¿Cuáles son los principales aspectos a destacar en la investigación actual sobre la psicología de la delincuencia? ¿Cómo enfrentarnos a la prevención y tratamiento de la delincuencia? ¿Qué análisis deben realizarse para desarrollar intervenciones eficaces? ¿Sobre qué bases deben apoyarse los estudios en este campo? ¿Cómo actuar con menores delincuentes de diferente edad?


Estas cuestiones, de indudable relevancia para el campo de actuación con menores y adultos infractores, articulan el siguiente manual sobre Psicología de la Delincuencia.

He intentado contestar a cada una de ellas, ofreciendo los fundamentos conceptuales de este área de estudio y de su estado actual en el panorama nacional e internacional, realizando un análisis de los componentes de las inter- venciones que resultan más prometedoras en el abordaje de esta problemática, informando sobre las estrategias que hay que tener en cuenta para llevar a cabo un programa de intervención eficaz con delincuentes, y ofreciendo pautas de prevención que permitan la adaptación personal y social de los menores en riesgo. No debemos olvidar que se trata de personas que por razones evolutivas o circunstancias ambientales presentan problemas que por sí mismos no pueden resolver de una manera adecuada.

Cada vez son más los autores que comparten la opinión de que la delincuencia, especialmente aquella de naturaleza grave o crónica, no es sino una manifestación más -si se quiere, la más perturbadora- de un estilo de vida incompetente. Estos sujetos, entonces, no sólo son delincuentes, sino que resultan fracasados sociales en términos de su ajuste personal, laboral y familiar.

Por otra parte, en el contexto de la conducta antisocial, las investigaciones ya no se centran exclusivamente en buscar la causa del problema. Esto refleja en parte el reconocimiento de los complejos factores que se combinan para producir la conducta delictiva, las muchas vías distintas que conducen a un mismo resul- tado. Para comprender los mecanismos en los que operan los factores de riesgo serían necesarios estudios que examinaran los factores múltiples y su desarrollo en el curso del crecimiento. Es probable que haya vías o secuencias múltiples que conduzcan al comportamiento delictivo y que éstas difieran en los jóvenes a distintas edades, de distinto sexo y de cultura diferente. Por ello, las teorías futuras necesitan adoptar un amplio rango de variables a estudiar (individuales, interpersonales y sociales), junto con procesos motivacionales, de inhibición conductual y toma de decisiones, que adopten una perspectiva de desarrollo que permita establecer secuencias evolutivas en la carrera delictiva.

El objetivo en el pasado fue comprobar la evidencia empírica sobre descu- brimientos ya existentes, el énfasis en el futuro debe ponerse en la predicción de nuevos resultados, en la planificación de programas donde las teorías y la evidencia avancen juntas y se enriquezcan mutuamente.

El estudio de los factores de riesgo ha revelado que no sólo existe continuidad de la conducta antisocial desde la niñez a la adolescencia y vida adulta, sino también a través de generaciones. La estabilidad y continuidad de esta proble- mática social significa que las intervenciones diseñadas para mejorar estas conductas son sumamente importantes. Pero no podemos obviar el hecho de que no todos los individuos bajo riesgo de conducta delictiva se convierten en sujetos delincuentes. La evidencia de estas personas resistentes o inmunes ha propiciado una vía de investigación muy prometedora, ya que, al menos a priori, parece más sencillo analizar qué protege a los menores ante el delito que el interrogarse qué es lo que les induce a delinquir, como tradicionalmente se venía haciendo. La cuestión más importante sigue siendo el mejorar la identifi- cación de estos grupos de sujetos. Lo que tenemos que hacer es intentar repro- ducir en esos chicos de riesgo los factores que pueden hacerles “inmunes” al primer delito, o bien que puedan evitar que sigan implicados en comportamientos delictivos.

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En la actualidad, y tras años de investigación, podemos afirmar que para que un tratamiento con delincuentes sea eficaz, debe basarse en: (a) un conjunto de técnicas diferentes que pueda emplearse atendiendo a las necesidades especificas de cada sujeto; (b) estrategias para que el delincuente aprenda a relacionarse con los demás y con su entorno; y (c) un entrenamiento relacionado con la comu- nidad (escuela, servicios sociales, clubes, etcétera). Asimismo, debe contar con profesionales capaces y entusiastas, que sirvan de modelos positivos en su interacción con los jóvenes y en consonancia con el estilo de aprendizaje de los mismos. Todo ello con un mismo objetivo: lograr que el delincuente adopte un modo diferente de relacionarse con el mundo y de verse a él dentro de ese mundo. De hecho, podríamos resumir la tarea de socialización como un esfuerzo por ofrecer recursos y habilidades a estos jóvenes para que adquieran un mayor auto-control en el establecimiento de metas y actividades prosociales, que les permitan abandonar una incipiente o consolidada carrera delictiva y les haga sujetos adaptados a su entorno.

Aunque sabemos que es necesario potenciar los escenarios comunitarios para el tratamiento de los delincuentes, la institucionalización es una realidad. No podemos plantearnos si podemos o no educar a los delincuentes en institu- ciones. Estas existen, y seguirán existiendo. Por tanto, lo importante es aplicar en ellas programas efectivos, para lo cual sería claramente de ayuda un cambio, desde la perspectiva de la psicología organizacional, del diseño tradicional de funcionamiento. Al mismo tiempo, no descuidamos el campo de la prevención, el cual se ha visto enriquecido por la corriente cognitivista al ofrecer resultados prometedores en el trabajo con niños con comportamiento antisocial y jóvenes predelincuentes o en riesgo de serlo.

A continuación el lector encontrará nueve temas con un mismo objetivo: demostrar la necesidad de comprender y conocer, para prevenir e intervenir en el ámbito de la conducta delictiva.

El primero de ellos titulado “Definición de la conducta antisocial y delictiva” nos introduce en la definición e identificación de los menores con conducta antisocial y delictiva, diferenciándolos de aquellos con trastorno disocial, y ofre- ciendo el marco legal que sirve de referencia para la actuación con los menores infractores. Asimismo, hace un recorrido sobre los diferentes conocimientos que debe poseer el profesional que trabaja en este campo.

En el segundo tema “Predicción de la conducta delictiva: vulnerabilidad y resistencia”, realizado en colaboración con José Luis Alba, se señalan los factores de riesgo más importantes para el inicio y el mantenimiento de la conducta delictiva así como los factores protectores que pueden ayudar al sujeto a hacerse resistente ante influencias antisociales.

El tercer y cuarto tema (realizado en colaboración con Ana D’Ocon) ofrecen, respectivamente, los aspectos psicológicos y sociales del delincuente. En primer lugar, se presenta un análisis detallado de los factores cognitivos y emocionales relacionados con la delincuencia, y en segundo lugar, de los factores ambientales (en concreto, la familia, escuela y grupo de amigos) que en un gran número de ocasiones contribuyen al inicio, mantenimiento y desarrollo del comportamiento antisocial y delictivo.

El quinto tema “La integración: persona, conducta y ambiente”, realizado en colaboración con Vicente Garrido, presenta una serie de teorías integradoras que representan algunas de las explicaciones más novedosas en esta materia.

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Del análisis de todas estas variables se desprenden una serie de derivaciones para la prevención que son desarrolladas en el tema seis “La prevención de la conducta delictiva”. Concretamente, este tema se centra en las medidas de prevención e intervención dirigidas al entorno familiar, situando la moderna perspectiva de la prevención en el marco de la competencia social. También se ocupa del papel de la escuela en la prevención e intervención de la conducta delictiva, reflexionando acerca del modo en que la escuela actúa en el presente como agente de prevención y haciendo un repaso sobre las principales estrategias de actuación para el desarrollo de la competencia social.

El tema siete “El tratamiento de la conducta delictiva” está dedicado, como su nombre indica, al tratamiento del delincuente juvenil y adulto. En primer lugar, aborda la respuesta de la justicia juvenil ante el menor infractor, resaltando dos conceptos clave: la responsabilidad y la competencia. En segundo lugar, analiza los objetivos de la intervención con delincuentes, diferenciando los principios que deben guiar una actuación eficaz de las características de los programas que han resultado prometedores en el tratamiento del delincuente. Y en tercer lugar, muestra algunos programas eficaces de intervención, incluyendo un proyecto para delincuentes juveniles de alto riesgo y con conductas violentas.

Precisamente sobre la delincuencia violenta trata el tema ocho donde a parte de ofrecer definiciones y conceptos, se centra en la identificación de las perso- nalidades con cierta propensión a las conductas violentas y en estrategias de prevención e intervención del comportamiento violento.

El profesor Vicente Garrido Genovés ha colaborado en este manual con el último tema, sin duda enriqueciendo este libro. El capítulo 9 “Psicopatía y delincuencia”, nos acerca a la figura del delincuente psicópata para que lo comprendamos mejor, sepamos diagnosticarlo, y en última instancia, podamos ofrecer limitadas pero útiles pautas de tratamiento a estos difíciles delincuentes.

Finalmente, estos nueve temas van acompañados de dos prácticas. La primera sobre la identificación de los factores de riesgo y de protección de un adolescente, que cubriría los primeros cinco temas, y la segunda, más centrada en los últimos cuatro capítulos, sobre el diagnóstico y valoración de la psicopatía en un delin- cuente.

Deseo que este material pueda ser un verdadero instrumento de ayuda para todos los estudiantes de esta asignatura, así como para los psicólogos, pedagogos, trabajadores sociales, criminólogos, maestros, educadores sociales, fuerzas de seguridad, sociólogos, juristas y personal de instituciones que estén interesados en conocer o desarrollar programas para la prevención y tratamiento de la desviación social, la delincuencia y la violencia en sus diferentes manifestaciones.

Asimismo, espero que sea de utilidad para los profesionales de los servicios psicopedagógicos que tienen como misión elaborar programas de ayuda para jóvenes con dificultades, así como a otros profesionales de los servicios sociales que trabajan con esta población o los responsables de desarrollar estrategias adaptadas a este tipo de adolescentes.

No obstante, mi principal pretensión es que a través de todos vosotros puedan beneficiarse especialmente los jóvenes con graves problemas personales y sociales, cuyos comportamientos les impiden experiencias socializadoras positivas que les hacen más susceptibles, si cabe, de desajustes en su etapa adulta.

María Jesús López Latorre.

Universidad de Salamanca, España.

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