Hace ya un tiempo que sabemos que los malos hábitos de sueño se relacionan directamente con la obesidad en adultos, y esto es debido a los diversos procesos que realiza el organismo humano durante las horas de sueño. La Dra. Elsie Taveras, jefe de pediatría general en el Hospital General para la Infancia de Massachusetts, y sus colegas, decidieron investigar la relevancia de los hábitos de sueño de los bebés y su relación con peso corporal y la salud física de los niños. Para ello, siguieron a bebés todos los años a partir de que tuvieron 6 meses de edad hasta que cumplieron 7 años. En cada visita el equipo registró la altura, el peso, la grasa corporal, medidas de cintura y cadera e información sobre sus hábitos de sueño.

La privación consistente del sueño puede interferir con las hormonas del apetito

Taveras calificó el sueño de los niños de acuerdo con las cantidades recomendadas para su grupo de edad, establecidas por la Fundación Nacional del Sueño y el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre – para los menores de 2 años, más de 12 horas al día; para niños de 3-4 años, más de 10 horas al día; y para los niños de 5 a 7, más de nueve horas diarias. A los 7 años, los niños con las puntuaciones más bajas de sueño a lo largo de sus vidas jóvenes, tenían las tasas más altas de obesidad y grasa corporal, especialmente grasa abdominal, que otros estudios han relacionado con un mayor riesgo de sufrir enfermedades crónicas tales como las cardíacas y diabetes.

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El trabajo de Taveras muestra cómo el sueño interrumpido constantemente durante la infancia puede tener un efecto acumulativo en la salud. «Esto otorga más evidencia al hecho de que la falta de sueño tiene consecuencias importantes para la salud», dijo ella.

Especialmente a una edad temprana, la privación consistente del sueño puede interferir con las hormonas del apetito, que controlan cuán hambrientos o llenos nos sentimos. Y debido a que el sueño es un momento importante para el metabolismo que se reajusta a sí mismo, la falta de sueño también puede sesgar el reloj circadiano del cuerpo, cambiando la capacidad del cuerpo para quemar las calorías de la dieta y conduciendo a niveles más altos de azúcar en la sangre.

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Los hallazgos refuerzan lo que se conoce acerca de la importancia del sueño para mantener el metabolismo del cuerpo funcionando sin problemas, pero para los niños más pequeños también pone de relieve el papel fundamental que juegan los padres en el establecimiento de hábitos de sueño saludables.

«Yo suelo decir tres cosas a los padres que están preocupados por el sueño de sus niños: implementar rutinas constantes en cuanto a la hora de dormir y las horas de las comidas; reducir la cantidad de bebidas con cafeína que consumen durante el día; y eliminar las distracciones de alta tecnología de sus dormitorios».

Fuente: Time.com
Imagen: Fimages