El término “consolidación” nombrado por primera vez en el año 1900 en el libro “Contribuciones experimentales a la ciencia de la memoria” escrito por Georg Elias Müller  hace referencia al proceso en el cual una memoria se estabiliza a través del tiempo en el cerebro pasando de una fase lábil en la cual puede olvidarse a una fase estable teniendo como resultado un recuerdo duradero, este concepto ha sido clave para la comprensión acerca de cómo funciona uno de los dominios cognitivos más complejos con los que cuenta el ser humano: La memoria, la cual involucra la capacidad de codificar, almacenar y recuperar información de distintas características.

Esta capacidad como dijimos tiene lugar en el sistema nervioso central, el mismo a su vez está compuesto por millones de neuronas que están en constante interacción y que hacen posible que la memoria así como otros dominios cognitivos se lleven a cabo, tanto así que podemos decir que un recuerdo a nivel microscópico consiste en una serie de conexiones neuronales o “sinapsis” que se generan y mantienen a lo largo del tiempo. Las neuronas encargadas de este tipo de conexiones involucradas en procesos de memoria se caracterizan por estabilizar la información que adquirimos, a través un mecanismo de síntesis de proteínas que depende de cierto tiempo (se sabe que se necesitan entre seis y doce horas para que esto suceda) dando como resultado un cambio en la eficacia con la cual se comunican dichas neuronas entre sí y posibilitando que lo que se adquirió pueda ser evocado con más facilidad (Mc Gaugh, 1966; Nader & Hardt, 2009; Dudai, 2012).  

Por lo brevemente comentado aquí sería sencillo pensar que la memoria tiene que ver con una función cognitiva destinada a registrar porciones de la realidad  y generar recuerdos estables que permanezcan a través tiempo para que estén al servicio de nuestra supervivencia, esto tuvo nombre y se lo denominó el paradigma de la consolidación de la memoria. Pero a fines del siglo XX esta idea estática de la memoria dió paso a un interrogante particular  en el ámbito de las neurociencias:

¿Realmente nuestros recuerdos son tan estables como creemos?

Si bien la teoría de la consolidación permite comprender cómo los recuerdos toman lugar en el sistema nervioso, nada informa acerca de la modificación de recuerdos preexistentes, fenómeno que fué numerosas veces señalado por la psicología cognitiva (Hardt, Einarsson & Nader, 2010). Con respecto a este interrogante una serie de experimentos en neurobiología de la memoria y áreas asociadas arrojaron luz acerca de cómo podemos manipular o modificar memorias que ya poseemos y que son aparentemente estables.

Por ejemplo en el año 2000 Karim Nader realizó un experimento que consistió en generar una memoria de miedo en ratas de laboratorio asociando un tono con un shock eléctrico haciendo que el animal sintiera miedo cada vez que escuchara un sonido particular, luego cuando dicha memoria se consolidaba inyectaba un inhibidor de síntesis de proteínas en el núcleo lateral de la amígdala (en donde se almacena la misma) pretendiendo bloquear el proceso de síntesis de proteínas indispensable para su formación y mantenimiento con lo cual no se registraron cambios hasta que la memoria fue reactivada o recordada momentos antes de la administración dando como resultado la amnesia. Lo que sugiere que fue capaz de borrar una memoria.

Esto entre otras cosas este estudio señala algo importante. Para poder intervenir en una memoria a través de un agente externo es necesario que se reactive mediante el recuerdo la conexión neuronal destinada a almacenar esa información, también nos señala desde el nivel neurobiológico al cognitivo la naturaleza fundamentalmente dinámica de la memoria (Nader & Hardt, 2009). Actualmente, se denomina de manera genérica “reconsolidación” al proceso que permite modificar recuerdos previamente consolidados.

Figura 1: Dinámica de la reconsolidación de la memoria. Extraído y traducido.

El experimento de Nader tuvo un gran impacto a nivel científico puesto que dejaba constancia de la posibilidad de intervenir en una memoria en animales en donde trabajaba con una memoria relativamente simple.  Pero ¿si fuésemos capaces de replicar esos resultados en personas? ¿hasta qué punto podríamos manipular recuerdos humanos de manera no invasiva? Para responder estas preguntas primero debemos aclarar a qué tipo de memorias nos referimos cuando hablamos de recuerdos referentes a acontecimientos de nuestra vida. Contamos con una serie de sistemas de memorias que dependiendo las características de los aprendizajes que los generen se almacenarán en distintas áreas del cerebro. El sistema del que hablaremos será el que permite recordar todo acontecimiento en nuestra vida que tuvo un lugar, tiempo y contenido emocional denominado memoria episódica o autobiográfica.

Referente a ella y bajo las mismas preguntas que nos acabamos de realizar Almut Hupbach y colaboradores diseñaron una forma simple y económica para aprender y recordar información episódica. El mismo consiste en enseñar a los participantes una lista de objetos y dos días después se les recuerda o no, la primera lista aprendida e inmediatamente adquieren una nueva lista de objetos en el mismo sitio. La integridad de la primer secuencia de objetos es evaluada dos días después. En su reporte original, los autores encontraron que los participantes “mezclan” los objetos de la lista 2 cuando se reactiva la  memoria de la primer lista, lo cual indica que el simple hecho de recordar algo en el mismo contexto en donde se adquirió también abre en cierto modo una “ventana de plasticidad” en donde dicha memoria es vulnerable a modificaciones. Este y otros experimentos en el área han sido replicados y expuestos en un meta-análisis relativamente reciente (Scully I & Napper L, 2016).

recordar algo en el mismo contexto en donde se adquirió también abre en cierto modo una “ventana de plasticidad” en donde dicha memoria es vulnerable a modificaciones.

Por lo planteado hasta aquí parecería que tenemos evidencia que nos habilita a  pensar que podemos inestabilizar y modificar memorias involucradas a acontecimientos de nuestra vida diaria bajo ensayos periódicos de reconsolidación y teniendo en cuenta ciertas claves tales como el contexto que sirvan como condición para que eso suceda, no sería difícil tampoco pensar en base a este fenómeno la cantidad de aplicaciones que podrían llevarse a cabo utilizándolo como una herramienta en la clínica psicológica, inclusive hay algunos avances en dicho ámbito que han utilizado el mecanismo de la reconsolidación de la memoria para el tratamiento de las fobias y algunos trastornos psiquiátricos (Dumbar & Taylor, 2017; Soeter & Kindt, 2018) aunque son bastante recientes y dejan mucho trabajo por hacer en investigación clínica.

Por último resta decir que la pregunta acerca de la maleabilidad de los recuerdos es respondida con la afirmativa debido a que se cuenta con suficiente evidencia para decir que la modificación de memorias es un hecho, aunque queda bastante por comprobar acerca de características específicas de la reconsolidación en humanos como por ejemplo determinar la cantidad de veces que hace falta reactivar un recuerdo para insertar en él información novedosa. Por el momento no podemos sino seguir indagando acerca del potencial que poseen  las inexploradas aplicaciones clínicas de esta herramienta proveniente de la neurobiología de la memoria.

Referencias bibliográficas:

Lechner, Hilde A.; Squire, Larry R.; Byrne, John H. (1999). «100 Years of Consolidation— Remembering Müller and Pilzecker». Learning & Memory 77-87.

McGaugh, J. L. (1966). Time-dependent processes in memory storage. Science 153, 1351–1358. doi: 10.1126/science.153.3742.1351

Nader, K., Hardt, O. (2009). A single standard for memory: the case for reconsolidation. Nature Review Neuroscience. 10, 224–234. doi: 10.1126/science.160.3827.554 https://www.nature.com/articles/nrn2590

Dudai, Y. (2012). The restless engram: consolidations never end. Annual Review of Neuroscience. 35, 227-247. doi: 10.1146/annurev-neuro-062111-150500

Hardt, O., Einarsson, E. Ö., Nader, K. (2010). A bridge over troubled water: Reconsolidation as a link between cognitive and neuroscientific memory research traditions. Annual Review of Psychology, 61, 141–167. doi:10.1146/annurev.psych.093008.100455

Hupbach, A., Hardt, O., Gomez, R., Nadel, L. (2008). The dynamics of memory: context-dependent updating. Learning & Memory 15, 574–579. doi: 10.1101/lm.1022308 http://learnmem.cshlp.org/content/15/8/574.short

Figura 1 extraida de: https://www.psypost.org/2017/01/stress-disrupts-reconsolidation-fear-memories-study-finds-47180

Iiona D. Scully, Lucy E. Napper, Almut Hupbach: Does reactivation trigger episodic memory change? A meta-analysis. Neurobiology of learning and memory 2016 DOI: http://dx.doi.org/10.1016/j.nlm.2016.12.012

Marieke Soeter, Merel Kindt: An Abrupt Transformation of Spider Phobic Behavior After a Post-Retrieval Amnesic Agent.- Biological Psychiatry 2018

Amber B.Dunbar,Jane R.: Reconsolidation and psychopathology: Moving towards reconsolidation-based treatments. Neurobiology of Learning and Memory Volume 142, Part A, 2017, Pages 162-171. DOI: https://doi.org/10.1016/j.nlm.2016.11.005

 

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