Psicoanálisis
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El psicoanálisis está en crisis… Una oportunidad para que se enriquezca con el nuevo horizonte epistemológico. ¿Cómo nos vinculamos con representantes actualizados de otras disciplinas, en busca de intercambio fructífero con la filosofía, la lingüística, la física, la química, las neurociencias y las ciencias sociales?. No se trata de volverse un ratón de biblioteca, ni de lograr un saber enciclopédico sino evitar que el mundo psicoanalítico se cierre sobre sí mismo.

Marie Bonaparte le escribe a Freud el 20 de octubre de 1932:

He conocido a Niels Bohr que, como usted debe saber, es uno de los más destacados físicos de nuestro tiempo. No obstante no puedo aceptar uno de los puntos que nos explicó sobre sus teorías, a saber el libre albedrío del átomo. El átomo va a ser ahora excluido del determinismo. Me complació oírle decir que Einstein le había objetado lo siguiente: ‘No puedo imaginarme a Dios echando los dados’. Planck también parece poner objeciones diciendo que puede deberse a una falta de conocimiento de todos los factores, el hecho de que no tengamos idea de la dirección en que desea ir un átomo.”

Dos días después Freud le responde:

Lo que me dice sobre los grandes físicos es realmente muy notable. Es aquí donde verdaderamente tiene lugar el colapso de la cosmovisión de nuestros días. sólo podemos esperar y ver qué ocurre.”

Han pasado más de ochenta años. Sabemos que “Dios juega a los dados”. Efectivamente el libre albedrío de los átomos existe y la física contemporánea cuestiona el determinismo absoluto. ¿Nos sigue motivando lo que motivaba a Freud? ¿Nos inquieta?

Inquietan al psicoanálisis, entre otras cuestiones: el determinismo, el azar, la complejidad, los sistemas abiertos, la autoorganización, la recursividad. Asumir el desafío de que nuestro psicoanálisis sea contemporáneo del presente exige situarse en los bordes. Bordes de la clínica. Bordes de la teoría. Fronteras lábiles. Sentirlas, vivirlas, pensarlas como fundantes, las convertirá en ámbitos de producción.

Científicos, filósofos, etc., todos heredan. En el legado se reciben objetos valiosos y trastos viejos. No se trata de administrar un patrimonio sino de ponerlo a producir. “La idea de herencia implica no solo reafirmación y doble exhortación, sino a cada instante, en un contexto diferente, un filtrado, una elección, una estrategia. Un heredero no es solamente alguien que recibe, es alguien que escoge y que se pone a prueba decidiendo” (Derrida). Heredar teorías exige definir sus principios, sus métodos, dando cuenta de sus fuentes, sus referencias conceptuales, sus fundamentos y sus finalidades.

Los paradigmas cambiaron una o más veces en la física, la biología, las neurociencias, las ciencias sociales, la epistemología. Por más que estuviéramos encerrados en un bunker, un saber no nace de sí mismo. El psicoanálisis fue la orquestación hecha por Freud de los saberes de su época. Y el psicoanálisis es hoy, o bien la parodia del freudiano, o bien algo que se articula con los saberes de hoy, la ciencia de hoy y no la del siglo pasado. “Hoy en día es conveniente implementar una nueva práctica de la cura, un nuevo psicoanálisis más abierto y más a la escucha de los malestares contemporáneos, de la miseria, de los nuevos derechos de las minorías y de los progresos de la ciencia. Retorno a Freud, sí, relectura infiel de Lacan, ciertamente, pero lejos de toda ortodoxia o de toda nostalgia hacia un pasado caduco…” (Roudinesco, E., 2011).

 el psicoanálisis es hoy, o bien la parodia del freudiano, o bien algo que se articula con los saberes de hoy, la ciencia de hoy y no la del siglo pasado

El psicoanalista no se alimenta sólo de psicoanálisis. Vean, si no, la lista de los autores leídos por Freud, poetas, filósofos, médicos, historiadores, políticos, biólogos. Vean cómo mantiene el timón en el mar embravecido de tanta lectura, que a otro llevaría al eclecticismo o a la dispersión. Podemos atribuirlo a su genio. Prefiero atribuirlo a su coraje, no menos indudable.

Durante varios siglos predominó en la ciencia la idea de simplicidad, pero ahora busca dar cuenta de la complejidad con las herramientas adecuadas a este nuevo contexto. La consideración del movimiento y sus fluctuaciones predomina sobre la de las estructuras y las permanencias. La clave es otra dinámica, denominada no lineal. Esta conmoción del saber se desplaza de la física hacia las ciencias de la vida y la sociedad. En física, los sistemas complejos se convirtieron en el centro de las investigaciones. La biología molecular no redujo lo complejo a lo simple (lo biológico a lo físico-químico) sino, por el contrario, recurrió a conceptos organizacionales desconocidos en el dominio estrictamente físico-químico como información, código, mensaje, jerarquía. La biología propone la autoorganización para comprender cómo el azar produce complejidad. Lo psíquico incluye un nivel de complejidad aun mayor. Donde en el siglo XVIII se veía un mecanismo de relojería y en el XIX una entidad orgánica, actualmente se ve un flujo turbulento.

Dilucidar la genealogía de un desarrollo teórico requiere, además de delimitar el álgebra de su coherencia interna, situar históricamente las instituciones y las prácticas que presionan sobre las teorías y que constituyen el “saber”. Es evitar la ilusión teoricista que supone que el psicoanálisis se agota en sus conceptos; como si estos surgiesen y se desarrollasen puros e incontaminados a partir de psicoanalistas también puros. ¿Existe la pureza? En sentido material puro es lo limpio, lo que no tiene mancha. El agua pura es agua sin mezcla, un agua que sólo es agua y, por lo tanto, es un agua muerta, lo cual dice mucho sobre la vida y sobre una cierta nostalgia de la pureza. La pureza es imposible: sólo podemos elegir entre diferentes tipos de impurezas, y a esto se lo llama higiene. La pureza esta del lado de la muerte o de la nada. El agua es pura cuando no tiene gérmenes, ni sales minerales. Es, por lo tanto un agua que sólo existe en nuestros laboratorios.

Postular un determinismo causal absoluto de todo lo que acontece en el universo (en el que todo lo no determinable sea nada más que un todavía atribuible a nuestra ignorancia) implica postular que todo fenómeno puede ser predicho, de hecho o de derecho. Ese determinismo duro implica negarle a lo nuevo la posibilidad de existir. Si el azar no es más que una ilusión debida a nuestra ignorancia de un determinismo escondido, entonces la posibilidad de la emergencia de lo nuevo es también una ilusión. Para la ciencia actual el azar y las leyes no se contradicen a la hora de describir la complejidad del mundo sino que colaboran. Las leyes, con su protagonismo constante; el azar, de manera puntual.

La ciencia se constituyó ganándole terreno al azar. La acumulación de evidencias cuestionó la visión determinista del mundo, y el azar renació. La ciencia se vio obligada a pactar, incorporando el concepto de probabilidad. Dar vueltas sobre el determinismo, el azar, el devenir, la recursividad acometerlos una y otra vez, en distintos contextos y con distintas “sintaxis”, me condujo a replantearme qué es la historia en psicoanálisis. Hubo alguna vez una concepción ingenua de la historia. La historicidad supone un sujeto capaz de pensar (y crear) su presente, su pasado y su futuro.

Freud tuvo conocimiento de la relatividad y de los comienzos de la mecánica cuántica, pero eran teorías recién nacidas y no buscó apoyarse en ellas. Es sabido que para escalar es mejor agarrarse a un viejo tronco que a un joven brote, aun cuando éste sea más bello.

Los modelos de la física clásica utilizados por Freud valen esencialmente para los sistemas próximos al equilibrio. El determinismo en el cual Freud se formó le reservaba muy poco lugar al azar. El determinismo  es la doctrina filosófica según la cual todos y cada uno de los acontecimientos del universo responden a un encadenamiento riguroso de causas y efectos. El determinismo minimiza la creación y la libertad. Tiene un aspecto positivo, la predictibilidad y uno negativo, el fatalismo. Para un determinismo absoluto, el futuro está totalmente determinado por el presente. ¿Y qué es el azar? ¿Un producto de nuestra ignorancia o un derecho intrínseco de la naturaleza?

La antigua termodinámica ha sido profundamente transformada por la conceptualización de las estructuras disipativas, en las cuales se invierte la evolución del orden hacia el desorden. La teoría del orden por fluctuaciones y el concepto de estructura disipativa tienen como punto de partida una termodinámica del no equilibrio.

Se produjo una profunda transformación de la física. En la historia de esta transformación se distinguen tres períodos. En el primero se elaboran los esquemas conceptuales que hoy prevalecen: relatividad y mecánica cuántica. Una serie de descubrimientos, que abren perspectivas inesperadas, marca el origen del segundo período: fundamentalmente el de la inestabilidad de las partículas elementales y su complejidad. Este fue también el período del descubrimiento de un mundo de procesos, de creación, de destrucción o de evolución, alejado del mundo regido por leyes intemporales que constituía el ideal de la física clásica. El tercer período lo inaugura el descubrimiento de las estructuras disipativas.

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COMPLEJIDAD: EL NUEVO PARADIGMA

Hay complejidad cuando son inseparables los elementos diferentes que constituyen un todo (como el económico, el político, el sociológico, el psicológico, el afectivo, el mitológico) y existe un tejido interdependiente entre el objeto de conocimiento y su contexto, las partes y el todo. El orden ya no puede ser pensado sin el desorden. Ambos se entrecruzan en forma interdependiente y coexisten en el mayor nivel de complejidad de la organización (Morin, 1999).

Es frecuente hacer declaraciones contra el reduccionismo… para caer en el eclecticismo blando, que toma algo del psicoanálisis, del cognitivismo, de la biología, salpimentados con algo sociohistórico. No le escapo al diálogo. Psicoanálisis, cognitivismo, bioquímica, genética y lo histórico-social pueden colaborar en un proyecto común. Le escapo al reduccionismo, es decir a la simplificación excesiva en el análisis o estudio de un tema complejo. A los reduccionismos, porque cada disciplina tiene el suyo. Para la ideología reduccionista en biología (biologicismo) la subjetividad sería consecuencia de la constitución genética. Se le niega cualquier papel a las problemáticas psíquicas, sociales, históricas. La ideología reduccionista en psicología (psicologismo), a su turno, hace oídos sordos a los aspectos biológicos y a los socio-históricos.

Si el psicoanálisis quiere ser contemporáneo debe hacer algo distinto. Murray Gell-Mann pasará a la historia como  coautor de la idea de los quarks, los constituyentes elementales de las partículas nucleares. Pero también ha aportado mucho a la teoría de la complejidad. Una de sus ideas novedosas es atribuir las ideas novedosas a la unión de la ciencia de lo fundamental con la ciencia de lo complejo. Según Gell-Mann hay dos maneras de estudiar el mundo: la vía reduccionista, en donde uno intenta descomponerlo en sus componentes más elementales -los quarks, o quizás las supercuerdas-. La otra vía es el reconocimiento de una ciencia de la complejidad, con leyes y principios que emergen en niveles sucesivos.

Psicoanálisis, cognitivismo, bioquímica, genética y lo histórico-social pueden colaborar en un proyecto común

La complejidad no es una respuesta, es un desafío. El duelo por la certeza es uno de los mas difíciles. Decía Lacan que “el problema de los psicoanalistas es que comprenden demasiado”. Gracias al pensamiento complejo, los traumas, los duelos, los vínculos van tomando otro lugar, en la teoría y en la clínica. La lógica de los sistemas abiertos auto-organizadores se expresa en el azar organizativo como principio de complejidad por el ruido.

La vida es el equilibrio precario entre el riesgo de destrucción por el desorden y el de la rigidez por redundancia en un orden inamovible. La subjetividad es capaz de modificarse cuando las circunstancias lo obligan haciendo surgir nuevas propiedades. Es esto lo que se define como autoorganización.

El psiquismo, transformando el azar en organización, incrementando su complejidad, engendra nuevas formas y desarrolla potencialidades. La complejidad designa la aptitud para admitir y utilizar un mayor desorden. Las ligaduras son múltiples y multiformes. La cantidad es neutralizada por la complejidad (Freud, 1895).

¿DIOS JUEGA A LOS DADOS?: DETERMINISMO Y AZAR

Si al pensar la temporalidad, los procesos, la historia, llegamos a incluir los estados alejados del equilibrio descubriremos que los efectos del azar producen mutaciones estructurales. Estructura y acontecimiento ya no se excluyen recíprocamente.

Lo viviente es un fragmento de la materia empeñada en conservarse parecida a sí misma independientemente de la suerte del resto del universo. Exhibe ciertas funciones fáciles de reconocer, pero difíciles de definir como un conjunto compacto de condiciones necesarias y suficientes. “Todas ellas, sin embargo, están relacionadas con el prefijo ‘auto’: autorreplicación, autoorganización, automoción…” (Wagensberg)[1].

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El acontecimiento azaroso (el que se produce en la intersección de dos cadenas de causalidad independientes) tiene un rol primordial en los sistemas complejos. En la evolución de los sistemas alejados del equilibrio hay sucesivas bifurcaciones. Entre bifurcación y bifurcación, en la “meseta” prevalecen las leyes deterministas, pero antes y después de tales puntos críticos, reina el azar.

La independencia de un sistema complejo respecto de su entorno no se consigue con el aislamiento, sino, con una sofisticada red de relaciones entre ambos. “En realidad, llamamos catástrofes a todas aquellas inclemencias del entorno de las que aún no hemos logrado independizarnos (tornados, terremotos, sequías, impactos de meteoritos, ciertas epidemias, etcétera)” (Wagensberg).

Entender el mundo es, sí conocer las leyes que rigen los componentes últimos de la materia, pero también comprender los cambios de fases, las turbulencias y los procesos irreversibles. Estos problemas, que se sitúan en los confines de las matemáticas, de la física, de la química, de la biología y de las ciencias humanas transforman el panorama epistemológico.

Un sistema es auto-organizador cuando ante perturbaciones aleatorias, en lugar de quedar destruido o desorganizado, reacciona con un aumento de complejidad. Por la hipersensibilidad a las condiciones iniciales cualquier pequeña variación en el comienzo produce una gran divergencia ampliándose en el tiempo. Como obtener una precisión absoluta es imposible el sistema evoluciona bajo una modalidad aleatoria de hecho aunque no de principio. Es por eso que se ha propuesto el término paradojal de “caos determinista” (bastante compatible con la teoría freudiana de la retroacción) que evoca una trayectoria determinista pero imposible de prever. Determinismo y predictibilidad han dejado de ser sinónimos.

Una organización que no pueda ser perturbada por ruidos nuevos se encamina a una clausura mortífera, su extinción, según el principio de entropía. Esto sucede tanto en sociedades como instituciones replegadas sobre ellas mismas que se empobrecen y desaparecen (o también en teorías incapaces de abrirse a las nuevas adquisiciones de conocimiento).

¿Qué es “autoorganización”? Algo que está entre el cristal y el humo. Por una parte, un orden rígido e inamovible, incapaz de modificarse sin ser destruido (cristal) y, por otra parte, una renovación incesante, sin estabilidad alguna (humo). Un estado intermedio, susceptible de reaccionar frente a lo imprevisto. La reacción no implica la destrucción de la organización preexistente, sino que aparecen nuevas propiedades dando lugar a una estructura novedosa.

HISTORIA RECURSIVA Y PSICOANÁLISIS

La historia que nos interesa es una de hechos recurrentes, que han ocurrido, ocurren y habrán ocurrido. No es una historia lineal, una semirrecta desde el pasado, sino una historia recursiva.

Lo bueno de las dicotomías es que aclaran el magma. Lo malo es que lo hacen desaparecer. Así, determinismo/azar. Pensar no es tomar partido. Hay que advertir en qué condiciones una estructura es inmutable y cuándo asistimos a un caos de acontecimientos aleatorios. Es comprender a la vez coherencias y acontecimientos. Las coherencias lo son en tanto pueden resistir a los acontecimientos. Otras veces son destruidas o transformadas por algunos de ellos. Los acontecimientos son tales en tanto pueden hacer surgir nuevas posibilidades de historia.

El analista, como el historiador, tiene que hacer la historia. Es decir, tiene que apuntalarse en el pasado, apropiarse de él y transformarlo. Una historia compleja, un entrevero de historias (identificatoria, vincular, del narcisismo, de la sexualidad, de los síntomas, de los duelos, de los traumas).

En el trabajo analítico estamos preparados (deberíamos estarlo) para lo impredictible, lo azaroso, el desorden; para convivir con azar y determinismo, ya que un psiquismo totalmente determinado no podría albergar nada nuevo y un psiquismo totalmente abandonado al azar -que fuera sólo desorden- no constituiría organización y no accedería a la historicidad. Aquél sería incapaz de transformarse. Este, incapaz siquiera de nacer (Morin, 1982).

La constitución subjetiva es una psicogénesis y a la vez una sociogénesis. Una teoría del sujeto debe dar cuenta del pasaje-proceso desde la indiferenciación narcisista hasta la aceptación de la alteridad y del devenir. Lo hará concibiendo al sujeto no sólo identificado sino identificante; no sólo enunciado sino enunciante; no sólo historizado sino historizante; no sólo pensado sino pensante; no sólo sujetado sino protagonista; no sólo hablado sino hablante, no sólo narcisizado sino narcisizante.  El sujeto toma lo aportado, lo metaboliza y deviene algo nuevo. Los determinantes iniciales quedan relegados a la condición de punto de partida (Hornstein, 2006).

Toda reflexión con respecto al determinismo concierne también a la historia. Pensar la historia es pensar en un determinismo ligado a su pasado, pero también en un devenir relacionado con los acontecimientos que autoorganizarán los procesos en curso. El presente no es algo que viene a complementar el pasado, no es algo que en alguna situación dispara algo que ya estaba presente, sino que produce algo que no estaba.

Pasaron los tiempos del estructuralismo, en que se nos forzaba a optar entre la estructura y el acontecimiento (la bolsa o la vida). Foucault propuso el reemplazo de estructura por trama. La trama es vulnerable a ciertos acontecimientos.

Actualmente existe una revalorización del acontecimiento. El acontecimiento designa una relación. Lejos de oponerse como subjetivo y objetivo la fantasía y el acontecimiento están estrechamente ligados. Ni la fantasía es una producción psíquica independientede ni existe un trauma exógeno en el que el acontecimiento puro se inscriba, indiferente del mundo fantasmático. Es que el acontecimiento siempre está inserto en una trama. Es un nudo de relaciones; aislado, no es nada. Es el resultado de una encrucijada de itinerarios posibles.

La crítica al determinismo nos conduce a pensar la recursividad histórica diferenciando potencialidades abiertas a partir de la infancia y nos libra de prejuicios fatalistas. ¿Como pensar el advenimiento de lo nuevo? No hay por qué optar entre un psiquismo determinado y un psiquismo aleatorio, que es un dilema falso, como los siguientes: orden y desorden, determinismo y azar, sistema y acontecimiento, permanencia y cambio, ser y devenir.

El psicoanálisis combina el determinismo y el azar, la teoría de las máquinas y la teoría de los juegos… si es que podemos reconocerlo.

Casi siempre, el sujeto es, no total sino predominantemente, un sistema abierto en tanto lo autoorganizan los encuentros, vínculos, traumas, realidad, duelos. Da y recibe. Recrea aquello que recibe. Al sistema cerrado lo debemos distinguir del «sujeto encerrado» por teorizaciones “encerrantes” que suponen que no hay novedades, que no hay azar. (Hornstein, 2004).

La teoría de la complejidad es relativamente reciente pero analizar siempre fue complejo: escuchar con atención flotante, representar, fantasear, experimentar afectos, identificarse, recordar, autoanalizarse, contener, señalar, interpretar y construir. Y espero que la teoría de la complejidad, sea para los lectores una herramienta como lo es para mí.

Si en las referencias a la historia pensamos en estados alejados del equilibrio descubrimos que mediante la transformación del azar en organización el psiquismo desarrolla potencialidades. Lo esporádico, lo infrecuente es el equilibrio y la simplicidad. Lo incesante es la turbulencia. Vista así la historia del psiquismo -a la vez destructora y creadora- volvemos a pensar la importancia de la realidad actual.

Mencionaré algunas inquietudes y preocupaciones que se originan en mi quehacer cotidiano aclarando, que no son cuestiones escolásticas, “especulativas”: ¿Cuál es la eficacia y la perdurabilidad del pasado en el presente?. La infancia: ¿destino o potencialidad?, Lo nuevo: ¿ilusión engañosa o neogénesis? El psiquismo: ¿un sistema auto-organizador? ¿El presente determina enteramente el futuro? ¿No somos más que autómatas desprovistos de toda libertad? ¿Hay un azar ontológico o solo un azar por ignorancia? ¿qué es historizar en la práctica psicoanalítica? Inquietudes y preocupaciones para las que hallé algunas respuestas en historiadores y epistemólogos contemporáneos que han logrado traducir inquietudes en problemas, dudas en preguntas.

El psicoanálisis remite a una historia pero no repite una historia

Historizar la repetición es hacer, de la repetición, un recuerdo. Recordar desactualiza el pasado al temporalizarlo. Convertir la historia en pasado permite un futuro que no será pura repetición, sino que aportará la diferencia. La cura analítica tiende a cambiar la relación entre el yo y los retornos de lo reprimido de manera que pierdan sentido las inhibiciones, las defensas, la angustia, los síntomas y los estereotipos caracteriales a los que el analizando se veía obligado a recurrir. El proceso analítico aspira a que el analizando acepte la singularidad de su historia, y de tal manera descubra que sus encuentros actuales están influídos por los privilegios que se conceden a tal o cual rasgo del objeto, a tal o cual referencia identificatoria y a tal o cual forma de compensación narcisista.

El psicoanálisis remite a una historia pero no repite una historia, en tanto a la repetición se le sumen el recuerdo y la reelaboración. Interpretaciones y construcciones le permiten al analizando apropiarse de un fragmento de la historia de su pasado libidinal y reconstruir su sentido con el fin de ponerlo al servicio de su proyecto de vida actual.

La cura psicoanalítica propicia otra relación entre lo consciente y lo inconsciente mediante la reflexividad. La reflexión consiste en romper la clausura en la que estamos cautivos proveniente de nuestra propia historia y de la institución social-histórica. El surgimiento de esa subjetividad reflexiva es el objetivo último del proceso analítico y el momento del adiós del paciente, el análisis suficientemente terminado. La reflexión, al cuestionar la clausura que captura al sujeto, requiere nuevas formas y figuras de lo pensable creadas por la imaginación radical (Castoriadis, 1997).

DIÁLOGOS INTERDISCIPLINARIOS

Cuando dialogamos con otra disciplina debemos dialogar con representantes actualizados. El primer requisito, entonces, es estar al día, en psicoanálisis y en la otra disciplina. Segundo requisito: las preguntas no son de curioso ni de dilettante sino que surgen desde la propia práctica. Sería inconducente estudiar matemática, topología, lingüística sin tener idea para qué se está estudiando (sólo por sumisión a las modas o por imitar a un “maestro”).

En la interdisciplina el tercer requisito es reconocer que las disciplinas no son isomórficas y por lo tanto están prohibidos los isomorfismos (conjunto de relaciones comunes en el seno de  entidades diferentes). Cuando leo textos de física, de historia o de biología busco metáforas para pensar mi campo y no modelos. Le ha hecho mucho daño al psicoanálisis situar la matemática o la lingüística como ciencias piloto y pensarlas como modelos. “Metáfora” se  contrapone a modelo. Las metáforas valen por su poder de evocación y de ilustración. Permiten atravesar clausuras disciplinarias y representar de otra manera los procesos psíquicos. Tienen un uso estratégico: son sólo instrumentos y no argumentos.

Cuarto y último requisito. Que los ruidos sean desorganizantes o complejizantes dependerá del nivel de redundancia. Hay que estar fogueados en una disciplina para que la multidisciplina no genera confusión. Los autores contemporáneos más significativos –Lacan, Piera Aulagnier, Green y otros- incorporan aspectos de otras disciplinas, pero desde una formación psicoanalítica sólida.

Freud hubiera estado atento a las transformaciones de las disciplinas

Un historiador amigo me contaba que sus colegas le decían: “No te juntes con psicoanalistas. Son una mala compañía. Vas a terminar psicoanalista”. Traducido: “Si das un paseo por Parque Chas vas a terminar viviendo en Parque Chas. Mejor no salir nunca del barrio”. Me he enriquecido leyendo textos de historiadores, epistemólogos, físicos, ensayistas diversos. Y no se me ocurrió cambiar de profesión o traicionar sus legalidades teóricas. Y si se me hubiera ocurrido cambiar de profesión, lo habría hecho (Hornstein, 2013).

Freud hubiera estado atento a las transformaciones de las disciplinas. ¿Podemos hacer una lectura crítica de Freud y los posfreudianos diferenciando los conceptos que caducaron de los que tienen vigencia y conforman la historia actual? Retomo entonces la exhortación de Freud.

Lo que me dice sobre los grandes físicos es realmente muy notable. Es aquí donde verdaderamente tiene lugar el colapso de la cosmovisión de nuestros días. Sólo podemos esperar y ver qué ocurre.”

[1] Lo autoerótico conjuga autonomía con dependencia del medio. “Los investigadores intentan concebir la organización viviente en términos de sistemas auto-organizadores (von Foerster, 1967) de auto-poiesis (Maturana, Varela, Autopoietic Systems, 1972) pero a partir de ahí se plantea el problema: ¿qué significa auto? Se llega a la conclusión de que no existe ningún concepto para significar esta propiedad misteriosa que hace que un ser, un sistema, una máquina viviente, extraigan de sí-mismos la fuente de su autonomía muy particular de organización y de comportamiento, al mismo tiempo que son dependientes, para efectuar este trabajo, de alimentos energéticos, organizacionales, informacionales extraídos o recibidos del entorno” (Morin, 1982).