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La televisión es una fuente de proliferación de mensajes que realzan las cualidades más benéficas y reprochables del ser humano.

Decenas de programas son transmitidos regularmente cada día y miles son lanzados al aire por primera vez cada semana, entre ellos, reality shows que explotan la vida privada de gente común o bien de personajes famosos, y que en ocasiones muestran ampliamente conductas como el abuso de sustancias y la criminalidad.

Algunos reality shows emplean un alto grado de lenguaje soez y presentan situaciones de evidente degradación o humillación de los participantes

La escasa censura mediática al momento de difundir contenido delicado ha sido muy criticada por focos de concientización social que se declaran a favor de políticas de regulación televisiva. Algunos reality shows emplean un alto grado de lenguaje soez y presentan situaciones de evidente degradación o humillación de los participantes. No obstante, si esta connotación negativa es conscientemente reconocida, ¿por qué consumen las personas este tipo de contenido?

Hasta el momento, algunos estudiosos opinaban que los reality shows conforman escenarios de drama y ficción que se prestan para transmitir a la audiencia sentimientos como la empatía y la compasión, mientras que otros sostenían que el éxito de este tipo de programas estaba realmente en un deseo voyeurista (conducta que consiste en la búsqueda de placer sexual por medio de la observación de otras personas) por parte del observador, y un impulso por ser parte de la vida íntima y conocer los detalles vergonzosos de los demás.

Michal Hershman Shitrit y Jonathan Cohen de la Universidad de Haifa en Israel pusieron a prueba ambas perspectivas para un estudio publicado en el Journal of Media Psychology.

La investigación se basó en una encuesta realizada a 183 participantes respecto a 12 reality shows diferentes, incluyendo versiones locales de producciones conocidas internacionalmente, como Big Brother y American Idol.

Los participantes indicaron la frecuencia con que veían cada espectáculo, cuánto disfrutaban hacerlo, la medida en que querrían participar si se les ofrecía la oportunidad y qué tan felices estarían si un miembro de su familia estuviera interesado en participar.

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Las preguntas incluían elementos de auto-revelación (ítems que buscaban saber en qué medida revelaría el individuo a un extraño información relacionada con «hábitos personales» o «cosas que he hecho y de las cuales me siento culpable»), ya que los investigadores plantearon la hipótesis de que la auto-revelación estaría positivamente correlacionada con la propia voluntad de participar en los reality shows.

El objetivo detrás de las preguntas en relación con los seres queridos susceptibles de ser participantes era medir la actitud hacia la participación a una distancia leve, independiente de los propios rasgos de personalidad de los encuestados y su voluntad de participar.

la humillación no es la motivación central por la cual las personas miran estOS programas, sino más bien la empatía

Shitrit y Cohen asumieron que si la gente no desea ser humillada o ver a sus seres queridos humillados públicamente y al mismo tiempo disfrutar de reality shows por la humillación de otras personas, se podría esperar una correlación negativa entre el goce y la voluntad de participar. Si, por otro lado, la empatía era la principal razón por la que la gente disfrutaba de estos espectáculos, la correlación debería ser positiva.

En general, el interés por participar en los programas tipo reality shows no fue muy alto, pero lo más importante es que cuanto más los participantes dijeron disfrutar viéndolos, más probabilidades había de que se mostraran interesados en participar o que un ser querido participara.

Como era de esperarse, los participantes que obtuvieron puntajes altos en la medida de auto-revelación también tendieron a estar más interesados en ser parte de un reality show.

En general, el interés por la participación de los miembros de la familia fue superior al deseo de auto-participación.

Para Shitrit y Cohen, esto revela que la humillación no es la motivación central por la cual las personas miran este tipo de programas, sino más bien la empatía, la experiencia de comprender las condiciones que afectan a los demás.

Fuente: BPS Research Digest 

Rita Arosemena P.
Graduada en Comunicación y especialista en Educación Superior. Amante de la literatura, el arte y las ciencias (y del café. El café no se lo toquen). Le interesan especialmente la neuropsicología, la psicología evolutiva y la psicopatología. Le apasiona la música francesa y no tiene nada contra Freud.