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Aunque sean más que deseados, sucede muchas veces que los días de descanso no consiguen relajar a quienes los disfrutan ya que un elevado porcentaje de personas no logran desconectar durante esos paréntesis de relax que deberían ser las vacaciones. Es así como el periodo vacacional puede llega a ser agotador para las personas que se llevan en la maleta las tensiones y las obligaciones de la vida cotidiana con el resultado de regresar de vacaciones con más estrés que cuando las comenzaron.

Se trata de un padecimiento conocido como estrés vacacional o bajón de las vacaciones, un proceso que de no prevenirse o intervenirse a tiempo, puede ocasionar serios trastornos tanto en la salud física como mental del individuo.

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En la primera parte de este artículo se expondrán las causas principales del estrés vacacional y en la segunda una serie de mecanismos preventivos a modo de recomendaciones para combatirlo.

Aunque sean más que deseados, sucede muchas veces que los días de descanso no consiguen relajar a quienes los disfrutan ya que un elevado porcentaje de personas no logran desconectar durante esos paréntesis de relax que deberían ser las vacaciones. Es así como el periodo vacacional puede llega a ser agotador para las personas que se llevan en la maleta las tensiones y las obligaciones de la vida cotidiana con el resultado de regresar de vacaciones con más estrés que cuando las comenzaron.

Se trata de un padecimiento conocido como estrés vacacional o bajón de las vacaciones, un proceso que de no prevenirse o intervenirse a tiempo, puede ocasionar serios trastornos tanto en la salud física como mental del individuo.

En la primera parte de este artículo se expondrán las causas principales del estrés vacacional y en la segunda una serie de mecanismos preventivos a modo de recomendaciones para combatirlo.

¿Por qué nos estresamos en vacaciones?

La rutina

De entre todas las causas que propician el estrés vacacional destacan los rotundos cambios que en estos periodos experimenta el individuo tanto en su cuerpo como en su mente apartándolo de la seguridad que le confiere la rutina de lo cotidiano. Es decir, al no poder recurrir a los actos repetitivos que durante el año le facilitan sus actividades y tener que improvisar, surge la ansiedad y la angustia con repercusiones en la vida lúdica y de relación.

Inadaptación a las novedades

Algunos perfiles de personalidad muestran predisposición a reaccionar de modo adverso ante ciertas novedades en sus vidas como son: planificar las vacaciones, adaptarse a un cambio de residencia y a destinos desconocidos o interrumpir el nexo que les une con el trabajo cuando existe una dependencia al mismo.

Exceso de tiempo libre

Es muy frecuente que apenas iniciadas las vacaciones, muchos individuos experimenten una inusitada sensación de desorientación y de vacío al comprobar que disponen de todo el tiempo del mundo pero no saben bien como emplearlo, una situación en cierto modo similar al ocio de los recién jubilados que no han previsto para su nuevo estatus un programa de actividades.

Aunque al final del artículo se dedica un apartado a los mecanismos de prevención del estrés vacacional, adelantemos lo importante que es saber programar equilibradamente las vacaciones para evitar este estrés así como la depresión en la etapa post vacacional.

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Hay que considerar que el organismo se acostumbra, durante todo un año, a unos ritmos que bruscamente se ralentizan al llegar las vacaciones, ritmo que se fuerza de nuevo al retomar las actividades normales. Por ello, como medida preventiva, es mejor no hacer parones bruscos de un mes completo sino fraccionar las vacaciones en dos quincenas para que las transiciones, al inicio y al final de las mismas, no sean tan rotundas.

Los que quieren exprimir su tiempo al máximo

En el polo opuesto se encuentran los veraneantes que se imponen planes intensivos que son fuente de estrés por forzar al organismo con madrugones con múltiples actividades para visitar varios museos en una mañana o viajar a cinco países centroeuropeos en tan sólo una semana. Se crean así situaciones estresantes en las se dedica más tiempo a los desplazamientos que a visitar los destinos seleccionados, y el individuo se comporta como un estudiante que quisiera obtener la máxima calificación cuando a su regreso sea examinado sobre cuantos lugares visitó y cuantas películas y fotos llegó a tomar.

Para evitar estas agotadoras situaciones habría que programar sólo expectativas ajustadas a unos ritmos de actividad realistas y adecuadas a lo que debería ser un periodo de descanso y no una carrera de obstáculos.

Forzar innecesariamente la maquinaria del organismo en vacaciones no es recomendable, pues contemplar hermosos paisajes no con los ojos sino a través del visor de una cámara fotográfica es una actitud que multiplica el estrés y predispone a sufrir una depresión post vacacional cuando el agotamiento dé la cara y el individuo compruebe como sus expectativas y objetivos no han sido cubiertos.

No saber desconectar del trabajo

Otra causa de estrés vacacional acontece en aquellos a quienes les es difícil desconectar del trabajo y pasan parte de las vacaciones pensando en lo que les quedó por hacer, escribiendo y respondiendo a correos electrónicos o bien contestando a llamadas telefónicas de empresa.

Esto es algo frecuente en quienes desempeñan cargos de gran responsabilidad, pero también se da en personas con un nivel inferior en el escalafón que se creen imprescindibles e irreemplazables.

“Demasiado tiempo” para estar con la familia

Otro factor causal del estrés vacacional es el esfuerzo que para muchos supone dedicarle más tiempo a las relaciones sociales y familiares por su falta de costumbre para convivir varios días completos con su pareja y sus hijos, una circunstancia que le propicia a iniciar discusiones ante las más mínimas desavenencias.

Emocionalmente, estas situaciones son fuente de estrés por inadaptación a una convivencia que no les resulta habitual y surgen con más intensidad en dos momentos claves del calendario: las fiestas de Navidad (y fin de año) y, sobre todo, al regreso de las vacaciones estivales, dos fechas simbólicas en las que se tiende a hacer planes de enmienda, a abandonar malos hábitos o a abordar un modo de vida más saludable.

Consideremos que, tanto las emociones como el sistema inmunológico del organismo humano, se encuentran más expuestos y son más vulnerable cuando se ralentiza el ritmo de vida tal y como sucede en los periodos vacacionales.

Termina de leer este artículo en Gestalt Terapia, el blog especializado de Clotilde Sarrió.

Clotilde Sarrió
Formación como Terapeuta Gestalt en el Institute Français de Gestalt-Thérapie. Diplomada en Psicopatología por la UOC (Universitat Oberta de Catalunya). Miembro de la Asociación de Psicólogos y Terapeutas Gestalt para el Desarrollo. Miembro adherente de la Asociación Española de Terapia Gestalt- APTG Mi orientación se integra en la corriente gestáltica de la Costa Este, representada por el New York Institute (1951), bajo la dirección de Laura Perls y la corriente afín de Cleveland. Terapia Gestalt Valencia.