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Hace poco compartimos un artículo sobre la prevalencia de los trastornos mentales en el mundo, con gráficos que ilustran la cuestión de acuerdo al género, la edad y el país.

Las enfermedades mentales pasaron de ser un tema invisible a ser tabú y luego a ser discutidas abiertamente en el espacio de 30 años. Pero aún no son aceptadas universalmente. Las personas que las padecen todavía se quejan de discriminación, lo que impacta en muchos aspectos de su vida incluida la gran probabilidad de pérdida del empleo por esta condición.

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La enfermedad mental no es tristeza, locura o ira (aunque pueda involucrar estos estados en algunas de sus formas); no es binaria o exclusiva, sino compleja y universal. Pensemos en un espectro, un continuo dentro del cual nos movemos: en un extremo está la salud mental, donde nos encontramos prosperando, satisfechos y a gusto. Podemos describir los tramos medios como aquellos donde nos encontramos haciendo frente, sobreviviendo o luchando. En el otro extremo se encuentran las enfermedades mentales. La mayoría de nosotros nos movemos de un lado a otro a lo largo de este espectro durante toda nuestra vida.

Según los datos del Instituto de Evaluación de Métricas de Salud (IHME), en 2017 poco menos de 300 millones de personas en todo el mundo sufrieron ansiedad, aproximadamente 160 millones sufrieron de trastorno depresivo mayor y otros 100 millones de la forma más leve de depresión conocida como distimia. Muchas personas pueden sufrir más de una condición. Según los datos de la Carga global de enfermedad del IHME, aproximadamente el 13% de la población mundial, unos 971 millones de personas, padecen algún tipo de trastorno mental (GBD 2017 Disease and Injury Incidence and Prevalence Collaborators, 2018). La demencia es la enfermedad mental de más rápido crecimiento.

La organización benéfica británica Mind se refiere a una estadística según la cual una de cada cuatro personas experimentará alguna forma de enfermedad mental en el año.

Según Harvey Whiteford, profesor de Salud Mental Poblacional de la Universidad de Queensland, la prevalencia de las enfermedades mentales no ha aumentado en los últimos 20 años, pero se han dado dos cambios grandes: el primero es que el reconocimiento y la desestigmatización han resultado en un gran aumento de personas que buscan ayuda. El segundo es que las encuestas muestran repetidamente que más jóvenes están reportando angustia mental.

De acuerdo a los recolectores de datos, aquellos países que han estado en guerra sufren naturalmente un gran número de enfermedades mentales relacionadas con el trauma.

Una medida de la enfermedad mental que se ha convertido en un estándar de oro en los últimos 30 años son los Años de Vida Ajustados por Discapacidad (AVAD), una suma de todos los años de vida saludable y productiva perdidos por enfermedad, por muerte prematura o por discapacidad.

Los psiquiatras hablan de una combinación de factores de riesgo que podrían contribuir al desarrollo de una enfermedad mental. Comenzando con los genes. “Lo que heredas es una cierta vulnerabilidad o predisposición, y si suceden cosas además de eso, las personas tendrían más probabilidades de sufrir un problema mental,” dice Ricardo Araya, director del Centro para la Salud Mental Global en King’s College. “Es poligénico, hay muchos genes involucrados, sabemos que puedes haber heredado ciertos genes, pero eso no significa necesariamente que sufrirás [enfermedades mentales]”.

Por ejemplo, el año pasado los científicos identificaron 44 variantes genéticas que aumentan el riesgo de depresión (Wray et al., 2018).

También están las experiencias de la vida que agravan los factores de riesgo, como el abuso, el trauma, el estrés, la violencia doméstica, las experiencias adversas en la infancia, el acoso escolar, el conflicto, el aislamiento social o el abuso de sustancias (que pueden ser causa y consecuencia). Pero no es una ciencia precisa, dice Ann John, profesora de salud pública y psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Swansea. La suma de factores de riesgo no resultan automáticamente en enfermedades mentales, aclara.

¿Cuáles son las enfermedades más comunes?

La depresión clínica (que no es lo mismo que sentirse un poco deprimido o un poco desganado, cosa que nos sucede a todos) a veces se describe mejor como una serie de cosas perdidas: pérdida de alegría, concentración, amor, esperanza, entusiasmo, equilibrio, apetito y sueño (aunque también puede venir con correcciones excesivas en todos estos aspectos).

Los trastornos depresivos, que pueden afectar hasta a 300 millones de personas en todo el mundo, representan aproximadamente un tercio de los AVAD de enfermedades mentales. Existen innumerables diagnósticos online para la autoevaluación, aunque si sientes lo que podría ser depresión clínica, deberías consultar a un médico.

Por lo general, se trata con una combinación de medicamentos y psicoterapia, el primero para estabilizar el estado de ánimo, el segundo para descubrir de dónde vino y cómo cambiar las formas de pensar para encaminarlas.

La ansiedad es un primo cercano de la depresión clínica, y de nuevo, no es lo mismo que sentirse un poco ansioso. Es un exceso de preocupación incontrolable y a menudo inexplicable, que con frecuencia se experimenta tanto en el cuerpo como en la mente. La ansiedad aguda puede provocar ataques de pánico y numerosas fobias. Los trastornos de ansiedad representan aproximadamente uno de cada siete AVAD de enfermedades mentales, según la Organización Mundial de la Salud.

Por lo general, se trata con medicamentos y terapias psicológicas, como la terapia cognitivo-conductual.

El trastorno bipolar, que afecta a un estimado de 50 millones de personas en todo el mundo, es un trastorno que involucra una alteración extrema del estado de ánimo. Hay dos tipos principales: bipolar I, involucra episodios de manía severa y depresión; bipolar II, se caracteriza por períodos más frecuentes de depresión con menos episodios maníacos, y menos intensos.

La esquizofrenia se caracteriza por “delirios, alucinaciones, habla y comportamiento desorganizados y otros síntomas que causan disfunción social u ocupacional”, según el DSM-5. Afecta a unas 20 millones de personas en todo el mundo.

Abuso de sustancias. El “trastorno por uso de sustancias” se considera una enfermedad mental y tiene su propio capítulo en el DSM-5. No todos los usuarios de sustancias intoxicantes calificarán, sino solo aquellos que luchan con el control, la compulsión y la abstinencia cuando no las usan. Aún así, se estima que son más de 150 millones de personas en todo el mundo quienes lo sufren.

Algunos abusos de sustancias pueden desencadenar otras enfermedades mentales enumeradas aquí y en otros lugares; algunas otras enfermedades mentales pueden conducir al abuso de sustancias, debido a la automedicación.

Se incluyen alcohol y drogas ilícitas; el tabaco no. Los trastornos por consumo de alcohol y drogas representan casi una quinta parte de los AVAD de enfermedades mentales. Rusia y los Estados Unidos tienen las tasas per cápita más altas.

El trastorno de estrés postraumático es uno de varios trastornos relacionados con el trauma y el estrés, y generalmente es causado por experimentar un evento estresante que luego se revive, a veces muchos años después de que sucedió. Puede provocar una serie de síntomas comunes a la depresión, como pérdida de concentración, sueño, estado de ánimo, control y energía.

Los trastornos alimentarios como la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa representan aproximadamente el 1% de los AVAD de enfermedades mentales. Se cree que alrededor de 3 millones de personas en todo el mundo sufren de anorexia.

La demencia es un trastorno neurocognitivo que provoca una disminución de la función cerebral y deficiencias concomitantes en el pensamiento, el recuerdo y el razonamiento. Actualmente, afecta a unos 50 millones de personas en todo el mundo, frente a los 20 millones de 1990.

Según los datos de la OMS, Turquía y Bélgica son los únicos países que tienen más de 100 enfermeras de salud mental por cada 100.000 personas. Noventa países tienen menos de 10. La situación es aún peor con los psiquiatras. Treinta naciones, casi todas desarrolladas y la mayoría de ellas en Europa, tienen más de 10 psiquiatras por cada 100.000 personas (Noruega está en la cima de la lista con 48). Setenta países tienen menos de uno.

Japón encabeza la lista de camas de salud mental en centros de salud mental (196 por 100.000), y es el tercero detrás de Hungría y Alemania en camas de salud mental en hospitales generales. 

¿Qué pasa con la medicación?

Es un área muy disputada, por tres razones. En primer lugar, los medicamentos para la salud mental son un gran negocio, con un valor estimado de $80 mil millones de dólares al año en todo el mundo (Dewan, s. f.).

En segundo lugar, algunas personas responden mejor a las drogas que otras.

En tercer lugar, la prescripción de medicamentos ha aumentado en los últimos años, particularmente los antidepresivos como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), medicamentos como Prozac que se han vuelto muy populares desde la década de 1990. En varios países, ha habido preocupación de que se prescriban con demasiada facilidad a personas con síntomas leves.

Dicho esto, también funcionan. Un metaestudio publicado el año pasado descubrió que funcionaban mejor que los placebos (Cipriani et al., 2018).

Una gama de nuevos tratamientos promete mover la psicofarmacología más allá de los ISRS. Desde la ketamina hasta la psilobycina, los nuevos compuestos psicotrópicos ofrecen tanto la promesa de remedio como la preocupación por la automedicación.

Actualmente, los trastornos como la depresión y la ansiedad son cada vez más aceptados por la sociedad, pero la esquizofrenia, los trastornos de la personalidad y la psicosis aún son condiciones poco comprendidas.

Referencias:

Artículo relacionado:
Así es el sufrimiento que produce la depresión posparto

Cipriani, A., Furukawa, T. A., Salanti, G., Chaimani, A., Atkinson, L. Z., Ogawa, Y., … Geddes, J. R. (2018). Comparative efficacy and acceptability of 21 antidepressant drugs for the acute treatment of adults with major depressive disorder: a systematic review and network meta-analysis. The Lancet, 391(10128), 1357-1366. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(17)32802-7

Dewan, S. S. (s. f.). Drugs for Treating Mental Disorders: Technologies and Global Markets: PHM074B | BCC Research. Recuperado 6 de agosto de 2019, de https://www.bccresearch.com/market-research/pharmaceuticals/mental-disorder-drugs.html

GBD 2017 Disease and Injury Incidence and Prevalence Collaborators. (2018). Global, regional, and national incidence, prevalence, and years lived with disability for 354 diseases and injuries for 195 countries and territories, 1990-2017: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2017. The Lancet, 392(10159), 1789-1858. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(18)32279-7

Wray, N. R., Ripke, S., Mattheisen, M., Trzaskowski, M., Byrne, E. M., Abdellaoui, A., … Major Depressive Disorder Working Group of the Psychiatric Genomics Consortium. (2018). Genome-wide association analyses identify 44 risk variants and refine the genetic architecture of major depression. Nature Genetics, 50(5), 668-681. https://doi.org/10.1038/s41588-018-0090-3

Fuente: The Guardian

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