Una nueva investigación revela que la masturbación está en aumento y cuestiona algunos mitos de género
Cada día se publican cientos de investigaciones científicas. No todas tienen el mismo rigor ni el mismo impacto. Un buen editor necesita saber cómo distinguirlas y decidir cuáles vale la pena compartir. La periodista Dani Blum explica el proceso que sigue este diario para seleccionar y reportar investigaciones científicas:
Siempre que sea posible, buscamos datos procedentes del modelo de referencia para la investigación científica: ensayos aleatorizados a doble ciego y controlados, en los que un grupo de personas recibe un tratamiento o intervención y el otro grupo recibe un placebo. Ni los investigadores ni los participantes en el estudio saben de qué grupo se trata. Esto ayuda a proteger contra el sesgo, pues impide que los investigadores traten a un grupo de forma diferente al otro.
El tamaño y la duración del estudio también son importantes. En general, cuanto mayor sea el tamaño de la muestra y más largo el estudio, más sólidos serán los datos. También busco estudios publicados en revistas médicas de prestigio que hayan establecido procesos para revisar los ensayos y aprobar su publicación. Estos estudios son revisados por pares, lo que significa que expertos externos han examinado de forma independiente un artículo antes de su publicación.
En Psyciencia seguimos los mismos principios. Por ejemplo, evitamos publicar estudios realizados en animales porque sus resultados rara vez son replicables en humanos. Siempre aclaramos cuando una investigación es correlacional y destacamos sus limitaciones, aunque resulte repetitivo o poco atractivo. Lo hacemos porque no sabemos quién está leyendo ni si tiene formación en investigación.
Los principios descritos en el artículo son una excelente guía para tener en cuenta al leer un paper.
Donna Smith en The New York Times:
Pero los expertos aseguran que no se necesita socializar tanto como uno podría pensar para obtener esos beneficios de longevidad; básicamente basta con tener algunos vínculos estrechos y realizar actividades cotidianas que faciliten el contacto con el mundo exterior. No se trata tanto de la cantidad de conexiones que tengas, sino de lo que esas conexiones hacen por ti.
En otras palabras, los introvertidos no necesitan ser el alma de la fiesta para tener una vida larga y sana.
Nuestras relaciones contribuyen a la salud y la longevidad de algunas maneras fundamentales: proporcionan apoyo emocional, estimulación cognitiva, atención en tiempos de crisis y motivación para tener hábitos más saludables. Si tus relaciones actuales marcan esas cuatro casillas, probablemente estás en buena forma. Pero si te faltan una o dos, podría ser hora de reevaluar tu red social.
No todo el mundo necesita “la misma cantidad de actividad social”, dijo Ashwin Kotwal, profesor asociado de medicina especializado en geriatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Francisco. “Pero tener algo de actividad social es importante”.
Lo valioso del artículo es que redefine la conexión social desde una perspectiva realista y compasiva: no se trata de llenar la agenda de eventos, sino de cuidar los lazos que nos sostienen y mantener una participación activa —aunque pequeña— en el mundo que nos rodea. Ideal para profesionales que trabajan con personas mayores o con pacientes que enfrentan soledad, y también para quienes se preguntan cómo mantener el equilibrio entre el silencio y la conexión.
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