Años atrás tomé un taller de análisis contingencial, en él un veterano interconductista, Eugenio Díaz Gonzalez, nos dijo —palabras más, palabras menos — casi como presentación: lo primero que se le tendría que enseñar a un aspirante a psicólogo es enseñarlo a hablar, porque los problemas que tienen que solucionar comienzan en el lenguaje, la gente refiere sus problemas de manera imprecisa y ustedes tienen que hacer la traducción a procesos psicológicos concretos.

A pesar de la presentación nada ortodoxa del taller (o quizá demasiado ortodoxa para un ejercicio de corte conductual donde la crítica siempre está presente), cabe un fallo a favor de la necesidad de claridad conceptual y de constructo como una de las tareas básicas de todo psicólogo dado que nuestra disciplina (soslayando que para algunos no se puede hablar de la psicología como disciplina dada la falta de confluencia que le caracteriza) tiene una larga tradición donde se viene adoptando el llamado “lenguaje natural” para abordar los hechos definidos como psicológicos; ejemplo de esto es el término motivación, el cual no es un tecnicismo sino una palabra del lenguaje común que requiere, en la medida de lo posible, traducirse a un proceso psicológico (extraer el fenómeno conductual) equivalente en funciones con lo que comúnmente se sostiene que es la motivación.

Uso común del término “motivación”

Lo que se sostiene respecto al término lo abordaré utilizando dos situaciones que seguramente todos habrán escuchado alguna vez:

  • Ejemplo 1: Si me acerco a conocer una persona lo haré porque estoy motivado. Si no me acerqué es porque “me hizo falta motivación”.
  • Ejemplo 2: En una situación más delicada, en cuadro depresivo; si no me levanto de la cama es porque no tengo la motivación suficiente.

Partiendo de los ejemplos se pueden extraer cuatro características compartidas:

  1. Es la causa: en ambos ejemplos se da un estatus causal a la motivación.
  2. Es un fenómeno interno: dicha “causa” no refiere a un fenómeno observable sino “algo” que ocurre dentro de mí.
  3. Precede a la acción: ese “algo” ocurre antes de la acción, se cree que antes de que se dé un comportamiento debe haber, al menos, una motivación.
  4. Se relaciona con lo psicológico: este es un punto digno de prestar atención, por ejemplo, cuando la persona se dispone a comer no se suele decir “estuviste motivado a comer”, esto porque las causas son más evidentes y son de orden fisiológico. Pero, como ya advirtió Skinner, cuando las causas de la conducta no son explícitas se suele recurrir a constructos mentalistas (Skinner, 1971).

LO PRIMERO QUE SE LE TENDRÍA QUE ENSEÑAR A UN ASPIRANTE A PSICÓLOGO ES ENSEÑARLO A HABLAR

Cabe aquí hacer una advertencia; no es peligroso que una persona no formada en psicología hable con jerga folclórica — incluso eso hace más eficiente la comunicación entre pares — pero en ciencia el lenguaje no es folclórico sino preciso. El psicólogo no debería dar el mismo trato que la gente común otorga a la motivación dado que, si lo hace, no sólo mostrará carencias teóricas y analíticas, sino que estará desarmado ante uno de los fenómenos que tendrá que enfrentar a diario de manera casi independiente a su área profesional; la motivación (atención a su uso como sustantivo) está presente en la práctica del psicólogo como imperativo, en el área educativa tienes que motivar a los estudiantes, en organizacional tienes que motivar a los empleados, en clínica tienes que motivar al usuario, cliente o paciente.

Definiendo la motivación

Tradicionalmente a la motivación se le ha dado un trato de causa teleológica de la conducta y, con ello, de lo psicológico cuando en realidad se trata de una inferencia que se hace de un proceso conductual; tomando este punto de partida también se adhiere la psicología cognitiva y las tradiciones biologicistas teniendo a la motivación como una inferencia y dando relevancia a ésta como factor explicativo de la conducta (Palmero, Carpi, Guerrero y Gómez, 2008). Siguiendo bajo la línea de la psicología ambientalista, presento un esquema que será útil para el análisis.

Fuente: Psicología del Aprendizaje (Ardila, 2007, p 82)

 

El concepto de motivación se entiende como una variable intermediaria, como lo son el concepto de aprendizaje o el concepto de inteligencia. Esos conceptos hipotéticos existen en todas las ciencias, no únicamente en la psicología. No observamos nunca la motivación, sino observamos el comportamiento [definido por consenso como] motivado y de ahí inferimos la existencia de la motivación. (Ardila, 2007, p. 81).

Ahora bien, si la motivación es una variable intermediaria ¿cómo se puede inferir? Uno de los métodos es la curva de aprendizaje, dicho de manera simple: si la tarea A se hace de manera más rápida que B (también se puede utilizar una métrica no de rapidez sino de precisión) se dice que el sujeto estuvo más motivado para A que para B. Incluso esta es la lógica que se usa también a nivel del lenguaje común; sin embargo, para el especialista en psicología aquí comienza el problema porque él deberá responder la pregunta ¿por qué la ejecución en la tarea A fue más rápida que en la tarea B?, cuando sea capaz de responder satisfactoriamente (de manera objetiva) a ese por qué habrá identificado la(s) variable(s) que le permitirá manipular esa conducta en el sujeto observado. Justo así trabaja un psicólogo científico, el esquema general es: observa un fenómeno de manera objetiva, identifica las variables psicológicas presentes, establece las relaciones funcionales entre variables y las manipula para modificar el comportamiento.

Ahora bien, desde el análisis experimental de la conducta más que hablarse de la motivación como cosa (sustantivo) se habla de condiciones motivadoras siendo éstas un factor que se manipula por medio de la privación (Ardila, 2007, p. 81-105; Skinner, 1971, p. 150), no sin tomar en cuenta que el concepto se encuentra sumamente desprestigiado y su uso suele evitarse al estar envuelto en la ambigüedad y, también, porque se sabe que el aprendizaje no es función directa del grado de privación (Reynolds, 1973, p. 178-183); por ejemplo, si se tiene a dos sujetos bajo las mismas condiciones de privación y a uno se le somete a un programa de reforzamiento IV y a otro a un RF, el primero mostrará una curva de aprendizaje más pronunciada y su conducta será más resistente durante la extinción. Por ello la motivación viene a ser un aspecto del que algunos suelen prescindir.

Identificar el potencial explicativo y práctico del conductismo cuando éste es llevado a la aplicación trae bondades, incluso ahí (en la aplicación concreta) es el sitio donde se ponen a prueba las teorías. Veamos cómo se adapta este constructo (condiciones motivadoras) a una aplicación específica.

La economía de fichas como sistema motivacional

La economía de fichas (token economy) fue puesta marcha en un principio en estudios realizados por A. Staats, fundador del conductismo social (Staats, 1979), pero adquirió popularidad en la aplicación que un par de analistas de conducta hicieron en un pabellón de un hospital psiquiátrico estadounidense en la década de los sesentas (Ayllon y Azrin, 1974).

Se trata de una tecnología conductual que parte del principio del refuerzo y refiere a una forma de administrar contingencias de manera sistemática, de ahí que se le conozca como un arreglo de un ambiente donde se controlan las condiciones motivadoras (Sistema Motivacional). En la economía de fichas se utilizan reforzadores simbólicos (token) que posteriormente son intercambiados por cosas relevantes para el paciente (se utiliza la palabra paciente como sinónimo de cliente o usuario), esas cosas pueden ser de naturaleza variada (periodos de tiempo libre, platillos que sean del agrado del usuario, tipos específicos de contacto social, visitas al cine).

El psicólogo no debería dar el mismo trato que la gente común otorga a la motivación dado que, si lo hace, mostrará carencias teóricas y analíticas

La regla general es que el paciente autoadministre sus reforzadores (de ahí el termino economy) haciendo uso de los parámetros del sistema motivacional, las fichas pueden ser acumulativas y se intercambian por un “premio” (reforzador) cuando el paciente lo solicite, cada “premio” requiere un número específico de fichas, los reforzadores mayores requieren más fichas que los reforzadores menores.

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La economía de fichas es una técnica de corte ambientalista que trabaja con las condiciones motivadoras, condiciones que se establecen a manera de sistema y donde no se arguyen causas internas sino, en dado caso, la conducta dirigida a logros específicos, el goce de tiempo libre, un tipo de comida, un tipo específico de contacto social. Teniendo con esto que la motivación es un concepto hipotético que en último caso se relaciona con el refuerzo.

Ante esto se puede concluir que la economía de fichas no trabaja con la motivación como si ésta fuera una cosa específica, y tampoco se define las condiciones motivadoras como algo independiente de las condiciones ambientales. Como ya se dijo, la motivación es una inferencia de un proceso conductual (Ardila, 2007, p. 81), una variable intermediaria entre la privación y el refuerzo, entendiendo de manera llana la privación como la carencia de algo que es requerido por el sujeto (Skinner, 1971, p. 150).

Regresando a los ejemplos

Una vez hecho el esfuerzo por quitar los velos que rodean a la motivación, faltaría expresar cuál sería el análisis de un conductista típico en los dos ejemplos dados al principio de este ensayo.

  • Ejemplo 1: Si me acerco a conocer una persona lo haré porque estoy motivado.

En realidad no lo haré por motivación, sino por la experiencia previa en situaciones semejantes; esto es: si en el pasado tuve éxito (fui reforzado) en los acercamientos, es más probable que repita dicha conducta. En cambio, si fui castigado seguramente evitaré el contacto.

Un aspecto complementario, si cuando tuve éxito en los acercamientos previos usaba cierto tipo de loción y vestuario, es muy probable que eso (la loción y el vestuario) forme parte de la morfología de la cadena de respuesta.

  • Ejemplo 2: Si no me levanto de la cama es porque no tengo la motivación suficiente.

Este ejemplo es muy representativo dado que casi todos estarán de acuerdo que en la depresión hay conducta encubierta (léase si se quiere, cogniciones). Sin embargo, lo que se sabe es que si no me levanto de la cama en una circunstancia depresiva es porque no hay los reforzamientos necesarios para hacerlo.

A la vez que en la depresión el propio sujeto reduce sus fuentes de reforzamiento al reducir su contacto con el medio ambiente; por ejemplo, no salir de casa, tener poca actividad física, no tener trato con personas, pasar muchas horas durmiendo, entre otros comportamientos típicos en la depresión.

No hace falta recurrir a causas internas para abordar la motivación, las causas internas casi siempre lo que generan es imprimir ambigüedad a lo psicológico

El rubro de la falta de motivación en estados de depresión es típicamente abordado desde la Activación Conductual no como un fenómeno intrínseco  que emerge desde dentro del individuo, sino como un fenómeno propio de sus formas de comportamiento y las consecuencias que de él desembocan (Kanter, Busch, Rusch, 2011).

Conclusiones

No hace falta recurrir a causas internas para abordar la motivación, las causas internas casi siempre lo que generan es imprimir ambigüedad a lo psicológico, presentar de forma compleja un proceso psicológico que podría explicarse e intervenirse de manera más sencilla y con resultados óptimos.

En la ciencia psicológica estudiar la motivación como fenómeno estático, como si fuera una cosa que se puede aislar de todo un proceso — y no como un fenómeno dinámico que es justo lo que hace el conductismo — sería tanto como si el físico estudiara la velocidad de manera independiente al movimiento de los objetos. Sería absurdo.

Ahora bien, no se puede pasar por alto que existe un área de investigación conocida como psicología motivacional y se ubica en la psicología científica, además, cuenta con larga data. Pero la constante de sus estudios es la dificultad para lograr acuerdos en la forma que definirán la motivación, recurriendo a la manifestación a nivel conductual del fenómeno (Palmero, Carpi, Guerrero y Gómez, 2008).

Por último, respecto a la literatura de motivación personal y la psicología positiva, que en términos laxos es pseudociencia dañina, no hay mucho por decir; entre los psicólogos serios hay acuerdo en ubicar ambas como literatura fraudulenta y productos milagro del merchanting (Pérez-Álvarez, 2012).

Ese tipo de libros se presentan como si fueran manuales y se imbuye al lector en correlaciones falsas, sistemas motivacionales idílicos y se aboga por los aspectos introspectivos (internos) haciendo creer que la motivación es algo que se encuentra en el pensamiento y emerge gracias a la reflexión. Incluso en ese tipo de literatura la conducta del sujeto no es relevante dado que lo importante se encuentra en lo que el sujeto piense, es decir, se aboga por dejar de tener contacto con la realidad.

La literatura de motivación personal y psicología positiva sirven para generar fantasías de naturaleza lingüística (todos pensamos utilizando un lenguaje, casi siempre pensamos en nuestra lengua natal). Históricamente la introspección, conócete a ti mismo conociendo tu interior, ha servido para alejar al sujeto de lo real, lo material, lo concreto.

Imagen: Unsplash

Referencias

Ardila, R. (2007). Psicología del aprendizaje. México: Siglo XXI.

Ayllon, T. y Azrin, N. (1974). Economía de fichas. Un sistema motivacional para la terapia y la rehabilitación. México: Trillas.

Kanter, J., Busch, A. y Rusch, L. (2011). Activación conductual. Refuerzos positivos ante la depresión. España: Alianza Editorial.

Palmero, F., Carpi, A., Guerrero, C. y Gómez, C. (2008). Perspectiva histórica de la psicología de la motivación. Avances en Psicología Latinoamericana, 26, 145-170.

Pérez-Álvarez, M. (2012). Psicología positiva: magia simpática. Papeles del Psicólogo, 33, 183-201.

Reynolds, G. S. (1973). Compendio de condicionamiento operante. México: Ciencia de la Conducta.

Skinner, B. F. (1971). Ciencia y conducta humana (2ed). Barcelona: Fontanella.

Staats, A. (1979). Conductismo social. México: Manual Moderno.

1 Comentario

  1. Excelente artículo, es necesario que se aborden estos constructos teóricos sin recurrir a los modelos mentalistas que sólo confunden al psicólogo recien egresado y contribuyen a estancar la respuesta social hacia la misma ciencia.

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