El autismo está plagado de explicaciones pseudocientificas. Lamentablemente todavía vivimos en un mundo que asegura que “todo vale” en los tratamientos psicológicos. Nacho Menses hace una excelente síntesis de las explicaciones pseudocientíficas más peligrosas sobre el autismo. Un estupendo artículo para reflexionar especialmente hoy en el día internacional del autismo:

Estas falsas informaciones son una realidad en el mundo del autismo, trastorno que celebra este lunes 2 de abril su día mundial, y tienen su origen en un estudio del británico Andrew Wakefield que la prestigiosa revista The Lancet publicó en febrero de 1998. En él se relacionaba la administración de la vacuna triple vírica (contra el sarampión, paperas y rubeola) con el desarrollo del autismo, y fue inmediatamente criticado por muchos otros profesionales a la vez que espoleaba los esfuerzos de la corriente antivacunas. El trabajo, que sería finalmente retractado en 2010, recopilaba los casos de 12 niños y estaba plagado de errores y datos falsos. Muchos de estos niños habían sido además cedidos por un despacho de abogados interesado en demandar a los fabricantes de la vacuna, e incluso pagó a los menores por participar en las pruebas. Wakefield acabaría perdiendo su licencia para practicar medicina en el Reino Unido, pero el daño estaba ya hecho: según afirma TIME, “se necesitaron casi dos décadas para que las tasas de vacunación en el Reino Unido se recuperaran. En ese tiempo se dieron más de 12.000 casos de sarampión, cientos de hospitalizaciones y al menos tres muertes”. Unos brotes epidémicos que se extendieron también por Estados Unidos, Australia y otras naciones europeas, como señala Amos García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología: “Se ha hecho un daño terrible a muchos niños y niñas de países como Francia, Italia, Alemania o Rumanía, que están viviendo brotes epidémicos de sarampión por no haberse vacunado [los casos de esta enfermedad en Europa se cuadruplicaron en 2017]. Afortunadamente no en España, pero no es concebible que en pleno siglo XXI haya gente sufriendo enfermedades que no tendría que estar sufriendo”.

Lee el artículo completo en El País.

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Imagen: Unsplash

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