Los psicoterapeutas de verdad no actúan como terapeutas en internet
Por Jonathan Shedler
Los profesionales legítimos de la salud mental no le responden a desconocidos en redes sociales como si fueran pacientes. Somos psicoterapeutas en nuestros consultorios, dentro de una relación terapéutica profesional. Ahí es donde ocurre la psicoterapia.
Aléjate de cualquiera que te responda «como terapeuta» en redes sociales. Te está mostrando su falta de comprensión y de límites.
¿Qué pensarías de un abogado que diera asesoría legal a un desconocido a partir de un tuit? ¿O de un médico que hiciera un diagnóstico o recetara un medicamento? La mayoría lo reconocería como una señal de alarma.
Y sin embargo, algunas personas parecen esperar que los profesionales de la salud mental interactúen en internet como si estuvieran frente a un cliente o un paciente.
No funciona así, y no puede funcionar así.
La psicoterapia ocurre en una relación
Un ejemplo concreto: si un paciente mío fuera grosero u hostil, lo más probable es que yo sintiera curiosidad por sus pensamientos, sus emociones y su experiencia, incluida su experiencia conmigo y con nuestra interacción. Dejaría abierta la pregunta de si hice algo que lo ofendiera, o si su percepción de mí estaba teñida por una relación pasada, o quizás un poco de ambas cosas. Eso sucedería dentro de una relación en curso, en la que habíamos construido cierta confianza mutua y con el entendimiento compartido de que hablar de nuestras interacciones es parte del trabajo.
También sería una relación en la que le doy al paciente mi atención completa durante toda la sesión, tengo presente el motivo por el que vino, pienso nuestra interacción inmediata dentro del contexto más amplio de su historia personal y su psicología, y uso mi criterio clínico lo mejor que puedo para darle la ayuda que vino a buscar. Eso es trabajo, y me pagan por hacerlo.
Las interacciones en internet no son psicoterapia.
También está la responsabilidad profesional y la rendición de cuentas. Un psicoterapeuta que acepta a un paciente para tratamiento asume la responsabilidad profesional y legal de ese tratamiento. No es un juego ni un concurso de popularidad por clics. Es la vida de las personas.
El motivo de consulta no es toda la historia
Nadie puede saber de antemano qué va a aparecer en psicoterapia una vez que empieza. Es abrir la caja de Pandora. La gente llega pidiendo ayuda por cosas aparentemente delimitadas y comunes: estrés laboral, problemas para dormir, ayuda para resolver algo con su pareja. Suena simple.
Y después descubres que la persona va en caída libre hacia un divorcio. Que está en una situación de violencia doméstica. Que se está descompensando hacia un cuadro psicótico. Que tiene ideación suicida. Que carga con las secuelas de un trauma grave.
Lo que está en la superficie no es todo lo que hay, y muy pocas cosas son tan simples como parecen. Los llamados motivos de consulta suelen ser la punta del iceberg. La persona que pide ayuda quizás no lo sepa.
Pero un profesional de la salud mental tiene que saber que es una posibilidad. Sabe cómo hacer una evaluación integral, y ahí es donde empieza la psicoterapia competente, y donde el profesional está obligado a empezar. No cae en la trampa de creer que puede atender las preocupaciones por partes, sin conocer al paciente ni su historia. Está preparado para lo inesperado y sabe cómo manejar las emergencias cuando aparecen.
Los profesionales competentes también saben cuándo están fuera de su área de experticia y saben cómo y cuándo derivar a otros profesionales: cuando, por ejemplo, un paciente necesita una evaluación médica porque lo que parece un problema de salud mental puede ser un problema médico.
Un terapeuta que da consejos a desconocidos en internet no asume ninguna responsabilidad. Toma prestada la autoridad de la psicoterapia sin aceptar ninguna de las responsabilidades profesionales que justifican esa autoridad.
Por eso los profesionales legítimos son psicoterapeutas en sus consultorios, dentro de una relación de tratamiento profesional, y nunca en redes sociales.
Ese es el estándar mínimo que le debemos a quienes buscan nuestra ayuda.
Artículo publicado en Substack y traducido para su republicación en Psyciencia.