Altruismo

¿Los niños se vuelven más altruistas luego de un desastre o, por el contrario, esto hace que se centren más en la auto-preservación? Este problema dirigió el estudio desarrollado en China por investigadores Canadienses y Estadounidenses. Sus hallazgos mostraron que la respuesta de los niños depende de su edad.

La investigación

El estudio original fue diseñado para seguir las conductas de altruismo entre un grupo de 30 niños de 6 años y 30 niños de nueve años de orígenes empobrecidos en dos escuelas rurales de la provincia Sichuan. Cada estudiante se encontró personalmente con un investigador, quien les ofreció 100 stickers atractivos, de los cuales ellos podían elegir 10 para quedarselos. Luego se le ofrecía la opción de que donaran parte de sus stickers a un compañero anónimo que no había participado en el estudio. Los niños enviaban su donación en un sobre sellado en una casilla de correo mientras los investigadores tenían los ojos vendados para que los niños pensaran que su donación era anónima. Pero mientras desarrollaban esta investigación ocurrió el devastador terremoto de Mianyang que midió 8.0 en la escala de Ritcher y que acabó con la vida de 87.000 personas. Esta catástrofe les dió la oportunidad a los científicos de estudiar las posibles repercusiones del desastre o trauma sobre el altruismo de los niños.

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terremoto chinaImagen: drgeorgepc

Un mes después del desastre, realizaron la misma prueba de compartir con otros 60 niños de la misma edad, de orígenes similares y de las mismas escuelas. Tres años después, otros 60 niños fueron evaluados y se compararon sus elección con los grupos anteriores.

Los hallazgos

Los resultados previos demostraron que los dos grupos de 6 y 9 años donaron cantidades similares de stickers: de uno a dos en promedio. El panorama fue totalmente diferente, pasado un mes del terremoto, cuando el 95% estaba sin hogar, cerca del 2% había perdido un familiar directo y el 8% tenía a un familiar herido, se encontró que los niños más jóvenes donaron en promedio medio sticker (muchos no donaron), mientras que los niños mayores donaron alrededor de 4, casi la mitad de lo que tenían. Sin embargo, tres años después se encontró que ambas cifras habían vuelto a sus niveles iniciales.

Jean Docety, reconocido investigador por sus trabajos sobre la empatía y co-autor de la investigación dijo:[quote_box_center]“Nuestro estudio demuestra que un desastre natural afecta las tendencias pro-sociales de los niños  y [lo hace] diferentemente según su edad. Los más jóvenes tienden a responder más egoístamente y los más grandes tienden a ser más altruistas.”[/quote_box_center]

Docety cree que la empatía es lo que marca la diferencia. “Existen diferencias en el desarrollo de la empatía,” agrega, y los niños más pequeños tal vez no sean capaces de regular sus emociones tan bien como los niños más grandes a causa de que la región prefrontal del cerebro, responsable de tal control es menos madura. Y frente a un estrés extremo, sus capacidades de autorregulación pueden retroceder aún más.

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“Eventos adversos parecen causar que los niños de 6 años regresen a las conductas más egoístas que son típicas de la infancia temprana,” redactaron los autores. Incluso en situaciones con menos consecuencias trágicas, pero que son altamente estresantes como vivir con un divorcio o perderse en un lugar público, pueden provocar que muchos niños recurran a tendencias más inmaduras. Sin embargo, a la edad de nueve años, la mayoría de los niños tiene un cerebro lo suficientemente maduro para no solo reconocer los sentimientos de los otros, sino también para intentar mitigar los malos sentimientos.

¿Qué tan duraderos son los cambios en el altruismo a causa de un desastre?

Para entender que tan duraderos son los cambios en el altruismo causados por la tragedia, los investigadores desarrollaron tres años después del desastre natural, otro experimento en un grupo diferente compuesto por 251 estudiantes. En esta oportunidad, los investigadores presentaron fotografías de algunos daños que había dejado el terremoto o escenas neutrales a 123 niños provenientes del área afectada por el terremoto y 128 que no vivían en áreas afectadas, todos tenían entre 6 y 9 años (las imágenes fueron examinadas por los profesores de los niños y a los niños se les dijo que podían salir en cualquier momento y que tenían la oportunidad de hablar con un psicólogo para asegurarse de no no hubiera efectos negativos por ver las fotos).

Luego, se les presentó la misma evaluación de los stickers. Esta vez, los niños de seis años provenientes de las áreas afectadas y no afectadas no mostraron diferencias al compartir, sin importar si veian las imagenes del desastre o no. Pero los niños de nueve años, sin importar de la región de la que provenian, incrementaron sus conductas altruistas cuando vieron las imágenes del desastre.[quote_box_center]“[El estudio] claramente demuestra que la empatía y el altruismo están naturalmente relacionados, y la conducta prosocial y la preocupación por los otros han evolucionado a partir de nuestra capacidad natural para compartir emociones y el cuidado por los demás”, agregó Docety.[/quote_box_center]

Claramente el dolor puede incrementar la compasión, pero hay casos en los que puede tener el efecto contrario. De hecho, los hallazgos demuestran que si el sufrimiento se produce muy temprano en la vida del niño, cuando el cerebro está muy joven y no está preparado para procesar tal experiencia o si el dolor es muy abrumador, puede provocar que la persona sea menos sensitiva y esté más enfocada en la auto-preservación, como ocurre a menudo en los casos de abuso infantil y negligencia.

[pull_quote_right]“Las experiencias dolorosas pueden incrementar la empatía y cuidado, siempre que se pueda regular la propia emoción”, explicó Docety. [/pull_quote_right]

Docety cree que estos hallazgos sugieren que nuestra estructura social y biológica pueden estar sesgados hacia la cooperación y la empatía hacia los demás y que sin esto no podríamos sobrevivir como especie.

La investigación fue dirigida por Kang Lee de la Universidad de Toronto y fue publicada el 10 de Julio en la revista Psychological Science.

Fuente: Healthland
Imagen: Worldvision

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