Club de lectura: Manual para soltar. Practicando la Aceptación Radical de la Terapia Dialéctica Conductual
Hoy leí un artículo de The New York Times que aborda el potencial uso de medicamentos como Ozempic, que originalmente fueron diseñados para la diabetes y pérdida de peso, como un tratamiento para el trastorno por atracón.
La premisa central del artículo es que estos fármacos, al reducir el apetito y los pensamientos obsesivos sobre la comida, podrían ofrecer una solución a quienes luchan con los atracones compulsivos. Sin embargo, aunque algunos pacientes han experimentado mejoras, los efectos son mayormente anecdóticos, y los médicos expresan preocupación por los riesgos asociados, como la desnutrición y la posibilidad de intercambiar un trastorno alimentario por otro.
Es interesante cómo el artículo plantea un enfoque biológico para un problema que es complejo y multifacético, con componentes emocionales y psicológicos profundos, como el trauma y la regulación emocional. Aunque los medicamentos parecen ofrecer una «curita», el tratamiento integral del trastorno por atracón debe incluir intervenciones psicoterapéuticas, como la terapia cognitivo-conductual y la terapia dialéctica conductual, para abordar las causas subyacentes que llevan a las personas a recurrir a la comida como una vía de escape.
En resumen, aunque los medicamentos como Ozempic ofrecen esperanza, no deben ser vistos como una solución única. El tratamiento debe ser holístico, considerando tanto los aspectos emocionales como biológicos para lograr una recuperación sostenida y saludable.
Este artículo me recordó a un paciente que no entendía por qué se sentía ansioso todo el tiempo. Al revisar su rutina, me mencionó que consumía entre 2 y 4 latas de bebidas energéticas al día…
El artículo de El País expone de manera clara los preocupantes efectos del consumo excesivo de estas bebidas, especialmente en niños y adolescentes:
La prevalencia global del consumo se estima, según un estudio publicado este año, en torno al 32% en el último mes. Es decir, que un tercio de las personas ha ingerido este tipo de bebidas en los últimos 30 días. Pero a los expertos consultados les preocupan especialmente los jóvenes y los efectos de estos refrescos en un organismo que todavía está madurando. “Es un fenómeno social curioso. Nos debemos de preocupar, pero no ser alarmistas porque no es una sustancia tan dañina. Pero hay subgrupos de población de más riesgo a los que les puede provocar más problemas de salud mental que se pueden prolongar en el tiempo porque ocurrieron cuando esos cerebros estaban madurando”, sintetiza Chema González Echevarri, neurólogo de la Unidad de Trastornos Neurocognitivos del Hospital Joan XXIII de Tarragona. Según la encuesta ESTUDES del Ministerio de Sanidad a estudiantes de 14 a 18 años, en 2023, casi la mitad (el 47,7%) habían tomado bebidas energéticas en los últimos 30 días.
(…)
A los médicos les preocupan especialmente dos ingredientes de las bebidas energéticas: el azúcar y la cafeína (o los otros estimulantes que lleve). Sobre los segundos, González Echevarri, que también es miembro de la Sociedad Española de Neurología, describe el impacto en el cerebro: “Estimulantes como la taurina y la cafeína modulan un neurotransmisor que aumenta la concentración, pero también puede provocar problemas de insomnio o que toleres peor la ansiedad, con todos sus efectos, como taquicardias, temblores e irritabilidad”.
Pero el principal problema es el exceso de azúcar:
Acerca del azúcar, Caínzos sí que es tajante: “Lo que es una preocupación es el consumo frecuente y continuado de estas bebidas por su contenido en azúcar porque puede provocar resistencia a la insulina, obesidad y diabetes”, todos cuadros patológicos que son la puerta de entrada a otras enfermedades cardiovasculares. “El consumo crónico con tales cantidades de azúcar es una preocupación”, sentencia. Las marcas ya han puesto en el mercado también opciones bajas en azúcar.
Hoy me encontré con este artículo acerca de la psilocibina en El País y me ha gustado muchísimo. Es breve, pero muy informativo:
La psilocibina es un compuesto que se encuentra principalmente en algunos hongos, sobre todo los de la familia de las Psilocybe que se conocen como setas mágicas. Cuando se ingiere, se transforma en otra sustancia, la psilocina, que tiene propiedades psicodélicas. Los psicodélicos son compuestos capaces de generar estados alterados de consciencia. Permiten percibir la realidad de forma diferente. En concreto, la psilocibina, o la psilocina, activan los receptores de la serotonina en el cerebro. La serotonina es un neurotransmisor relacionado, principalmente, con el estado de ánimo y las emociones. Esa activación produce efectos en el cerebro.
Los primeros efectos que causa el consumo de psilocibina son los agudos que duran unas seis horas tras ingerirla. Consisten en que la conectividad del cerebro se desorganiza. Las conexiones que tenemos normalmente en el cerebro y que nos hacen percibir la realidad como la percibimos y sentirnos como nos sentimos, cambian y tienden a desorganizarse, de forma que se presentan los síntomas típicos de los alucinógenos en los que se percibe la realidad de forma distinta. Se pueden ver los colores diferentes o se pueden tener alucinaciones visuales, sentir que no se es uno mismo, se distorsionan el concepto del yo y la percepción del tiempo. Y esto se debe en gran medida a esa desorganización de las conexiones del cerebro.
El artículo lo escribió Adriana Fortea y lo puedes leer completo en el diario El Pais.
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