Existen creencias muy arraigadas en la sociedad en torno a la labor policial y, especialmente, en relación a la persecución criminal. Mantener la confianza ciega en estas creencias puede ser muy peligroso, sobre todo para determinados grupos sociales.

Un nuevo estudio, conducido en el Reino Unido y publicado en la revista Police and Criminal Psychology sugiere que, a pesar de las mejoras recientes en su entrenamiento, los policías son tan susceptibles como el público general a aceptar las creencias falsas sobre psicología que se aplican a su trabajo. Esta investigación también mostró que los oficiales de policía confían más que el público lego en sus creencias erróneas.

Chloe Chaplin, una facilitadora de programa en el London Probation Trust y Julia Shaw, profesora titular en la Universidad de South Bank, reclutaron a 44 policías del Reino Unido y otros oficiales y a 56 participantes con trabajos no relacionados al resguardo del orden, que fueron reclutados mediante posters y redes sociales, mayormente ajenos al ámbito universitario.

Se preguntó a los participantes sobre varios tópicos:
– Procedimientos policiales e interrogatorios, por ejemplo si estaban de acuerdo equivocadamente con que “las personas solo confiesan cuando realmente cometieron el crimen del que se les acusa”;
– Cortes – medida mediante el uso de enunciados erróneos que se suelen tomar por ciertos, como “los testigos visuales son siempre la fuente más confiable de información relacionada al caso”;
– Creencias sobre los efectos de la dureza contra el crimen – “la pena capital es una manera efectiva de desalentar la actividad criminal;
– Creencias sobre las enfermedades mentales – la mayoría de los individuos con enfermedades mentales son violentos”; y,
– Creencias sobre la memoria y la cognición, en este caso medidas a través de su concordancia con enunciados como “si sos la víctima de un crimen violento, tu memoria de la cara del perpetrador será perfecta.”

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Ninguno de los enunciados mencionados arriba, ni otros utilizados en este estudio, tiene respaldo en la evidencia de investigación, y fueron mezclados entre declaraciones verdaderas.

El entrenamiento de la policía del Reino Unido está basado fuertemente, en muchas áreas, en la evidencia, sin embargo, el grupo de policías fue tan propenso como los otros participantes a aprobar las ideas psicológicas erróneas, creyendo, en promedio, en 18 de los 50 enunciados falsos (contra 19 de los participantes legos). Un análisis mostró mejor desempeño sólo en un área, la subescala de las cortes; en otras, incluso en áreas como las técnicas de entrevistas, donde los policías del Reino Unido reciben entrenamiento estandarizado basado en la evidencia, se desempeñaron tan mal como el público. Encima de esto, los policías mostraron mayor confianza que el público en que sus falsas creencias eran correctas. La experiencia puede engendrar exceso de confianza, con posibles consecuencias severas cuando los riesgos son tan altos: los sospechosos más jóvenes y con enfermedades mentales están en un riesgo particular de hacer confesiones falsas, por ejemplo.

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La investigación sugiere que la policía continúa siendo un ejemplo preocupante de un lugar donde hay una “brecha entre la ciencia y la práctica,” un problema que es familiar para los psicólogos de otras áreas ocupacionales como la terapia y recursos humanos. Chaplin y Shaw recomiendan más entrenamiento policial, pero enfatizan que ese entrenamiento necesita tener en cuenta los contextos de la vida real para ser convincente, y necesita ser lo suficientemente persuasivo para desplazar las creencias existentes.

Fuente: Research Digest