¿Un nuevo vicio? Entre el hiperfoco, la recompensa y las oportunidades de aprendizaje.
«El mundial» trae algo más que fútbol. Vuelve el ritual de las figuritas: peregrinar por kioscos, abrir sobres, buscar la difícil, intercambiar repetidas, completar páginas y sentir esa pequeña descarga de felicidad cuando finalmente aparece la que faltaba, ese escudo o esa «brilli». En las plazas conviven niños con ceño fruncido concentrados en su listado de figuritas anheladas junto con adultos que le dan un descanso a sus preocupaciones diarias para ocuparse de negociar esas «repes» por las que tanto se están haciendo desear. No discrimina edades, altura ni ocupación; el entusiasmo se hace lugar en todos y cada uno.
Para muchas personas es simplemente un juego nostálgico. Pero para algunas personas con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), el fenómeno puede convertirse en algo bastante más intenso. Recordemos que el TDAH no implica solamente «distracción» o «hiperactividad». Una gran parte de la investigación actual muestra alteraciones en sistemas de regulación atencional, recompensa y motivación, particularmente vinculados a la dopamina (Volkow et al., 2009). Y aquí aparece un aporte clave de Russell Barkley, quien propuso comprender el TDAH principalmente como una alteración de las funciones ejecutivas y la autorregulación, más que como un simple problema atencional (Barkley, 1997). Desde esta perspectiva, las dificultades para inhibir impulsos, tolerar la demora y priorizar recompensas futuras pueden volver especialmente intensos ciertos sistemas de recompensa inmediata.
Y las figuritas del Mundial parecen reunir todos esos ingredientes al mismo tiempo. Cada sobre funciona como un sistema de recompensa variable: no sabemos qué va a tocar. A veces nada interesante. A veces una difícil. A veces una brillante. A veces «la que faltaba». Pero redoblo la apuesta para la próxima; en los siguientes sobres «seguro sale». Ese tipo de recompensa impredecible es especialmente potente para el cerebro humano. De hecho, los sistemas de refuerzo intermitente son conocidos por generar conductas altamente persistentes, incluso más que las recompensas constantes (Skinner, 1953). Es el mismo principio psicológico detrás de los tragamonedas, el scroll infinito y muchas dinámicas de consumo digital contemporáneo.
Las personas con TDAH suelen ser particularmente sensibles a experiencias que combinan: novedad, anticipación, recompensa inmediata, coleccionismo, búsqueda, urgencia y microdescarga frecuentes de dopamina.
Abrir sobres activa justamente esa combinación. Por eso algo que desde afuera parece «solo un hobby» puede transformarse rápidamente en: «compro uno más», «solo quiero completar esta página», «necesito conseguir la especial», «ya invertí demasiado para dejarlo ahora».
Barkley también describió cómo muchas personas con TDAH presentan dificultades para sostener mentalmente recompensas futuras frente a estímulos inmediatos altamente reforzantes. Dicho de otra manera: el cerebro sabe racionalmente que quizás conviene frenar… pero el sistema motivacional inmediato sigue gritando «un sobre más».
Además, el Mundial agrega otro ingrediente psicológico muy poderoso: la temporalidad limitada. El álbum tiene una ventana emocional corta. Hay sensación de evento único, urgencia social, pertenencia grupal y miedo a quedarse afuera. Un cerebro con TDAH suele tener más dificultades regulando conductas cuando la recompensa percibida es inmediata y emocionalmente intensa.
También aparece algo conocido como aversión a la demora: la espera se siente particularmente incómoda y el cerebro busca alivio rápido mediante estimulación inmediata. El álbum ofrece exactamente eso: recompensa rápida, novedad constante, microobjetivos, feedback inmediato, anticipación, completitud y recompensa visual.
Pero reducir el fenómeno únicamente a «dopamina» sería simplificar demasiado algo mucho más interesante. Porque el mismo sistema que puede desregularse cuando queda completamente librado al impulso también puede transformarse, con ciertos límites y acompañamiento, en un espacio muy rico de aprendizaje. Las figuritas no son únicamente «papel coleccionable». En términos psicológicos, combinan motivación, recompensa, organización, memoria, búsqueda y socialización dentro de una actividad altamente estimulante. Y el cerebro aprende mejor cuando algo le importa.

Atención sostenida y persistencia
Completar un álbum implica sostener objetivos a mediano plazo: buscar, clasificar, ordenar, revisar faltantes, intercambiar repetidas, volver sobre páginas incompletas. Para muchas personas con TDAH, las tareas abstractas o poco estimulantes pueden resultar extremadamente difíciles de sostener. Pero cuando aparece un sistema de interés intenso, la capacidad de atención cambia drásticamente. Esto permite algo importante: experimentar sensación de competencia y persistencia en una actividad que requiere continuidad. Incluso el deseo de «completar» puede convertirse en una oportunidad para entrenar tolerancia a la frustración y demora de recompensa, especialmente cuando hay acompañamiento adulto que ayude a regular impulsos de compra o urgencia.
Funciones ejecutivas con camiseta de hobby
Aunque parezca un juego simple, el álbum involucra muchas funciones ejecutivas: planificación, monitoreo, categorización, organización, memoria de trabajo, control inhibitorio y toma de decisiones. Por ejemplo: «¿Compro sobres hoy o espero al intercambio?», «¿Vale la pena cambiar esta difícil?», «¿Cuántas me faltan realmente?». Son pequeñas microdecisiones ejecutivas disfrazadas de hobby. Y eso puede ser especialmente valioso para personas con TDAH, donde las funciones ejecutivas suelen requerir apoyos más concretos y experiencias de aprendizaje motivacionalmente relevantes.
Matemática cotidiana y economía emocional
Conteo, probabilidad, cálculo, presupuestos, porcentajes, comparación de cantidades, registro de gasto, manejo autónomo en compras y asertividad son aprendizajes informales muy interesantes que activa el boom de las figuritas.
Habilidades sociales y pertenencia
Históricamente, las figuritas también funcionaron como un enorme organizador social, incluso para personas neurodiversas que a veces encuentran difíciles las interacciones sociales más ambiguas. El intercambio de figuritas puede ofrecer una estructura clara y predecible para vincularse, que implica negociación, lectura social, reciprocidad, comunicación, manejo de la frustración, cooperación y pertenencia grupal.
Motivación y autoestima
También tenemos que reconocer que muchas personas con TDAH crecen recibiendo mensajes constantes asociados a la dificultad y críticas por desorganización o «falta de constancia». Pero cuando logran completar colecciones, memorizar jugadores, organizar intercambios o desarrollar estrategias eficientes, aparece algo muy valioso: experiencia subjetiva de eficacia.
La motivación basada únicamente en corrección y rendimiento suele desgastar muchísimo a las personas neurodivergentes. Los hobbies altamente estimulantes, en cambio, pueden transformarse en espacios donde el aprendizaje aparece asociado a curiosidad y disfrute en lugar de fracaso.
El desafío: regulación, no prohibición
Claro que también existen riesgos como el hiperfoco, el gasto impulsivo, la frustración, la compulsividad y la desregulación emocional. Porque el hiperfoco también forma parte de la experiencia de muchas personas con TDAH. Y aunque a veces se romantiza como «superpoder», puede convertirse en una especie de túnel atencional donde cuesta registrar señales de cansancio, límites o saturación, derivando en episodios de burnout.
Ahí es donde la gestión importa más que la prohibición. Algunas estrategias útiles pueden incluir: definir presupuestos concretos antes de comprar, espaciar las aperturas de sobres, evitar compras impulsivas nocturnas, usar listas visibles de gasto, compartir el hobby socialmente en lugar de vivirlo como compulsión individual, o introducir pausas deliberadas antes de nuevas compras.
El problema no suele ser una figurita; el problema aparece cuando el sistema de recompensa toma el volante y la regulación emocional queda atada a la próxima apertura de sobre. Pero tampoco se trata de demonizar algo que, bien acompañado, también puede convertirse en juego, comunidad, aprendizaje y creación de recuerdos que mañana pueden ser refugio de un agobiado adulto.
Referencias:
- Barkley, R. A. (1997). ADHD and the nature of self-control. Guilford Press.
- Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and commitment therapy: The process and practice of mindful change (2nd ed.). Guilford Press.
- Skinner, B. F. (1953). Science and human behavior. Macmillan.
- Volkow, N. D., Wang, G. J., Kollins, S. H., Wigal, T. L., Newcorn, J. H., Telang, F., Fowler, J. S., Zhu, W., Logan, J., Ma, Y., Pradhan, K., Wong, C., & Swanson, J. M. (2009). Evaluating dopamine reward pathway in ADHD: Clinical implications. JAMA, 302(10), 1084-1091. https://doi.org/10.1001/jama.2009.1308