Claudia Peiró entrevistó en Infobae a Marcela Dal Verme, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina; miembro de la International Psychoanalytical Association (I.P.A) y el foro Usina de Justicia, sobre un tema extremadamente importante y de alto riesgo social como lo es la pedofilia. Del Verme ofrece varias explicaciones muy interesantes y coherentes que creo vale la pena compartir y analizar desde diversas posturas teóricas de la psicología.

La diferencia entre la pedofilia y la pederastia:

Antes que nada, hay que diferenciar pedofilia de pederastia. El pedófilo coloca su deseo en niños, niñas o adolescentes. No le importa el sexo del objeto que elige. Lo excita la asimetría de fuerza, el poder. No necesariamente es pederasta, que es aquel que desea y abusa carnalmente con o sin coito a un infante o un adolescente. Ambas son perversiones desde la psicopatología, pero una es delito (pederastia) y la otra puede no serlo nunca en la vida. Los que antes eran llamados «mirones», esos de las puertas de los colegios, hoy son consumidores de erótica infantil virtual. Estos personajes pueden pasar al acto (abusar o violar a un menor) o no hacerlo nunca. Por las dudas, obviamente, no hay que minimizar jamás esas conductas.. Hay que saber todo y más de este tema.  Diferenciar delito de psicopatología es mi letanía en todo lo que hablo en público.

¿Qué hacer cuando un pedófilo asiste al consultorio en busca de ayuda?

(…) lo primero que pregunto es: «¿de qué se ocupa? Si me dice pediatra, profesor de gimnasia o de música infantil, guia scout de adolescentes, o algo similar, armo un dispositivo de cuidado y prevención con el que soy rigurosa y estricta. Al modo adicción. O cumple, o no lo atiendo. O institucionalizo la situación. No lo escucho como algo más de su patología, para mí es «la patología» y requiere de toda mi atención preventiva como concepto de aporte social. No dejo al lobo a cuidar ovejas. Aunque lamentablemente no soy infalible

¿Puede un pedófilo curarse?

Sí, pero no confío y eso que ejerzo hace más de 30 años. En el pedófilo en particular, la facilitación a esta pulsión de dominio es que su objeto de deseo es el infante o adolescente. Con rasgos psicopáticos, intenta transformarse en víctima si alguien se queja de sus pretensiones. No reconoce al otro como sujeto, sólo es objeto de deseo y como tal intenta su apropiación. Esto instala un mecanismo compulsivo, serial, de la búsqueda de objetos de deseo porque si su pulsión más fuerte es dominar, una vez dominado el objeto deja de excitar por lo tanto hay que buscar otro. Placer momentáneo no es satisfacción, es insatisfacción, y hay que buscar más. Es un eterno insatisfecho. Por eso en mi opinión personal, no se debería hablar de cura, sino de formas posibles de cierta adaptación.

Lee la entrevista completa en Infobae.

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Imagen: Shutterstock

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