Musician / Shutterstock

La Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA) ha concluido la realización de un estudio que vincula la instrucción musical en niños con un mayor número de conexiones neuronales y una valiosa utilidad para el tratamiento del autismo y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).

La investigación llevó un registro de los avances de 23 niños saludables de entre 5 y 6 años de edad, todos ellos diestros y sin historial de desórdenes sensoriales, perceptivos o neurológicos. Todos completaron un programa de instrucción musical de 9 meses utilizando tubos de percusión y ninguno contaba con conocimientos musicales previos al inicio del estudio.

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Luego de completar el programa de instrucción, se evaluó el desempeño pre-musical y post-musical de los niños empleando imágenes con tensor de difusión (ITD), un mecanismo de resonancia magnética que permite visualizar y evaluar los tractos de sustancia blanca.

La materia blanca se compone de millones de fibras nerviosas llamadas axones que actúan como cables de comunicación conectando las regiones del cerebro. Las imágenes con tensor de difusión facilitan una medición de la anisotropía fraccional (FA) del movimiento de las moléculas de agua extracelulares a lo largo de los axones, que en la materia blanca saludable resulta bastante uniforme en su dirección y debido a eso arroja medidas altas, mientras que, cuando se presentan anormalidades, arroja medidas bajas y se caracteriza por un movimiento aleatorio.

A lo largo de la vida, la maduración de los tractos cerebrales y las conexiones entre la región motora, auditiva y demás áreas permiten el desarrollo de numerosas habilidades cognitivas, incluyendo las habilidades musicales.

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Estudios anteriores han vinculado el espectro autista y el TDAH con disminuciones en el volumen, conexiones y anisotropía fraccional en los fórceps mayor y menor, situados en la corteza frontal del cerebro. Esto sugiere que la baja conectividad en la corteza frontal, un área del cerebro involucrada en procesos cognitivos complejos, es un biomarcador de estos trastornos.

De este modo, los resultados de la investigación de la RSNA indican un aumento en la anisotropía fraccional y en la longitud de las fibras axonales en distintas áreas del cerebro, en especial en el fórceps menor, en la etapa post-musical.

Crédito: Radiological Society of North America
Fibras pertenecientes al fórceps mayor durante la etapa premusical (A, B, C). Fibras neuronales de los mismos pacientes después de 9 meses de formación musical (a, b, c). Crédito: Radiological Society of North America

La doctora Pilar Dies-Suarez, jefa de radiología del Hospital Infantil de México Federico Gómez explica este efecto como una consecuencia de las tareas que los niños deben cumplir cuando toman clases de instrucción musical, las cuales incluyen habilidades de escucha atenta, habilidades motrices, habilidades emocionales y sociales.

“Estos resultados pueden deberse a una necesidad de crear más conexiones entre los dos hemisferios del cerebro”, explica Dies-Suarez.

Los autores del estudio consideran que la información obtenida podría ser útil para crear nuevas estrategias de intervención para el tratamiento de desórdenes como el autismo y el TDAH.

Fuente: Science Daily

Rita Arosemena P.
Graduada en Comunicación y especialista en Educación Superior. Amante de la literatura, el arte y las ciencias (y del café. El café no se lo toquen). Le interesan especialmente la neuropsicología, la psicología evolutiva y la psicopatología. Le apasiona la música francesa y no tiene nada contra Freud.