera venido desde abajo, la solución encontrada habría sido mucho más creativa y adecuada. Ciertamente, quizá sería necesario esperar mucho para que el lenguaje cambie naturalmente hacia la inclusividad, y quizá el cambio no llegaría nunca. Pero con la implementación actual tampoco creo que llegue.

    La implementación actual elegida me parece un fenómeno muy argentino, propio de nuestro pueblo que es espontáneo, talentoso, creativo, inteligente, intenso, improvisado, amoral y carente de lógica. Es incapaz de obrar al mismo tiempo con justificación moral, intensidad y lucidez. Siempre alguno de esos tres elementos falta; en este caso me parece que es el último.

    Perdón por la torpeza de este mensaje, que intuyo falto de ritmo y avanzando a los tumbos; no tengo tiempo ni inclinación por tratar de mejorarlo.

    Saludos y gracias por el artículo y la bibliografía.

    [1] y [3] Sí, sí, uso «todas» para no decir todos, a pesar de que soy hombre. ¿Por qué no? ¿Por qué no proponer que el lenguaje usado privilegie el género femenino? No me molesta que me incluyan en «todas» y si a algún hombre se siente molesto, problema de él. Y en cuanto a las personas que no se identifican con ninguno de los dos géneros «tradicionales», podrían elegir el género que más les guste, pueden incluso ir cambiándolo según su estado de ánimo. Todo esto sin cometer la torpeza de que un grupo de gente (¿diez mil? ¿cien mil? ¿un millón?) se embarque en la fútil empresa de cambiar el lenguaje usado por más de 40 millones de personas en Argentina y más de 500 millones en el mundo.

    [2] No tengo una Tía Clotilde de Recoleta.

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