Muchos hombres suelen mal interpretar algunas acciones de las mujeres como intentos de seducción. Creen que cualquier mirada o sonrisa es una genuina muestra de interés. Pero aveces una mirada es solo una mirada y una sonrisa es solo una sonrisa. Este «fenómeno», por llamarlo de alguna manera, despertó el interés de los psicólogos del Union College en Estados Unidos, quienes se tomaron el trabajo de diseñar un estudio para encontrar una respuesta.

El equipo reclutó a 500 hombres y les pidió que se imaginaran un escenario en el que miran a una hermosa mujer en un bar. Ella se da cuenta de que la miran, y les regresa una sonrisa.

Luego de esa escena les pidieron que evaluaran el nivel de interés que ellos creían que tenía la mujer que se habían imaginado en una escala de: «nada interesada» a «extremadamente interesada». Los psicólogos también evaluaron sus tendencias hacia el apego ansioso o el apego evitativo.

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Las investigaciones previas sostienen que aquellos con apego ansioso tienen una fuerte necesidad de sentirse amados y seguros y un marcado miedo al rechazo. Por otro lado,
las personas con apego evitativo tienden a ser más reacias a confiar en los demás y le temen a la intimidad.

Los datos del estudio en cuestión sugieren que los hombres con mayores puntajes en el espectro de apego ansioso eran más propensos a imaginar que la mujer estaba interesada sexualmente en ellos. Según los autores esto se debe al profundo deseo de intimidad que ellos tienen y también a la proyección de sus propios intereses sexuales, esperando que los deseos de las mujeres sea recíproco.

«Si te crees seductor, eso también te condiciona a ver qué los demás se comportan de manera similar.» dijo Joshua Hart, autor de la investigación y profesor de psicología [note]Esto me hace recordar a Barney Stinson de la serie *How I Met Your Mother*[/note].

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En cuanto a los hombres que se ubicaron en el otro lado del espectro, en el apego evitativo, se observó que estaban menos interesados en la mujer que debían imaginar porque se veían a ellos mismos como menos seductores, lo que provocaba que se la imaginaran menos interesada sexualmente en ellos.

La investigación es muy interesante y nos demuestra una vez más cómo nuestros deseos influyen en las relaciones sociales. Es bueno que recordemos esto y tengamos en cuenta que nuestras percepciones y creencias pueden estar muy alejadas de la realidad.

Los datos completos de este estudio están disponibles en el Journal of Personality and Individual Differences.

Fuente: ScienceDaily