La violencia que sufren niñas, niños y adolescentes, es un hecho mundial que no distingue la cultura, la clase social, el nivel de educación, la edad o el origen étnico. Las tipologías del maltrato infantil son muchas, el maltrato psicológico, la negligencia, el maltrato físico, la exposición a la violencia, la explotación sexual y el abuso sexual (Ramirez y Fernandez, 2011).

Desde la mirada de la salud pública, se define el abuso sexual como una actividad sexual, donde se utiliza a una persona menor que no está preparada evolutivamente, ni tiene capacidad de comprensión y de dar consentimiento (OMS, 2002). Si bien, la edad se considera un criterio clave, lo que será definitorio será la existencia de una falta de comprensión del sentido de la actividad sexual y la imposibilidad de la persona para rehusar tal situación (Finkelhor, 1997). En este sentido, Save the Children España (2012) considera que el abuso sexual, además de constituirse por toda actividad sexual impuesta por alguien mayor de edad a una niña, niño o adolescente, también puede ser impuesta por una persona menor hacia otra menor, cuando la primera es considerablemente mayor que la víctima.

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Actualmente, el abuso sexual continúa siendo una realidad invisibilizada. Pero en la medida en que se  reivindica el lugar de las mujeres en la sociedad, en que se habla más abiertamente de la violencia de género y se hace foco en la visión patriarcal del mundo, el maltrato a la infancia es una realidad que se instala en la sociedad y esto conlleva la denuncia de miles de casos. 

El descubrimiento del abuso sexual infantil, conlleva consecuencias graves para la víctima y su grupo familiar y social

El abuso sexual es difícil de reconocer,  puede suceder durante años sin que exista sospecha ya que el agresor emite amenazas a las víctimas sobre las consecuencias, así las paraliza evitando que pidan ayuda y generando en ellas sentimientos de culpa, desvalorización, descreimiento y desesperanza. 

El descubrimiento del abuso sexual infantil, conlleva consecuencias graves para la víctima y su grupo familiar y social. La protección que se le pueda dar a la niña o al niño y el pronóstico de su recuperación dependerá de que tan tempranamente se detecte, de la intervención de especialistas y de la contención familiar, que puede creer o no al menor.

Qué hacer ante sospecha o revelación

La Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (2016), elaboró una guía muy completa de orientación y recursos disponibles en Buenos Aires (Argentina) con indicaciones acerca de cómo escuchar a niñas y niños para detectar abusos sexuales y cómo actuar para proteger y velar por su integridad psicológica, física y social.  Los pasos que se proponen son 5:

  1. Se debe propiciar una escucha adecuada en función de la edad de la persona, su madurez y situación concreta ya que cuando se anima a romper el pacto de silencio que su abusador le impuso, no escucharlo o dudar de su relato es otra forma de maltrato y revictimización, provocando desamparo y desesperanza. Los adultos deben saber que las niñas y los niños,  en la gran mayoría de los casos no mienten ni fantasean, que no pueden reproducir situaciones de victimización sexual que no han padecido.
  2. El segundo paso es realizar la denuncia. Se debe recomendar a la persona adulta prestar mucha atención a los pasos del proceso civil y penal e informarse sobre cómo deben ser realizados. Así, en caso de que los mismos no se respeten, la persona a cargo de la protección podrá exigir que se cumpla con las buenas prácticas.  Además se prepara a la familia sobre este proceso como una tarea ardua que puede desalentar o confundir, pero remarcando la importancia que tiene para sus hijos o hijas, que necesitan que la justicia intervenga el delito.
  3. La denuncia posibilita la asistencia inmediata, por un equipo interdisciplinario que evaluará el riesgo de la situación y brindará contención psicológica a fin de garantizar la protección y la salud de la víctima. Siempre es la persona adulta quien debe relatar los hechos denunciados. El equipo no debe interrogar a la niña o al niño, pero si se produce un testimonio espontáneo, debe registrarlo ya que muchas veces es el único relato que la víctima hace. Paralelamente a este proceso las personas menores perjudicadas deben recibir asistencia médica y psicológica. Esta asistencia, tiene como objetivo la contención, no el peritaje de lo denunciado.
  4. Una vez efectuada la denuncia se deben tomar medidas de protección según lo amerite el caso, ordenando procesos cautelares respecto del ofensor, que garanticen la seguridad de la víctima.
  5. Luego se da inicio al proceso civil y la investigación penal, entre otras acciones simultáneas donde el menor y la familia deben contar con un sistema de soporte adecuado que le brinde contención y los recursos necesarios para afrontarlas.
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Evaluación y tratamiento

El abuso sexual infantil altera principalmente la dimensión emocional, tanto a corto como a largo plazo pero también afecta otras áreas del desarrollo. Algunos autores agrupan sus consecuencias en torno a cuatro factores que ayudan a comprender los comportamientos de infantes víctimas de este maltrato: la sexualización traumática, la estigmatización, la traición y la falta de sensación de poder (Finkelhor y Browne, 1986). 

El proceso de evaluación y de intervención debe tener en cuenta que el fenómeno afecta a las personas a distintos niveles y que el curso de la sintomatología dependerá de innumerables factores y circunstancias, tantas como posibles respuestas al evento traumático (Ramirez y Fernandez, 2011).

El TEPT es el problema más frecuentemente analizado aunque no es su única consecuencia. Los tratamientos dirigidos a menores también se han centrado en problemas de ansiedad, conductas sexualizadas, problemas de autoestima, depresión y conductas perturbadoras y antisociales. Según la valoración de un metaanálisis sobre los efectos obtenidos por distintos tipos de tratamientos, la terapia cognitivo conductual, centrada tanto en la familia como en niñas o niños,  produce mayores efectos terapéuticos sobre los síntomas traumáticos (Harvey y Taylor, 2010).

Referencias bibliográficas:

Fundación para Estudio e Investigación de la mujer (2016) Abuso sexual en la infancia. Guía de orientación y recursos disponibles en CABA y Provincia de Buenos Aires. http://feim.org.ar/wp-content/uploads/2016/08/Guia-ASI-2016.pdf

Harvey, S. T. y Taylor, J. E. (2010). A meta-analysis of the effects of psychotherapy with sexually abused children and adolescents. Clinical Psychology Review, 30, 517-535

López, Orjuela; Bartolomé, Liliana. “Violencia Sexual contra los niños y las niñas. Abuso y Explotación Sexual infantil. Guía de material básico para la formación de profesionales”. Save the Children. España, 2012.

Ramirez, C. y Fernández, A. (2011). Abuso sexual infantil: una revisión con base en pruebas empíricas. Behavioral Psychology / Psicología Conductual. Vol. 19, Nº 1.  pp. 7-39

World Health Organization (2002). Informe mundial sobre la violencia y la salud: resumen. Washington, D.C.: Organización Panamericana de la Salud, Oficina Regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud.

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María Florencia Ledre
Lic. En Psicología (Universidad de Buenos Aires). Formación en Psicoterapia clínica y Terapia Cognitivo Conductual (UBA) Diplomatura en Psicoterapia Infanto Juvenil (CAECE). Terapia de Familia y de Pareja (FORO). Terapeuta en CLISEX - Clínica de la Sexualidad.

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