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Sergio Parra reporta la tendencia cada vez más creciente de la censura de las investigaciones genéticas porque los resultados no son acordes con las ideologías imperantes.
Lo que no deberíamos exigir es el despedido de un profesor por sus ideas o planteamientos, como le sucedió a Edward O. Wilson. Tampoco deberíamos dar carta de naturaleza al acoso que también sufrieron en 2017 Sergei Tabachnikov y Theodore Hill tras publicar un estudio en Mathematical Intelligencer donde se proponía un modelo matemático para explicar que hubiera más variabilidad de inteligencia entre los hombres y las mujeres (es decir, que hay más genios entre el género masculino, pero también más idiotas).
El estudio fue aceptado tras una revisión por pares, pero finalmente se retiró su publicación por la presión de la asociación Women in Mathematics de la Universidad Estatal de Pensilvania, entre otros. Un artículo científico solo se retira si se demuestra que hay fraude académico, no porque las ideas que desliza no encajan con nuestra ideología.
El artículo de Parra se enfoca en los estudios genéticos, pero la tendencia cada vez es más amplia. Pablo Malo, en su libro Los peligros de la moralidad, también aborda con más detenimiento esta preocupante tendencia. Si te interesa este tema, te recomiendo mucho su lectura.
Tom McKay explica en Gizmodo la decisión de Youtube de prohibir cualquier tipo de video que mientan sobre los peligros de las vacunas:
Buenas noticias: YouTube dice que finalmente prohibirá los videos que mienten sobre la efectividad o los peligros inexistentes de cualquier vacuna, no solo los videos centrados en las vacunas de covid-19, y ha cancelado las cuentas de destacados antivacunas como el Dr. Joseph Mercola, un investigador que perdió su reputación, o Robert F. Kennedy Jr. en Estados Unidos.
En octubre de 2020, YouTube anunció la prohibición de los videos que difunden afirmaciones sin bases o pruebas de que las vacunas contra el coronavirus no funcionaron o eran peligrosas, por ejemplo, supuestamente causando autismo o hinchando los testículos de algunos desafortunados hasta el punto que sus prometidas los dejaron (sí, has leído bien). Es posible que estés pensando que ha pasado mucho tiempo desde octubre de 2020, y las teorías de conspiración antivacunas y la desinformación se ha convertido en un problema real en la plataforma. YouTube no prohibió este tipo de contenido engañoso sobre otras vacunas en ese momento, y continúa plagado de videos antivacunas (aunque algunos de los conspiranoicos más conocidos huyeron a otros sitios como la plataforma Rumble, y en general YouTube ha logrado avances significativos en no recomendar activamente contenido antivacunas a los usuarios).
Youtube es una empresa privada y puede decidir qué tipo de contenido quiere o no en su plataforma. Y el movimiento antivacunas ha hecho mucho daño durante la pandemia. Era una decisión que tenían que haber tomado hace mucho tiempo. Pero como dice el dicho: mejor tarde que nunca…
Lee el artículo completo en Gizmodo.
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