¿Te ha pasado que llegas a un evento social, a una reunión con amigos, o simplemente vas al barbero, al estilista o a la manicurista, y no quieres decir que eres psicólogo o psicóloga porque temes que te empiecen a pedir consejos y recomendaciones? ¿O que no tienes ganas de escuchar la historia y los problemas de la otra persona y solo quieres un momento de silencio y tranquilidad?
A mí me pasaba seguido. Iba a cortarme el cabello, o me encontraba con alguien que quería saber más de mi trabajo, y yo no tenía ganas de hablar. Decía que era psicólogo y enseguida venía la historia larguísima sobre la vida del otro. Cansado de que esto me pasara una y otra vez, un día decidí cambiar de profesión. Busqué una que no generara tanta curiosidad, una que la gente asumiera entender sin necesidad de preguntar más.
Hice la prueba diciendo que era profesor de matemáticas, contador y oficinista, y descubrí que la mejor alternativa era decir que era contador. Cuando lo dije, el barbero dejó de preguntarme y se dedicó a cortarme el cabello en el hermoso silencio de la tarde. Justo lo que necesitaba, porque después me esperaba una ardua jornada de terapias. He replicado el experimento varias veces y siempre me ha funcionado a la perfección. Nadie más me pregunta por mi profesión ni por mi día.
Ojo, no tengo nada en contra de los contadores ni de los profesores de matemáticas. Son profesiones ricas en experiencias y conocimiento, y muy importantes en nuestra sociedad. Lo que pasa es que no despiertan tanta curiosidad ni cargan con la expectativa cultural que rodea a la psicología.
Así que ya sabes: si quieres un momento de silencio, di que eres contador o profesor de matemáticas. Nadie seguirá preguntando.