Libre, no valiente

Hace unos días se fue viralizando el video #cambiáeltrato de la Fundación Avon sobre acoso callejero. En él, se observan dos personas, varones, hablando entre sí sobre el hecho de que “no está buena” la conducta de uno de ellos hacia una mujer, a quien acosa con sus palabras y actitud.

El objetivo de esta campaña es concientizar sobre el acoso callejero. Lograr que los varones, entre pares, se hagan ver unos a otros las cosas que “están buenas” (término usado en el video) y las que no. Insta a que entre ellos noten, hagan ver y sancionen la violencia ínsita de estas conductas.

La intención de la campaña es buena. En su espíritu, el video muestra una problemática social que necesita ser abordada con urgencia, por lo que, como toda herramienta, es bienvenida.

Pero está muy lejos de ser vanguardista. Resulta básico, simplificador de la cuestión. Retrocede casi una década en el trabajo que diferentes colectivos vienen realizando en cuanto al Acoso Callejero. Un ejemplo de vanguardia es la labor desplegada por Acción Respeto.

Por otro lado, es menester la perspectiva de la mujer como principal víctima para concientizar sobre Acoso Callejero. Sino, se transmite el mensaje de que estas cuestiones son de hombres, y las arreglan los hombres. Además, se omite por completo hacer referencia al origen cultural, contextual, de estas conductas. Tampoco se habla de la naturalización a la que hemos llegado a raíz del acostumbramiento. 

Resaltar estos puntos es importante porque la Fundación Avon cuenta con los recursos necesarios para hacer una campaña que no sólo ayude a concientizar, sino que además no desconozca todo el trabajo que hace años se viene realizando para lograr su erradicación.

¿Qué es el Acoso Callejero?

Básicamente hablamos de conductas de connotación sexual realizadas por un desconocido en espacios públicos o de acceso público. Son acciones unidireccionales, no consentidas por la víctima a quien le causan malestar.

O, en términos de la ley 5742 de la Ciudad de Buenos Aires, “se entiende por Acoso Sexual en espacios públicos o de acceso público a las conductas físicas o verbales de naturaleza o connotación sexual, basadas en el género, identidad y/u orientación sexual, realizadas por una o más personas en contra de otra u otras, quienes no desean o rechazan estas conductas en tanto afectan su dignidad, sus derechos fundamentales como la libertad, integridad y libre tránsito, creando en ellas intimidación, hostilidad, degradación, humillación o un ambiente ofensivo en los espacios públicos y en los espacios privados de acceso público” (art. 2).

“Au bout de la rue”

Comparto con ustedes este video llamado Au bout de la rue (al final de la calle). Es un video fuerte. Fiel, real. No se centra en la perspectiva de un hombre joven bien vestido, sentado sobre una moto. Se enfoca en el modo en que el acoso se produce cotidianamente, con la intensidad con que se produce.
Les invito a prestar especial atención a la experiencia que se transmite. Sientan su respiración, el ritmo sus pasos. Sigan sus acciones, lo que hace, lo que deja de hacer. Durante esos tres minutos no caminen con ella, sean ella.

Naturalización

El final del video es claro. Llegar a casa, cerrar la puerta, respirar profundo y seguir con la vida. Como si nada. Como todos los días.

Pero ¿por qué lo soportamos? En un contexto y en una cultura en que el acoso callejero es considerado por muchos como “piropos”, “halagos”, en que el descontento de las víctimas es categorizado como exageración, e invalidado constantemente, soportamos el acoso callejero porque lo hemos naturalizado. Nos hemos adaptado a él. Como si fuera inherente a la condición humana. Es, simplemente, algo que ocurre.

¿Te parece justo que sigamos tolerando su existencia?

Es necesario que hablemos de esto, sí.

Les invito a hacerlo con sus amigas y amigos, con parientes, compañeros y compañeras.

A los varones, una sugerencia: escucha activa.

A las mujeres: ¿qué edad tenías la primera vez que recordás que fuiste víctima de acoso callejero? Empiezo yo, 9 años.

Y si no lo habían hecho, noten ahora que la pregunta “¿alguna vez fuiste víctima de acoso callejero?” entre nosotras no es necesaria.

De camino a casa quiero ser libre, no valiente.

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