Todos hemos estado en esa incómoda situación un grupo debate un tema importante y nosotros sabemos que estamos en lo cierto en un punto específico pero la razón de la mayoría no quiere ceder a los argumentos racionales.

Para ayudarnos Fernando Trías Bes escribió este artículo para El País, en el que detalla una serie de recomendaciones que van desde la capacidad de separar los argumentos de las emociones, la capacidad que tenemos que tener para reconocer la disonancia cognitiva del grupo, la técnica del método socrático y otros tips muy buenos.

Se capaz de separar los argumentos de las emociones:

“En primer lugar, hay que tener templanza y separar las cuestiones personales o emocionales. En una discusión, por lo general, predominan las emociones sobre las razones. Amor propio, recuperar autoestima, demostrar que uno sabe más, devolver una batalla perdida, aflorar un rencor guardado… Todo ello pesa más que el argumento racional. Así que, si el lector está alguna vez en minoría y quiere llevarse el gato al agua, debe dejar a un lado sus propias emociones, rencores y complejos e interpretar los de quienes están en su contra. Debe mentalizarse de que será a través de las emociones, y no de los argumentos, como tal vez imponga su punto de vista.”

Nunca empieces por las razones:

“En segundo lugar, ha de aceptar que va ser despreciado durante unos minutos. Si alguien piensa distinto a nosotros, sus razones son un riesgo potencial de que no estamos en lo cierto. Y eso crea un sentimiento insoportable que en psicología se denomina disonancia. Nadie quiere sentirse tonto, así que recurre a tildar de tonto al otro. Es el recurso más fácil para no entrar a considerar sus argumentos. Por tanto, el primer paso es soportar esa ignominia y saber que responde en realidad a un principio de disonancia. Pasada esa fase de escarnio, lo que no se debe hacer jamás para convencer al grupo es empezar por los argumentos racionales. Si lo hace, comete un craso error. Antes de razonar, se debe introducir una duda razonable. Es el método socrático. Formular una pregunta que introduzca nuevos elementos, nuevas variables, y que establezca puntos de vista alternativos y distintos.”

Lee el artículo completo en El País.