Antidepresivos en jóvenes: ¿una causa de insomnio?
Disfruté mucho leer esta entrevista al neurocientífico Gonzalo de Polavieja, donde explica cómo sus investigaciones con el cerebro de peces cebra buscan arrojar luz sobre las complejidades del cerebro humano y cómo se usa la IA en la investigación. Lo que más me llamó la atención es que, cuanto más aprendes y te especializas, más evidente se vuelve que aún queda muchísimo por investigar. Esa es la humildad de la ciencia que tanto necesitamos.
El uso de la IA en la investigación:
La IA convencional predice, pero no explica. Para que ayude a comprender hay que simplificarla. En mi caso, transformo las redes neuronales en módulos más interpretables y compruebo que sigan prediciendo igual. Modelar significa entender y eso exige abstracciones: no buscamos una copia del cerebro, sino representaciones que nos permitan pensar sobre él.
Cuando se estudia un tema muy complicado, hay que simplificar al máximo:
P. Como modelo de estudio, ¿ayuda el pez cebra a esa simplificación?
R. Sí, tiene muchas ventajas. En estado larvario su cerebro es transparente y podemos registrar la actividad de todo el encéfalo sin abrir el animal, en condiciones fisiológicas normales, lo que no es posible en casi ninguna otra especie. Además, su genoma está secuenciado, lo que nos permite diseñar sensores para visualizar la actividad neuronal. Todo ello permite estudiar muy bien su comportamiento. Antes trabajé con invertebrados como la mosca Drosophila, pero siempre busco el modelo más sencillo para entender un problema. Comprender el cerebro es muy difícil y la única manera es simplificar al máximo.
Hace unos días, durante una consulta, conversaba con una paciente acerca de lo difícil que es mantener amistades en la adultez. Ella creía que solo ella tenia ese problema, que estaba rota, y que por eso perdía todas sus amistades. En realidad, no era así. Mantener amistades en la adultez es difícil porque el contexto no facilita ni promueve los vínculos de amistad. Intente explorar esto con ella y validar que a todos nos cuesta y que exige un esfuerzo que vale la pena.
Por eso me gustó mucho encontrarme con este artículo de Desirée Llamas en su blog, Desregulando en el que analiza los factores sociales y económicos que hacen más difícil mantener amistades y también incluye recomendaciones para manejar estos desafíos en consulta:
- La precariedad laboral
Piensa en alguien que trabaja a turnos rotativos: una semana entra de mañana, otra de tarde, otra de noche. ¿Cómo quedas con esa persona de manera regular? O en quien tiene que aceptar contratos temporales en distintas ciudades, porque “no se puede decir que no”. A veces hasta combinar dos empleos para llegar a fin de mes. En ese escenario, el tiempo libre se vuelve un lujo, y la amistad pasa a la cola. No es que no quieras, es que no puedes.- La precariedad habitacional
Parece una tontería, pero no tener un espacio propio donde recibir gente, o vivir en pisos diminutos, limita también los encuentros.- La hiperconexión
Estamos más en contacto que nunca, pero menos presentes. Sí, esto tiene sus ventajas y también sus consecuencias. Todas sabemos que la amistad se siente un poco más vacía si no se habita físicamente, si no se viven experiencias conjuntas. La narrativa de las relaciones tiende a volverse superficial y a un simple chequeo diario.- La movilidad constante
Antes, si estudiabas o trabajabas en un lugar, probablemente te quedabas allí toda la vida. Ahora no: Erasmus, máster en otra ciudad, prácticas de seis meses fuera, mudanzas cada dos años, búsqueda de oportunidades laborales… Las amistades entran y salen de nuestras vidas con más rapidez que nunca. Y claro, mantener un vínculo requiere tiempo compartido como decía, no solo mensajes ocasionales.- La lógica del rendimiento
Incluso en lo personal parece que tenemos que “ser amigas perfectas”: contestar rápido, proponer planes interesantes…. Y si no, fallamos. La amistad empieza a vivirse como una checklist: lo que genera exigencias en los dos sentidos. Vivir las relaciones desde la lógica del rendimiento capitalista, nos llena de decepciones y autoengaños. Vivir las relaciones como un trabajo más, nos puede hace sentir rechazo por ellas.- El culto a la autosuficiencia y los límites malentendidos
En el polo opuesto, “yo puedo sola”, “no quiero molestar”, “mejor no pido ayuda”. Nos han educado para pensar que necesitar a alguien es signo de debilidad. Pero las amistades se alimentan precisamente de eso: de mostrar vulnerabilidad, de pedir apoyo, de acompañarse en lo difícil. Cuando siempre fingimos estar bien, la relación se queda en superficie y no crece. Por otro lado, cada vez cala más el mensaje de limitar al resto (malentendido), poner un límite es un éxito de autocuidado y se pone para todo; aunque la realidad es que muchas veces el mayor autocuidado que podemos regalarnos es mejorar nuestras habilidades de resolución de conflictos.
Christina Caron para The New York Times:
Pero, como ocurre con gran parte de la jerga terapéutica que se infiltra en las redes sociales y en nuestra cultura en general, el significado de “límites” se ha perdido en la traducción. Cuando los psicólogos hablan de límites, no se refieren a controlar a otras personas con ultimátums ni a aislarse de los problemas de la relación. Establecer un límite significa controlar tu propio comportamiento con normas que tú mismo estableces.
Estas normas son una forma sana de expresar nuestras necesidades y expectativas, y pueden ayudarnos a fomentar conexiones más fuertes con las personas importantes de nuestra vida, dijo Nedra Glover Tawwab, terapeuta y autora del libro Cuestión de límites.
Me gustó mucho este artículo porque refleja lo que trabajamos en el consultorio al enseñar a los pacientes a establecer límites. La idea central es sencilla: “los límites son para regular tu propio comportamiento, no el de los demás”. Esto tiene mucho sentido, porque lo único que realmente podemos controlar es cómo actuamos nosotros.
Por ejemplo, uno de mis límites es no responder chats de trabajo durante los fines de semana. No importa cuántos mensajes reciba, mi compromiso es no contestar, porque si lo hago termino reforzando un patrón de comunicación que me sobrecarga y me hace disfrutar menos de mi trabajo. Claro, mi límite es flexible: si un paciente me llama para prevenir una crisis o practicar una habilidad, puedo atenderlo; pero no responderé dudas administrativas o consultas generales un sábado o domingo.
Este tipo de límites me ayudan a cuidar mi bienestar y a mantener mi comportamiento dentro de lo que considero saludable y sostenible.
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