Imagen: Hepaticparents.com

Tu hijo de 7 años tiene un examen de matemáticas mañana y, por más que practique, no es capaz de resolver las divisiones de dos cifras. La nota de este examen va a determinar si recibirá o no el premio por mejor promedio académico del primer cuatrimestre (un distintivo que inventó su maestra para alentar a los niños a que estudien más). Como madre/padre, ¿qué hacés antes del examen? Y, ¿qué harías si, por más que haya aprobado, la nota que recibió no fuera suficiente para que reciba el premio al mejor promedio?

Un estudio realizado en escuelas primarias de Singapur encontró que los niños con padres intrusivos tenían una tendencia mayor a ser demasiado críticos de sí mismos, y esta tendencia aumentaba con los años y, que a la vez, los niños que demostraron tener un nivel alto o en aumento de autocrítica también reportaron tener depresión elevada o síntomas de ansiedad. Este estudio, publicado en el Journal of Personality, mostró cómo el perfeccionismo desadaptativo (comúnmente conocido como la forma “mala” de perfeccionismo) se desarrolla en niños pequeños. 

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El equipo de investigadores reclutó para el estudio niños de 7 años de edad, de 10 escuelas primarias en Singapur y, por cada familia, el padre más familiarizado con el niño estuvo involucrado en el estudio. La investigación se condujo a lo largo de un periodo de cinco años, desde el 2010 hasta el 2014.

los niños que demostraron tener un nivel alto o en aumento de autocriticA también reportaron tener depresión elevada

Esta investigación examinó dos aspectos del perfeccionismo maladaptativo en niños: autocrítica, que es la tendencia a estar demasiado preocupado por los errores e imperfecciones propios; y perfeccionismo socialmente prescrito, que es la percepción propia respecto de las expectativas irrealistas que tienen los demás de uno mismo.

“Cuando los padres se vuelven intrusivos en las vidas de sus hijos, esto podría señalar a los hijos que lo que ellos hacen nunca es lo suficientemente bueno. Como resultado, el niño podría llegar a tener miedo de cometer el más pequeño error y se culpará a sí mismo por no ser ‘perfecto’. Con el tiempo, este comportamiento, conocido como perfeccionismo maladaptativo, puede ser perjudicial para el bienestar del niño ya que aumenta el riesgo de que desarrolle síntomas de depresión, ansiedad e incluso suicidio en casos muy serios,” dijo el Profesor asistente Ryan Hong, quien dirigió el estudio que fue conducido por un equipo de investigadores del Departamento de Psicología de la Facultad de Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Singapur.

Intrusión parental

La intrusión parental fue evaluada en el primer año del estudio usando un juego, jugado por el niño (que en ese momento tenía siete años) con el padre acompañando al pequeño. En el juego, el niño debía resolver rompecabezas dentro de un límite de tiempo, y se le dijo al padre acompañante que podía ayudar al niño cuando fuera necesario. Un ejemplo de comportamiento parental altamente intrusivo sería cuando el padre asumía el control del juego para retractar un movimiento realizado por el niño. El propósito de esta tarea era observar si es que el padre interfería con los intentos de resolución del problema por parte del pequeño, sin importar las necesidades reales del niño.

El equipo de investigadores observó y codificó los comportamientos intrusivos exhibidos por los padres en el contexto del juego. Posteriormente se realizaron otras evaluaciones en los niños a las edades de 8, 9 y 11 años. El perfeccionismo maladaptativo de los chicos y los niveles de los síntomas fueron obtenidos de los reportes de los niños y de los padres. 

El análisis de los datos obtenidos de 263 niños mostró que cerca de 60% fueron clasificados como con niveles altos y/o en incremento de autocrítica, mientras el 78% clasificó alto en perfeccionismo prescrito socialmente. Ambos aspectos del perfeccionismo maladaptativo tendían a co-ocurrir, y así el 59% de los niños mostró tanto autocrítica como perfeccionismo prescrito socialmente.

cerca de 60% fueron clasificados como con niveles altos y/o en incremento de autocrITICA

Según Hong, en una sociedad que enfatiza la excelencia académica, los padres podrían tener expectativas demasiado altas e irreales para sus niños. “Como resultado, un segmento importante de niños podrían desarrollar miedo a cometer errores. Además, debido a que se supone que ellos deben ser ‘perfectos’, pueden llegar a ser [personas] poco dispuestas a admitir fracasos e insuficiencias y a buscar ayuda cuando la necesitan, exacerbando aún más su riesgo de problemas emocionales.”

Recomendaciones útiles para los padres

¿Qué pueden hacer los padres para alentar en lugar de ejercer una presión indebida en sus niños? Si bien es inevitable que tengan altas expectativas respecto de sus hijos, Hong aconseja que sean conscientes de no empujarlos hasta el límite. “Se debería dar a los niños un entorno propicio para aprender, y parte del aprendizaje siempre implica cometer errores y aprender de ellos. Cuando los padres son intrusivos pueden quitar este ambiente propicio de aprendizaje.”

Y agregó que el modo en que preguntamos a nuestros niños sobre su rendimiento académico podría ser un comienzo. Por ejemplo, en lugar de preguntar “¿hiciste todo bien en tu examen?,” los padres pueden probar preguntando “¿cómo te fue en el examen?” La primera pregunta transmite al niño el mensaje de que se espera que haga todo bien en el examen, mientras que la segunda pregunta no transmite ese mensaje.

También aconsejó que si al niño no le fue tan bien en un examen como se esperaba, los padres deberían abstenerse de culparle por no rendir como ellos esperaban. En cambio, primero deberían alabar sus logros antes de atender sus errores. Los padres deberían tomar esta oportunidad y convertirla en un ejercicio de aprendizaje, en lugar de una evaluación, ayudando al niño a aprender de sus errores, sostiene Hong.

Fuente: Sciencedaily