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No es raro escuchar que se vaticina un gran futuro para las personas inteligentes en lo que sea que se desempeñen. Muchos dirían que tienen el mundo a sus pies y que el éxito los persigue, solo por ser inteligentes.

¿Puede alguien con una personalidad obstinada llegar a ser más exitoso que una persona inteligente? ¿O es realmente la inteligencia lo que determina el éxito de las personas?

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¿Tiene más peso el Coeficiente Intelectual que la perseverancia, en el afán de alcanzar nuestras metas?

La Universidad Griffith de Australia publicó estudios realizados por el psicólogo Arthur Poropat que muestran que las personas sensatas terminan mejor en la escuela.

No todo es sobre el CI

Suele considerarse a la inteligencia como el primer indicador del potencial académico. Pero algunos expertos piensan que es tiempo de dejar atrás la noción de que los cerebros y la inteligencia de los libros van de la mano.

El primer test de CI, la base de la Escala de Inteligencia de Stanford-Binet, fue desarrollado originalmente a principios del siglo XX para acelerar la colocación de los niños en programas de educación especial. “De un modo u otro, los test de inteligencia siempre fueron diseñados para medir el rendimiento académico, y los test de personalidad nunca lo fueron,” dijo Poropat. Es por eso que Poropat y colaboradores decidieron estudiar los factores de personalidad de los estudiantes exitosos, a través del test de los 5 grandes factores de la personalidad.

[quote_center]Es tiempo de dejar atrás la noción de que los cerebros y la inteligencia de los libros van de la mano[/quote_center]

Disciplina

Las personas concienzudas son disciplinadas en alcanzar sus metas. Altos niveles de mentalidad abierta se relacionan con la curiosidad y aceptación de nuevas ideas. Alguien que cuente con ambos rasgos aborda los desafíos con una actitud determinada pero flexible. En otras palabras, ellos intentan una y otra vez.

Poropat dijo que sus hallazgos, publicados en Learning and Individual Differences, sorprendieron a otros psicólogos, quienes tienen problemas desacoplando conscientemente la inteligencia y el éxito académico. Los maestros, sin embargo, no pestañean. Ellos pueden distinguir más fácilmente los rasgos de la personalidad que otras personas podrían asociar con inteligencia. La a apertura a las nuevas experiencias es un buen ejemplo. ¿Cuán seguido la voracidad intelectual y el alto intelecto no se superponen?

“Intuitivamente pensamos que [la apertura y la inteligencia] deberían ir juntas. Pero pareciera que no son la misma cosa, y lo que importa es cómo uno aplica estas cualidades – si no estás interesado en el aprendizaje profundo, nadie verá jamás tu ni de tu inteligencia,” dice Poropat.

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El trabajo de Poropat presta apoyo estadístico a una escuela de pensamiento abrazada por investigadores y pensadores que quieren redefinir la relación entre el éxito y la inteligencia, tanto en el aula como en el lugar de trabajo.

Las personas tienen una mentalidad fija o una mentalidad de crecimiento, según la psicóloga Carol Dweck de la Universidad de Stanford, quien se refiere a la inteligencia como una cualidad que puede ser mejorada a través del esfuerzo persistente. Mientras los que tienen mentalidad fija piensan que el éxito es una capacidad innata e inmutable – la tenés o no la tenés -, las personas con mentalidad de crecimiento implícitamente ven a la inteligencia como algo para perfeccionar. Como resultado, les importa menos aparentar inteligencia y fácilmente coquetean con el fracaso, una actitud que los prepara para el éxito.

[quote_center]Los que tienen mentalidad fija piensan que el éxito es una capacidad innata e inmutable – la tenés o no la tenés[/quote_center]

También encontramos la escuela de la “firmeza de carácter”, nombre que la psicóloga Angela Lee Duckworth usa para caracterizar la perseverancia y la pasión por metas a largo plazo. Mientras investigaba hábitos de estudio de participantes de concursos de deletreo de Scripps National Spelling Bee, vió que deliberadamente, la práctica enfocada de hecho llevaba a la perfección. Cuanto más tiempo le dedicaban los niños al estudio estructurado (así les gustara o no), más lejos llegaban en el concurso de deletreo. Esa es la firmeza de carácter en acción.

El psicólogo de la psicología positiva Martin Seligman ha intentado hacer de la formación del carácter un punto de referencia de la reforma educacional. Por otro lado está Malcolm Gladwell, que ha argumentado en contra del “mito del talento” y representa un éxito excepcional como producto principalmente del enorme compromiso de tiempo. Incluso la autollamada “mamá tigresa” Amy Chua, una campeona de mérito académico, si alguna vez hubo una, remarca la primacía de la perseverancia.

¿Cómo llegar al éxito?

Siendo más abiertos a las nuevas experiencias. Los maestros pueden ayudar a los estudiantes a cambiar su comportamiento – el indicador más claro de la personalidad – que a su turno mejorará las chances de los estudiantes de llegar al éxito en la escuela y después de ella. Poropat piensa que ahí es donde su trabajo se encuentra con la vida real.

Convertirse en un genio es una meta inútil, pero cualquier persona puede ser de “carácter firme”, y esa es una aspiración que vale la pena.

Artículo basado en el trabajo de Theresa Ferris en Mic y adaptado para su publicación en Psyciencia.