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Establecer límites no significa lo que piensas
Christina Caron para The New York Times:
Pero, como ocurre con gran parte de la jerga terapéutica que se infiltra en las redes sociales y en nuestra cultura en general, el significado de “límites” se ha perdido en la traducción. Cuando los psicólogos hablan de límites, no se refieren a controlar a otras personas con ultimátums ni a aislarse de los problemas de la relación. Establecer un límite significa controlar tu propio comportamiento con normas que tú mismo estableces.
Estas normas son una forma sana de expresar nuestras necesidades y expectativas, y pueden ayudarnos a fomentar conexiones más fuertes con las personas importantes de nuestra vida, dijo Nedra Glover Tawwab, terapeuta y autora del libro Cuestión de límites.
Me gustó mucho este artículo porque refleja lo que trabajamos en el consultorio al enseñar a los pacientes a establecer límites. La idea central es sencilla: “los límites son para regular tu propio comportamiento, no el de los demás”. Esto tiene mucho sentido, porque lo único que realmente podemos controlar es cómo actuamos nosotros.
Por ejemplo, uno de mis límites es no responder chats de trabajo durante los fines de semana. No importa cuántos mensajes reciba, mi compromiso es no contestar, porque si lo hago termino reforzando un patrón de comunicación que me sobrecarga y me hace disfrutar menos de mi trabajo. Claro, mi límite es flexible: si un paciente me llama para prevenir una crisis o practicar una habilidad, puedo atenderlo; pero no responderé dudas administrativas o consultas generales un sábado o domingo.
Este tipo de límites me ayudan a cuidar mi bienestar y a mantener mi comportamiento dentro de lo que considero saludable y sostenible.
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¿Puede la IA hacer que los médicos pierdan sus habilidades?
Teddy Rosenbluth en New York Times:
Un estudio publicado en la revista Lancet Gastroenterology and Hepatology descubrió que, tras solo tres meses de uso de una herramienta de IA diseñada para ayudar a detectar crecimientos precancerosos durante las colonoscopias, los médicos eran significativamente peores a la hora de detectar los crecimientos por sí mismos.
Se trata de la primera prueba de que el uso de herramientas de IA puede mermar la capacidad del médico para realizar tareas fundamentales sin la tecnología, un fenómeno conocido como “descualificación” (deskilling, en inglés).
La inteligencia artificial necesita supervisión. Aunque puede ofrecer respuestas rápidas y precisas, también comete errores. En esos casos, la intervención de los especialistas, como los médicos, resulta indispensable. Pero si los médicos pierden las habilidades necesarias para evaluar y corregir estos resultados, ¿cómo podrían detectar los fallos?
Este riesgo de pérdida de competencias ha llevado a que algunas instituciones educativas consideren limitar o incluso prohibir el uso de la IA en los primeros años de formación médica.
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Una investigación vincula el abuso de edulcorantes con una aceleración del deterioro cognitivo en adultos mayores
Enrique Alpañés en El País resume los datos de una investigación de la revista Neurology que asocia el consumo frecuente de edulcorantes con el deterioro cognitivo:
La investigación cogió una base de datos de 12.700 adultos, pero se centró en aquellos de entre 55 y 72 años (unos 5.000), después siguió su evolución durante ocho años. En este tiempo se les hizo registrar todo lo que comían y se les sometió a pruebas para comprobar su rapidez mental y deterioro cognitivo. Los investigadores hicieron un seguimiento de siete edulcorantes artificiales que suelen encontrarse en alimentos ultraprocesados. Las personas que consumían las cantidades totales más elevadas presentaron un deterioro más rápido de las capacidades cognitivas y de memoria en general, equivalente a 1,6 años de envejecimiento, que aquellos que apenas consumían edulcorantes.
La investigación presenta algunas limitaciones, entre ellas que la cantidad de edulcorantes consumida por los participantes fue demasiado amplia. Además, se trata de un estudio correlacional, lo que implica que, aunque exista una relación entre ambas variables, no puede afirmarse que el consumo de edulcorantes sea la causa del deterioro cognitivo. Aun así, los autores consideran que los hallazgos ofrecen información valiosa y nos invitan a ser más cautelosos con el consumo excesivo de estos endulzantes:
”Hay dos hallazgos que sugieren que los edulcorantes podrían tener efectos específicos más allá de ser un marcador de una dieta deficiente”, se defiende Suemoto. “En primer lugar, observamos asociaciones para varios edulcorantes individuales”, explica. Estos son los que echa la gente en el café o el yogur a diferencia de los compuestos, que usa la industria en sus productos. “Además, existe una plausibilidad biológica a partir de estudios en modelos animales”, continúa la experta. Los edulcorantes artificiales pueden desencadenar procesos como la neuroinflamación, la neurodegeneración o la alteración del eje intestino-cerebro. Así lo han demostrado varios estudios en ratones. Estos fenómenos podrían afectar al cerebro y explicar su deterioro.
Y añade:
“Hemos añadido pruebas sólidas de que estos compuestos pueden no ser inocuos”, resume Suemoto, “especialmente cuando se consumen con frecuencia y a partir de la mediana edad”. En un contexto científico más amplio, estos hallazgos ponen de relieve la necesidad de examinar de forma más crítica lo que utilizamos para sustituir el azúcar en nuestra dieta, y subrayan que las elecciones alimentarias en la mediana edad pueden tener consecuencias para la salud cerebral décadas más tarde.