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El consumo problemático de alcohol, es decir, aquel que se acompaña de consecuencias desagradables, se asocia con un hipocampo más pequeño de acuerdo con una nueva investigación realizada por la Universidad de Minnesota.

El hipocampo, como bien sabemos, es la parte del cerebro involucrada en la memoria y el procesamiento del aprendizaje, lo que también influye en la regulación de las emociones y podría estar vinculada con diversas psicopatologías identificadas en estudios anteriores, como el deterioro en el estrés postraumático.

Para extraer estas conclusiones, los investigadores realizaron un metaanálisis de 23 aprendizajes representados en imágenes cerebrales, donde se encontró que el consumo problemático de alcohol está asociado con un compendio más pequeño del hipocampo y que este tamaño reducido se acentúa en las personas con un trastorno clínico por consumo de licor.

Evidencia confirma relación, pero no causalidad

No obstante los resultados obtenidos, cabe destacar que la metodología aplicada al estudio no permite a los investigadores llegar a ninguna conclusión acerca de la relación causa y efecto entre el consumo de licor y el tamaño del hipocampo.

Si bien es cierto que existe evidencia de que el cerebro adicto al alcohol se ve y funciona de manera diferente debido a un efecto neurotóxico, también es posible que las personas tuvieran diferencias cerebrales incluso antes de comenzar a consumir alcohol, lo que podría incluso reflejar una vulnerabilidad hacia el desarrollo de un consumo problemático.

Sylvia Wilson, autora principal del estudio, explica que no es ético asignar al azar personas a grupos adictos o no adictos, y que diferenciar los efectos de la exposición relacionada con el alcohol en un cerebro con una vulnerabilidad preexistente requiere diseños de estudio que permitan una mayor “inferencia causal”.

De acuerdo con el profesor Jon Currie, miembro del Consejo Nacional de Drogas de Australia (ANCD), es muy cierto que existen partes del cerebro que son especialmente sensibles al alcohol y que pueden verse afectadas por su consumo, sobre todo en los jóvenes, ya que hablamos de una fase cronológica en la que todo está a favor de la adaptabilidad, una cualidad que bien puede tanto favorecer como perjudicar.

Por su parte, el NIH (Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos), informa que existen una multiplicidad de factores que influyen en cómo puede afectar el alcohol al cerebro, entre ellos:

  • Cuánto y con qué frecuencia bebe una persona
  • La edad en que él o ella comenzó a beber por primera vez
  • Cuánto tiempo ha estado bebiendo
  • La edad de la persona, el nivel de educación, el sexo, los antecedentes genéticos y los antecedentes familiares de alcoholismo
  • Si él o ella está en riesgo como resultado de la exposición prenatal al alcohol
  • Su estado de salud general.

Fuente: Psypost; Psychological Medicine

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