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La forma en que los niños construyen opiniones positivas de sí mismos y una visión del mundo saludable depende en realidad del afecto con que son tratados por sus padres y no de los elogios que estos pueden darles, de acuerdo con una publicación próxima a ser hecha en la revista Child Development. 

En una serie de artículos, un equpo de investigadores comparten los resultados de un estudio acerca de los orígenes del autoconcepto en los niños: ¿Quién soy y cuál es mi lugar en el mundo?

La investigación parte de la premisa de que los niños nacen sin una respuesta a estas preguntas y que, a medida que crecen, comienzan a formular respuestas con base en sus experiencias personales y, desde luego, de la relación con sus padres y círculo próximo. Con el tiempo son capaces de reconocerse en en el espejo, se refieren a sí mismos con su nombre, se evalúan a sí mismos a través del ojos de los demás y entienden su posición en un grupo social.

El desarrollo infantil lleva a la consolidación de una personalidad y a la diferenciación individual, donde juega un papel determinante el desarrollo de la autoestima como conductor del autoconcepto y la calidad de las relaciones interpersonales. Pero ¿de dónde proviene la conformación de la autoestima? ¿Qué factores llevan a los niños a verse a sí mismos como lo hacen?

Parte de lo que estos artículos revelan es que los niños forman su autoconcepto con base en el grado de calidez que reciben de sus padres. Los padres cálidos son aquellos que muestran interés en las actividades de sus hijos y comparten alegría con ellos, lo que hace que los niños se sientan atendidos y valorados.

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En cambio, los niños pueden desarrollar una autoestima más baja y, a veces, incluso narcisismo cuando sus padres les dan un montón de cosas extremadamente positivas sin ninguna justificación, ya sea elogios desmesurados u obsequios. Estas alabanzas infladas pueden dar a los niños un sentido de grandiosidad que también juega en contra al hacer que se vuelvan obsesivos con la necesidad de satisfacer un estándar fijado para ellos.

De acuerdo con las investigaciones a ser publicadas en Child Development, los niños con una mentalidad orientada al desarrollo están dispuestos a asumir retos, persistir cuando las cosas se ponen difíciles y ver el fracaso como oportunidades de crecimiento, algo que difícilmente se consigue cuando han sido criados con base en estándares poco realistas.

Los padres deben, idealmente, promover una mentalidad de crecimiento en sus hijos elogiando el esfuerzo realizado en lugar de la habilidad y animarlos a preguntarse, por ejemplo: ¿por qué obtuve una calificación tan baja y qué puedo hacer de forma diferente en el futuro?

Eddie Brummelman, editor del especial próximo a publicarse, hace énfasis en los niños construyen su autoconcepto basado en las relaciones sociales que mantienen, la realimentación que reciben, las comparaciones sociales y los valores culturales que endosan. «Esto subraya la naturaleza profundamente social del autoconcepto de los niños». 

Fuente: Science Daily; Child Development

Rita Arosemena P.
Graduada en Comunicación y especialista en Educación Superior. Amante de la literatura, el arte y las ciencias (y del café. El café no se lo toquen). Le interesan especialmente la neuropsicología, la psicología evolutiva y la psicopatología. Le apasiona la música francesa y no tiene nada contra Freud.

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