Ya no es raro ver en la calle a una persona levantar el celular, poner cara “seductora” y posar para las selfies que publicará en Instagram y todas las redes sociales que tiene conectadas. De hecho, no hay nada de malo con eso. El problema se encuentra cuando esa conducta se vuelve tan recurrente y disruptiva que provoca un impacto negativo en la persona, sus relaciones y responsabilidades.

Algunos psicólogos se han dedicado a estudiar las consecuencias negativas de las selfies y creen que incluso podría considerarse como un trastorno mental. Lee la investigación completa publicada en el International Journal of Mental Health Addiction.

Esos mismos investigadores (Janarthanan Balakrishnan y Mark Griffiths) crearon una escala de 18 items llamada Selfitits Behavior Scale que fue probada con 400 participantes de la India para evaluar la severidad de la adicción a las selfies y catalogaron en tres niveles de severidad:

  1. Limite: las personas toman tres selfies por día pero no la publican en las redes sociales.
  2. Moderado: las personas la postean tres selfies por día.
  3. Crónico: las personas no pueden controlar las necesidad de postear selfies y lo hacen más de seis veces por día.
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Al preguntarles a los sujetos las razones que los hacían publicar tantas selfies, los mismos respondieron: “Me siento más popular cuando posteo mis selfies en las redes sociales” o “Me siento apartado de mi grupo cuando no publico mis selfies”.

Los autores consideran que las personas que más problemas tienen para controlar la necesidad de postear selfies son aquellos que carecen de autoconfianza y que buscan “encajar” en todo momento con las personas de su alrededor.

¿Podemos hablar de un nuevo trastorno?

Por supuesto que no. Esta es solo una investigación y esto no significa que el trastorno de “selfititis” sea reconocido por la comunidad científica. Este estudio es un intento de describir y comprender este nuevo patrón de conducta que nació del desarrollo de las nuevas tecnologías móviles, pero no es suficiente para hacer una nuevo diagnóstico. Incluso podemos decir, con completa seguridad, que sería muy irresponsable categorizar esta conducta como un trastorno. En todo caso podríamos describir la conducta, el malestar que genera y ofrecer ayuda desde un marco terapéutico – científico que se enfoque en los componentes centrales de la conducta problemática, por ejemplo: la necesidad de publicar selfies, la ansiedad, la baja autoconfianza, etc.

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Fuente: World Economic Forum
Imagen: Unsplash

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