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El diario La Nación tradujo un hermoso artículo de Jane Brody para The New York Times, acerca de la implementación de dos programas de terapia con animales, un tipo de intervención que cada vez toma más auge debido a la rápida conexión que pueden hacer los animales con las personas que pasan por un momento difícil.

El artículo nos presenta a Max, un perro habanero entrenado en la asociación Good Dog Foundation que visita regularmente a los pacientes de hospitales, asilos y escuelas, que le ha cambiado la vida a la gente:

Durante nuestra primera visita a los pacientes en mi hospital local, una mujer que dijo haber tenido un «día espantoso» invitó a Max a subir a su cama, le hizo cariños y, llorando de gusto, me agradeció enormemente el haberlo llevado para alegrarla.

Poco más tarde, en el ala de pediatría, una niña que aún no aprendía a hablar y que estaba hospitalizada por laringitis vio a Max y apareció ante nosotros en el corredor gritando de alegría. Los dos se cayeron de maravilla; incluso parecía que Max estaba sonriendo y ella reía mientras le daba palmaditas en la cabeza al perro.

Los estudios sugieren que la terapia con animales puede reducir los niveles de estrés de los pacientes y aumenta los niveles de endorfinas, las hormonas responsables de disminuir el dolor.

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Otro programa que menciona el artículo es el de «Perros tras las rejas», que consiste en darle la responsabilidad a las personas que están en la cárcel de cuidar a los perros de distintos refugios que no han sido adoptados. Esto les permite a los reclusos de darle una tarea compasiva, darles un sentido de propósito y amor incondicional, dando como resultado se encuentra una disminución de la violencia y depresión reinante de los centros penitenciarios.

Lee el artículo completo en La Nación.