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A medida que llegan a la adolescencia, muchos niños experimentan una reducción de la sintomatología del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Pero en un porcentaje de niños, los síntomas se mantienen constantes. ¿Qué causa esta diferencia?

Unos psicólogos en Sevilla nos explican una nueva investigación de la APA (Asociación Americana de Psicología) que exploró la relación entre la crítica constante de los padres y la constancia de los síntomas. Sus datos encontraron una importante relación.

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El estudio examinó en un periodo de tres años a una muestra de 388 niños diagnósticados con TDAH y un grupo control de 127 sin TDAH, con sus familias. Del total de niños con TDAH, el 69% fueron varones (hay mayor prevalencia del TDAH en varones), 75% eran blancos y el 75% provenia de un hogar donde vivían ambos padres. Se midieron los cambios en la sintomatología del TDAH mientras los chicos crecían y los niveles de criticismo y de involucración emocional de los padres.

Una de las maneras en que se evaluó la relación de los padres con sus hijos consistió en pedirles que entablaran una conversación por cinco minutos sin interrupciones, que fueron grabadas en tres sesiones y evaluadas por un grupo de expertos, quienes tuvieron en cuenta sus niveles de criticismo (rudeza, declaraciones negativas acerca de los niños) y la sobreinvolucración emocional (sentimientos sobreprotectores hacia el niño). Todas estas mediciones se hicieron a través de dos años.

Los resultados demostraron que los niños con TDAH que viven con familias que continuamente expresan altos niveles de criticismo, no tuvieron la reducción usual de los síntomas del TDAH y en cambio sus síntomas se mantuvieron constantes.

Aún con una correlación que parece ser tan evidente, los autores llaman a la cautela y escriben que sus datos no proveen la evidencia sufiente para sostener que el criticismo sea la causa específica de los síntomas del TDAH. Pero sus resultados si sirven para que los padres sean más cautelosos a la hora de tratar a sus hijos, porque nadie se sentiría cómodo, aceptado y amado en un ambiente donde se es criticado todo el tiempo. Más aún cuando el niño tiene un diagnóstico y no se comporta de determinada manera porque le place sino porque tiene dificultades para regularse.

Las intervenciones familiares deberían no sólo concentrarse en la sintomatología del niño, sino también ofrecer un plan integral de entrenamiento a los padres que se sienten saturados por las conductas disruptivas de los niños con TDAH, que incluya evitar el exceso de críticas. Esto permitiría afrontar el problema desde dos frentes y generaría un mayor bienestar global en la familia.

Puedes leer el artículo completo en formato PDF en la revista Journal of Abnormal Psychology.

Fuente: APA