Ciertamente el título de este post roza lo pseudocientífico. Nada más lejos de la realidad. Literalmente, los neurocientíficos han estado años intentando encontrar una forma de “dar caza” a los miembros fantasmas de algunos pacientes que sufren lo que se conoce como Síndrome del Miembro Fantasma (SMF).

¿Qué es el SMF?

Tras la amputación de una extremidad, aproximadamente el 80% de las personas siguen notando la presencia del brazo o la pierna que han perdido. Esta extraña sensación se acompaña de un dolor muy intenso que interfiere significativamente en la calidad de vida del paciente. La razón de que aparezca un miembro fantasma en la extremidad amputada es la neuroplasticidad. Durante un tiempo se pensó que los nervios seccionados seguían mandando señales al cerebro, lo que generaba dolor. No obstante esta teoría no es totalmente cierta.

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Según el profesor V.S. Ramachandran, al amputar una extremidad se produce una “parálisis aprendida”. La parálisis aprendida tiene lugar debido a que el cerebro sigue mandando órdenes a la extremidad para que se mueva, sin embargo el cerebro no recibe la respuesta del movimiento ya que el brazo no está, por lo que al final el cerebro aprende que el brazo está paralizado y se genera dolor.

el cerebro sigue mandando órdenes a la extremidad para que se mueva

Un fenómeno muy particular que ocurre en los pacientes con SMF es que al tocar su cara tienen la sensación de que están tocando la extremidad amputada. ¿Por qué ocurre esto? Para entenderlo se necesitan ciertas nociones acerca de plasticidad cerebral, pero vamos a intentar explicarlo de forma que todo el mundo lo entienda. La región cortical que procesa los estímulos procedentes de la cara está justamente al lado de la zona que procesa los estímulos procedentes del brazo. Las neuronas están constantemente compitiendo por unirse a otras neuronas, y aquellas más activas son las que consiguen establecer más sinapsis. De esta forma, si amputamos un brazo, la región cortical que procesa los estímulos del brazo dejará de activarse (porque no recibe estimulación aferente), mientras que la zona adyacente (la corteza que procesa la cara) se sigue activando e invade el área cortical que procesa los estímulos del brazo. Por tanto, si tocas la mejilla de una persona con un miembro amputado, te dirá que le estás tocando el dedo meñique, o si tocas más cerca de la boca quizás te diga que le estás tocando el pulgar.

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Terapia de espejo para el tratamiento del SMF

Durante muchos años se ha tratado el SMF con psicofármacos para reducir el dolor, pero los efectos sólo perduraban unas horas. El doctor Ramachandran ideó, en la década de los 90, un novedoso sistema para “arrancar” del cerebro el miembro fantasma y, a la vez, hacer desaparecer el dolor. Sorprendentemente la técnica no es ni neuroquirúrgica ni farmacológica: Su método es totalmente Neuropsicológico. Para tratar el SMF se debe utilizar una caja dividida en dos partes por un espejo. Una vez hecho esto el paciente introduce el brazo sano en una de las mitades de la caja, y el muñón en la otra mitad. Después se le indica que mueva la mano sana y mire el reflejo del movimiento en el espejo, imaginando que al otro lado su miembro fantasma se está moviendo. Tras varias sesiones los pacientes sienten un alivio significativo del dolor y su miembro fantasma desaparece (1).

Con esta técnica se consigue engañar al cerebro y le proporcionamos una respuesta visual de que el miembro fantasma se está moviendo, por lo que se desactiva la parálisis aprendida de la que hablábamos antes. La terapia de espejo se ha probado en pacientes con piernas amputadas (2) y los resultados son muy positivos. También se ha probado en personas que han sufrido ictus y se ha encontrado que la terapia mejora tanto la movilidad del brazo afectado como el dolor (3).

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Bibliografía

[1] Ramachandran, V.S. y Rogers-Ramachandran, D. (1996) Synaesthesia in phantom limbs induced with mirrors. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 263 (1369): 377-386.

[2] González, P., Manzano, M.P., Muñoz, M.T., Martín, C. y Forcano, M. (2013). Síndrome del miembro fantasma: Aproximación terapéutica mediante el tratamiento espejo. Experiencia de un Servicio de Geriatría. Revista Española de Geriatría y Gerontología, 48 (4), 198-201.

[3] Reboredo, M y Soto-González, M. (2016). Efectos de la terapia de espejo en el ictus. Revisión sistemática. Fisioterapia, 38 (2), 90-98