Sobre la posibilidad de perdón en el abuso sexual infantil
Según Stephanie Witt, autora principal del estudio y bióloga molecular del Instituto Central de Salud Mental de Alemania:
Detectamos una tendencia hacia un envejecimiento biológico más fuerte del cerebro en individuos con trastorno por consumo de cocaína en comparación con individuos sin trastorno por consumo de cocaína. Esto podría ser causado por procesos de enfermedades relacionadas con la cocaína en el cerebro, como inflamación o muerte celular.
Dado que la estimación de la edad biológica es un concepto muy reciente en la investigación de la adicción y está influenciado por muchos factores, se requieren más estudios para investigar este fenómeno, con tamaños de muestra más grandes que los posibles aquí.
Gizmodo reporta:
Un nuevo estudio recientemente publicado y liderado por el científico biomédico Diddier Prada, de la Universidad de Columbia en Nueva York, asegura que hay que sumar un nuevo problema a la polución y la contaminación del aire: la pérdida ósea más rápida a causa de la osteoporosis, una afección esquelética crónica que hace que los huesos sean más frágiles y propensos a romperse.
Para llegar a esta conclusión, el equipo recopiló datos sobre un grupo diverso de 9041 mujeres posmenopáusicas durante 6 años. Así, observaron específicamente la densidad mineral ósea: un indicador indirecto de osteoporosis y riesgo de fractura. Luego pasaron a estimar en las direcciones de sus viviendas el óxido nítrico, dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre y partículas PM10 (contaminación de menos de 10 micrómetros, el diámetro de un glóbulo rojo).
¿Qué encontraron? Que a medida que aumentaba la contaminación, la densidad mineral ósea se reducía en todas las áreas de los huesos del cuerpo, incluidos el cuello, la columna vertebral y la cadera. Según Diddier:
Nuestros hallazgos confirman que la mala calidad del aire puede ser un factor de riesgo para la pérdida ósea, independientemente de los factores socioeconómicos o demográficos.
Lee el artículo completo en Gizmodo.
Me gustó mucho este análisis de Karelia Vasquez para El País a cerca de la corrumiación:
Durante la corrumiación, las personas revisitan mil veces lo sucedido, se imaginan nuevos finales, lo que hubieran dicho y hecho de haber sabido lo que saben ahora y cómo un comportamiento diferente podría haber cambiado las cosas. El público del rumiante le dará o le quitará la razón, aportará soluciones, lo que hubieran dicho o hecho ellos, o peor, le recordará cuántas veces le advirtieron de que el asunto X iba a pasar. Para los expertos, el problema de la corrumiación es que, por un lado, es pasiva y, por otro, suele centrarse en pensamientos negativos o en giros hipotéticos de guion que ya no van a suceder. Un exceso de conjugaciones en subjuntivo que paraliza y sume al rumiante en la más absoluta pasividad. “La rumiación muchas veces es una ilusión de control. La fantasía de que hay algo que hubieras podido cambiar o que puedes cambiar ahora. Y lo cierto es que los ‘y si hubiera hecho’ o ‘y si hubiera dicho’ son inútiles. Hay que concentrarse en lo que está pasando aquí y ahora”, dice Michelena, que recuerda que la rumiación suele ser contraria a la acción.
La conclusión común es que las personas corrumian porque hace sentir mejor. El apoyo social que supone que todos, incluso los pseudoconocidos, se alíen con la causa del afectado es importante para la salud física y emocional. Sin embargo, varios estudios, entre ellos este metaanálisis, reconocen que, si bien la rumiación conjunta, repetitiva e improductiva de un problema se asocia con una alta satisfacción hacia los amigos, también tiene “componentes desadaptativos” que se relacionan con niveles moderados de depresión y ansiedad. En este trabajo también se señala que potencia una actitud pasiva.
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