Por lo general, las personas creen que el castigo es un procedimiento que involucra una consecuencia aversiva o dañina. Pero el castigo no tiene que ser así.

El castigo se utiliza para disminuir una conducta. Es decir, un castigo es toda consecuencia que reduce la frecuencia de un comportamiento anterior, generalmente administrando una consecuencia no deseada o evitando una deseada. Los castigadores rápidos y seguros pueden limitar la conducta no deseada eficazmente.

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Un castigo ocasional o dos a un niño que tiene entre 2 y 6 años parecen ser un tratamiento eficaz. Esto ocurre en especial si el castigo va acompañado de un razonamiento y una actitud positiva de parte de los padres y solo si se utiliza como apoyo para aumentar la eficiencia de otras tácticas disciplinarias.

Castigo Positivo: El castigo positivo funciona al administrar una consecuencia negativa insanamente después de que una conducta se presenta, haciendo que sea menos probable que la conducta vuelva a ocurrir en el futuro. Aquí un ejemplo:

  • Un estudiante habla (conducta) e interrumpe una clase y la maestra lo regaña (estimulo aversivo) al frente de los compañeros.

Castigo Negativo: El castigo negativo consiste en remover un estimulo después de que se exhibe una conducta no deseada. Por ejemplo:

  • Unos compañeros de clase se pelean por un auto de juguete (conducta) y la maestra les quita el juguete (estimulo deseado) por pelearse.

[quote_right]El castigo se utiliza para disminuir una conducta[/quote_right]

Pero como dijimos al inicio, el castigo no significa inevitablemente violencia. Es más, los defensores de la educación sin violencia sostienen que el castigo físico tiene fuertes desventajas ya que la conducta castigada no se extingue sino que se suprime. Este efecto temporal puede reforzar el comportamiento de sus padres. Pero, lo que realmente han conseguido es que el niño que decía palabrotas, ya no lo haga en la casa (porque los padres lo van a castigar), pero si en otros lugares donde se sienten seguros de que no serán castigados. Un conductor que fue multado varias veces puede conseguir formas de detectar cuándo debe ser cuidadoso y cuándo puede ir a velocidad.

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Además, el castigo físico puede aumentar la agresividad al mostrar que la agresión es una forma de solucionar problemas.  También puede crear miedo, hacia la realización de la conducta castigada y hacia la persona que castiga o el contexto en que ocurre. Incluso peor, cuando los castigos son impredecibles  e inevitables, un individuo puede tener la sensación de que las cosas escapan de su control. Y aún en los casos en que el castigo elimina la conducta no deseada, no significa que nos lleve a la que si desea. Esto es porque nos dice que no hay que hacer, pero no nos habla de lo que sí hay que hacer. Por eso, el castigo suele ser más efectivo cuando se combina con reforzamiento.

Cabe señalar que las investigaciones sobre conducta han demostrado que el Reforzamiento Positivo es la estrategia más poderosa para obtener las conductas deseadas en los niños. El Reforzamiento positivo incrementa la probabilidad de respuesta y permite que tanto los padres, educadores, cuidadores y niños se enfoquen en los aspectos positivos de la situación.

Muchos padres desconocen que se pueden reforzar comportamientos deseables sin gritos ni golpes. Plantear una orden de forma positiva tendrá igual fuerza y será aún más efectivo que una amenaza de castigo.

Aquí les dejamos algunos artículos especialmente preparados para tratar problemas de conducta en niños:

Fuente: Myers, D. (2006), Psicología 7ma edición, Editorial Médica Panamericana: Madrid